la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 10 de octubre de 2010

Esplá, blá, blá, blá, y Alquerías del Niño Perdido / Por J. R. Márquez

Todas han de ser amigas, todas se han de amar,
todas se han de querer, todas se han de ayudar
Carmelitas Descalzas
Monasterio del Sagrado Corazón
Alquerías del Niño Perdido

José Ramón Márquez

I

Podemos opinar esto o aquello sobre Esplá como torero, sobre todo sobre ese desdoblamiento de su personalidad que le hacía ser uno en Madrid y otro distinto en el resto de los sitios, pero sobre lo que no creo que nadie tenga duda es sobre que Luis Francisco Esplá es una persona inteligente

Siempre me gusta recordar que este hombre fue capaz de mantenerse en los carteles de Madrid, sin una sola opinión en contra, tras diez años sin conseguir dar ni una sola vuelta al ruedo. Esplá tenía en Madrid otras virtudes, supo componer un personaje irrepetible y a fe que hemos disfrutado muchísimo con sus cosas. Ahora tercia en la polémica de la Cultura -¿Cultura?- para echar un capote a la Ministra, cosa caballerosa que le honra, y para comparar el toreo con un tullido al que se quisiera llevar a un hospital a agonizar, dado que el toreo -según él- está en un estado catastrófico.

Yo creo que de sus declaraciones sale cierto escoramiento hacia lo de la cultura, que me parece que por unos u otros caminos todos quieren eso, y eso es lo único que no comparto de sus declaraciones a Mundotoro. Más bien me quedo con el diagnóstico de Antonio Burgos sobre la cuestión, publicado en ABC y reproducido aquí, que apunta a que si los taurinos hacen tantísimos desmanes teniendo encima a la Policía y a la Guardia Civil, ¿qué no harían con los comisarios políticos cuya única experiencia de la vida es el reparto de subvenciones? Y es que, la verdad, no me imagino al Potra entrando en la Casa de las Siete Chimeneas. Y luego, lo de las competencias, que si está todo transferido, ¿qué más da Cultura que Vivienda o Igualdad?

II

También se manifiesta Simón Casas y la emplea contra Joaquín Vidal, pobre hombre que en Gloria esté. Resulta que, a los ocho años de su muerte, el empresario francés le acusa al periodista de que dedicó toda su vida a decir mentiras para destruir la fiesta de los toros. Yo nunca he sido un gran vidalista, aunque reconozco que tuvo hallazgos geniales como lo de ‘la acorazada de picar’ o lo de ‘el toro bien, gracias’, pero creo que el bueno de Don Joaquín se escandalizaría de esa acusación que le pone al mismo nivel de maldad que el Doctor Fu-Manchú, sobre todo porque Vidal, con mayor o menor acierto, ofreció siempre su propia visión de aficionado y fue capaz a lo largo de su trayectoria de mantenerse a prudente distancia de todo el mundillo del taurineo, cosa que honra su biografía de hombre independiente a quien vemos, por seguir el símil, más cerca de Sir Nayland Smith que de su sempiterno enemigo, el cinco veces doctor.

III

Y la verdad, como siempre, se encuentra más en las pequeñas cosas que en las grandes declaraciones. Por ejemplo, como ilustración del estado de la cuestión, se ha pasado un poco por alto el Festival que se celebró el pasado miércoles día 6 en las Alquerías del Niño Perdido. Si decimos que allí actuaron Leonardo Hernández, Enrique Ponce, July, Fandi y Talavante, que el ganado era de Santiago Domecq, Victoriano del Río, Daniel Ruiz, Mari Camacho y Garcigrande, que se cortaron en total diez orejas y tres rabos y que el hijo de Domingo Hernández pudo al fin ver cumplido su sueño de ver indultado uno de sus toros, para que se le pasase el berrinche del otro día, pues no pasa nada. Pero sabiendo que las Alquerías del Niño Perdido, población en 2008 de 4.142 habitantes, es la patria chica del temido Dr. Zaius, el gran muñidor del toreo contemporáneo, el que hace y deshace carteles y ferias, el que corta el bacalao taurino en España, entonces se explica la calidad de los intervinientes y la generosidad de los ganaderos. 
 
En Taurología (click) reproducen aquel famoso papel que hicieron algunos revistosos, encabezados por Zaius, con el título de ‘Modelo y estructura de la fiesta’, cuya relectura nos trae a la cabeza algo sobre las buenas intenciones y el empedrado y sobre predicar y dar trigo.