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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 16 de octubre de 2014

Madrid: Productos ibéricos, último grito en decoración.... en "Don Eusebio"




El ingenio de Don Eusebio realza con la decoración "ibérica" el más suntuoso y genuino rincón de la salmantina e histórica ciudad de La Alberca en Madrid. Techos, paredes, y rincones por doquier se hayan artísticamente cubiertos por estilizadas piezas de Don Marrano, símbolo e la cabaña porcina ibérica que se enseñorea bajo las encinas del campo charro, causando la admiración a la vista y excitación de los sentidos. Armoniosas "estalactitas" de buenas hechuras jamoneras cuelgan entre contrastes de luz que se desliza sobre el grasiento brillo que anuncia la exclusiva alimentación de bellota por el cochino de La Alberca.

Hermosos chorizos, salchichones y lomos cubren paredes junto a los generosos vinos cuya degustación harán las delicias de los más exigentes paladares, mezclado con el mágico aroma del corte destellante del jamón, casi lujurioso, rosáceo y veteado, expuesto a la tentación del cualquier mortal.

Entre vistazo y vistazo, estupefacto el gesto e inundada la boca cual manantial salival, va saliendo las fumarolas de los pucheros las viandas de la tierra; que si chuletón de morucha, que si parrillada de carnes ibéricas , o pajaritos de la huerta entre suculentos platos con salteados animalitos de Cousteau, y productos de la huerta para aligerar la conciencia.

En fin, qué delicia......el estilo de La Alberca en Madrid


















Por el callejón de la Iglesia de la Asunción
Las nobles piedras, el totem del cochino ibérico, y la tradición en Eusebio y sus embutidos, historia permanente de La Alberca

Casa Eusebio
C\ Tablao, 36

Embutidos Eusebio
C\ La iglesia, 37


Los primeros vestigios de la historia de La Alberca hay que buscarlos en la prehistoria, cuya huella permanece en las pinturas rupestres de la época del neolítico en numerosos canchales y riscos de los valles que rodean a La Alberca: Lera y Las Batuecas.

En la Edad Media, entre los siglos XII y XIII se produjo la repoblación por decisión del rey Alfonso IX. Del flujo de gente que llegó a esta tierra, parte destacada fue la de origen francés a través de D. Raimundo de Borgoña, noble francés casado con doña Urraca, una de las hijas de Alfonso VI. Este origen justificaría la numerosa presencia de topónimos franceses en la Sierra de Francia.

Al final de la Edad Media destaca un hecho de importancia capital para la zona: el hallazgo de la imagen de la Virgen de la Peña de Francia (1434), que convirtió el santuario construido posteriormente en un lugar de peregrinación, al que se unieron los peregrinos del Camino de Santiago que seguían el llamado Camino del Sur por la Calzada de la Plata.

En el siglo XVII la Peña de Francia, con su Virgen Negra, es ya citada por Cervantes en El Quijote; el valle de Las Batuecas es para Lope de Vega el escenario en el que se refugian dos enamorados que huyen de la Corte. Desde entonces La Alberca, con la Peña de Francia y Las Batuecas, han sido un escenario convertido en mito, en leyenda.

Esencia mítica que se mantiene en la actualidad en su arquitectura y su paisaje, en sus gentes y costumbres.



El día 13 de Junio, festividad de San Antonio de Padua, se celebra en La Alberca un acontecimiento especial; un cerdo, también conocido como garrapato o marrano, se suelta por las calles después de haber sido bendecido, y de que se le coloque una campana en el cuello; es el Marrano de San Antón, que permanecerá suelto por el pueblo hasta el día 17 de enero, San Antón, día en el que será sorteado. Este cerdo vaga libremente por el pueblo, y los encargados de alimentarlo son los propios vecinos, que en muchas ocasiones también lo cobijan en alguna cuadra por la noche. Antiguamente este cerdo era cebado por los vecinos, y después se entregaba a la familia más desfavorecida o pobre; en la actualidad el cerdo es subastado, previa compra de unas papeletas. La recaudación de estas se destina a obras sociales o a una ONG.