la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 19 de octubre de 2014

Dedicado a Andrew Moore: Pansequito "Mis bodas de oro en el cante".


José Cortés Jiménez “Pansequito” y su mujer Aurora Vargas


Joaquín Albaicín

"...Pansequito, fiel exponente y ejemplo en carne viva de lo poquísimo que merece la pena esa aceptación pasiva de la disolución de los propios perfiles. 
Pansequito es gitano, piensa gitano, siente gitano y vive gitano, sin zarandajas y sin buscar explicaciones políticamente correctas o de corte psicológico a tan sencillo hecho. Por eso, sin necesidad de celebrar el Día del Gitano, ni el Día de la Mujer Gitana ni el Día de la Mascarilla Para el Pelo Gitana, canta gitano. Canta, pues, natural… Y con la virtud de haber sido siempre el mismo artista. 
El Pansequito que, en la niñez, correteaba con Camarón y Rancapino entre las casetas de la Feria de Sevilla o en la adolescencia hacía con ellos de gancho para el bingo que tenía Curro Romero era el mismo que cantaba en la compañía de Gades, rompía todas las expectativas comerciales encaramándose a las listas de éxitos con un disco flamenco o al reclamo de cuyo nombre se abarrotaban en los 80 y 90 los festivales de Andalucía.

La gran virtud de Pansequito es su sello, su condición de cantaor de acentos bien fraguados. Y su don para la sorpresa: te remata el cante donde menos lo esperas. Así lo hizo en su reciente recital en la Sala García Lorca de Casa Patas, en cuyo escenario le precedió la noche anterior la mujer con quien desde hace tantos años forma pareja sentimental y artística: Aurora Vargas. De hecho, bastantes de los presentes en su velada habían asistido horas antes al triunfo de una Aurora que, si en sus comienzos logró nombradía por el colorido que imprimía a los cantes festeros, hace tiempo que se ha convertido, además, en una cantaora larga y conocedora y de peso en estilos como la siguiriya o los tientos.

Panseco, quien brilló por su proverbial sabor en el decir por soleá y en sus retos por siguiriyas, terminando de encender a los aficionados -que sembraron de olés toda su intensa y redondísima actuación- con esas bulerías suyas arenosas, ocres, pringadas en sal y navegantes sobre su personalísimo sentido del compás..."