la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 29 de octubre de 2010

Napoleón en el Wellington



28/10/2010 (13:52) Confidencial
mundotoro
En el  Hotel Wellington se habló de todo. Menos de Napoleón y de Waterloo. A los toreros, a los que tanto se ha criticado, hay que reconocerles su voluntad. Que no es poco. Plantear temas cruciales para el sector taurino que el propio sector taurino jamás ha planteado. En esa reunión sin luz ni taquígrafos, innecesarios pues a las pocas horas se sabe qué se dijo, quién lo dijo y qué no se dijo, los toreros plantearon algo crucial, un asunto que tiene al sector sumido en una ruina económica sin precedentes: los pliegos de condiciones. Asunto zanjado por algunos de los empresarios fuertes con un argumento angelical: poner máximos o mínimos a los cánones de arrendamiento de las plazas, va contra la libre competencia.


Esta argumentación pueril,  nacida en la defensa de la ortodoxia liberal que este medio comparte, sería adecuada y a modo dentro de un sistema y modelo de gestión de no ingerencia. En un modelo de libre mercado, en un modelo no regulado. Parece mentira que el sector de los empresarios se coloque al lado de los argumentos de las administraciones con la que está cayendo. Y la que está cayendo es que el otoño y el invierno están plagados de pagarés. La que cae es que Alicante, Granada, Algeciras, Córdoba, han caído dejando su estela, en algunos casos, de deudas. La que cae es que los paracaidistas como Caldas huyen de la quema, pero este modelo administrativo, estos pliegos de condiciones usureros y especuladores, les permitieron acceder el toreo para dejarlo como un solar.

La que cae es que no hay dinero. Que los toros se pagan poco y mal y que la mayoría de los toreros son funcionarios de este modelo de gestión administrativo por un puñado de mínimos. La que cae es que la seguridad social de una novillada es de 4000 euros, que no se ingresa en la taquilla, la que cae es que, con las subastas de los últimos diez o quince años, el toreo es mera especulación en donde se generará paupérrimos beneficios con la reducción de costes. ¿Esta es la Fiesta de calidad que se pregona, a la que tiene derecho el aficionado y el público? Si la cosa sigue así, si se deja que las administraciones usen, abusen y dispongan de unas subastas de locos que ha llevado el toreo a la ruina, los culpables ya tienen nombres y apellidos.

El sector ha visto el regreso de los hombres de paja que han vuelto a inundar el mercado de deudas y pagarés. Las liquidaciones de algunos toreros son de Cáritas Parroquiales, el balance de cuentas de las ganaderías que las cuenten los ganaderos, los ingresos de las administraciones por las subastas e impuestos, que se digan en voz alta. Y que se diga en voz alta todas y cada una de las plazas de ruina económica, incluso después de reducir costes. Y los costes se reducen con el toro y con el torero. Pero, en el Wellington, a algunos empresarios fuertes este Waterloo le debe de parecer una magnífica postal. Enhorabuena. Que vuelva Napoleón.