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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 10 de octubre de 2010

El falsario taurinismo de los socialistas / Por José Antonio del Moral

¡Estos son.......!


El falsario taurinismo de los socialistas

Por José Antonio del Moral

Si los muchos cientos de profesionales junto a los relacionados de un modo u otro con el mundo del toro, mas los millones de aficionados españoles no votaran a los socialistas en ninguna de las próximas elecciones, no volverían a ocupar el poder en el Gobierno de la Nación ni en los de la mayoría de las Autonomías y Ayuntamientos.

Madrid, 10 de Octubre de 2010
Aunque conozco a no pocos aficionados de hueso colorado y a muchos más simplemente entusiastas entre los socialistas que integran y, por el momento, obedecen a sus correligionarios actualmente en el poder, la conclusión a que hemos llegado tras la reunión de algunas figuras del toreo con la Ministra de Cultura y días después en el Congreso con dos destacados parlamentarios del PSOE, es que en lo concerniente a toros vienen actuando cínicamente desde que ganaron las dos últimas elecciones generales. O dan amables largas o se oponen tajantemente cuando quien manda se lo ordena, según convenga.

No pusieron impedimento alguno a seguir explotando las plazas de toros de propiedad pública de las que, como los de otros partidos con el Popular a la cabeza, sacaron tajadas que apenas suponen nada en los presupuestos millonarios de comunidades y ayuntamientos, mientras resultan ruinosas para la mayoría de las empresas que las gestionan mediante concursos previos, en su mayoría apañados, por lo que los “agraciados” corren como posesos tras sus arrendadores de la política y ponen a su entera disposición incontables y, por cierto, innecesarios burladeros para que puedan presumir en las corridas más atractivas de las ferias más importantes, restando sitio a los profesionales del toreo y de la prensa que, salvo excepciones, tienen que ver las corridas desde asientos altísimos. Basta echar un vistazo a los callejones para comprobarlo. Y eso por no hablar de los centenares de localidades de tendidos y palcos de sombra de cada plaza que los políticos distribuyen entre sus varias amistades y compromisos que, naturalmente, corren a cargo de los empresarios. Alguna inconfesable prebenda también habrá bajo cuerda, pero de esto no hay pruebas.

Mientras las temporadas venían sucediéndose sin intromisiones políticas bajo una ley de cobertura nacional promulgada en 1991 y, más tarde, bajo los distintos reglamentos ya en vigor, aunque con no pocos conflictos derivados de las muchas veces arbitrarias ordenes o imposiciones más o menos caprichosas de las autoridades o presidencias civiles dependientes de las consejerías de interior en cada caso, los festejos taurinos se celebraron sin más contratiempos que el resultado exitoso o no de los espectáculos, tanto por lo que se refiere a los aspectos artísticos como a los económicos.

Pero desde el mismo momento en que el señor Zapatero llegó a la Presidencia del Gobierno y ordenó para empezar que en los medios de difusión nacionales se dejara de prestar la atención que siempre dedicaron a la Fiesta – nunca desde entonces TVE ha retransmitido una sola corrida de toros -y acto seguido permitió que los nacionalistas que le sostenían y todavía le sostienen hicieran y deshicieran a su antojo cuanto les viniera en gana, las relaciones entre el mundo taurino y los gobiernos socialistas han venido deteriorándose pese a las infinitas declaraciones de los que, bien por su propia cuenta o desde sus poltronas autonómicas o municipales, no han cesado de afirmar con no poco cinismo su amor por el toreo.

Amor falso de toda falsedad porque, a la hora de la verdad, siempre que se han presentado ocasiones para demostrarlo efectivamente cuando en los parlamentos nacionales y en los regionales donde son mayoría o la tienen con ayuda de partidos nacionalistas, han votado en contra de la defensa de la Fiesta y últimamente de declararla Bien de Interés Cultural. En bloque cuando el Partido Popular andaba cerca de ser mayoritario o dejando libertad de voto cuando los populares estaban en franca minoría, tal y como sucedió en el Parlamento Catalán cuando se prohibieron los festejos taurinos en aquella región.

Solamente nos queda la próxima temporada que, además, será un año electoral. Si todos los profesionales del toreo, mas cuantos de una manera u otra se ganan el sustento gracias a la Fiesta, y los millones de aficionados que hay en España tomáramos efectivas cartas en el asunto y no metiéramos en las urnas ni un solo voto para los traidores socialistas actualmente en el poder, como tampoco para los partidos nacionalistas que están en contra de la Fiesta, no volverían a ejercer el poder en tanto no rectificaran.

Todo lo demás que se haga desde las muchas – demasiadas - entidades profesionales, increíblemente incapaces de actuar unidas, o desde las que pretenden representar a la afición, son ineficaces monsergas que no van más allá de continuar mareando la perdiz y de aguantar continuas tomaduras de pelo. La cuestión ha llegado a un punto tan urgentemente grave, que no habrá mejor remedio que expulsarles de cuantos poderes mantienen. Deben tener muy claro que si los afectos al toreo no les hubieran votado nunca, jamás habrían ostentado ningún poder. Y aunque los demás tremendos y hasta terribles asuntos de todas clases que el seudo democrático y mentiroso socialismo está imponiendo dictatorialmente a los españoles son muchísimo más importantes y trascendentales que el devenir de la Fiesta, los taurinos y los aficionados deberíamos concienciarnos y actuar en consecuencia con lo nuestro.

Adenda/ La Ley 10/1991, sobre potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos, impulsada por el Partido Socialista, recoge en su artículo 4.1. (Medidas de Fomento) que 'la Administración del Estado podrá adoptar medidas destinadas a fomentar y proteger las actividades a las que se refiere la presente Ley, en atención a la tradición y vigencia cultural de la fiesta de los toros'. Por lo tanto, es una Ley nacional que insta a la administración del Estado a proteger las actividades, y una Comunidad Autónoma sólo tiene competencias para hacerlo en ámbito regional.