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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 29 de octubre de 2014

Córdoba: En la muerte de " El Hencho" / por José María Portillo Fabra



"El Hencho" fue siempre torero. Torero de arte fatalista, de luces y sombras, de serie negra si se quiere, pero torero de las zapatillas a la montera.

EL HENCHO, TORERO DE PUERTA GRANDE Y DE PUERTA DEL PRINCIPE


José María Portillo Fabra
Presidente de la Tertulia Taurina "El Castoreño"
Córdoba, 29/10/2014.-
A la noticia de la muerte de José María Manzanares se suma en la misma fecha la de Florencio Casado "El Hencho", matador de toros cordobés a quien conocí en la época en que él cumplía el servicio militar en la cafetería del Gobierno, que no era mal destino.

"El Hencho" fue un gran torero de los años 60. Los galardones avalan el título que le atribuimos: dos veces por la Puerta Grande de Las Ventas y una vez por la Puerta del Príncipe, en una corrida de Miura, con Limeño, Palomo Linares y el mayoral del hierro de Zahariche como acompañantes en la salida a hombros. Un doble sueño que muchas grandes figuras del toreo nunca lograron cumplir.

Pero los sueños de Florencio duraban poco. No consiguió romper esa zona media que existía entonces en el toreo compuesta por muy buenos toreros que, sin embargo, no alcanzaban la primera línea. El toreo ha sido siempre un mundo difícil, en el que hay que saber resolver las cosas tanto en el ruedo como en la calle. "El Hencho" las resolvía mejor en la arena.

El toreo de "El Hencho" era muy cordobés, serio y sobrio, de mucha quietud y poco repertorio, como siguiendo la estela de "Manolete". Le vi torear muchas tardes, siempre valiente - aquellos estatuarios en los medios - y triunfador; pero de todas esas tardes destaca la de su alternativa, que recibió de Gabriel de la Haba "Zurito" con Fernando Tortosa como testigo, en la feria de septiembre de Córdoba, triunfando los tres espadas; pero Florencio ése día rompió moldes, saliendo a hombros por la Puerta de Los Califas con tres orejas y un rabo en el esportón. Ese día bordó el toreo por trincherazos, redondos y naturales, hondo, puro, la suerte cargada pierna adelante, la espada certera. La corrida de toros de Gerardo Ortega, por seria y bravísima, no fue fácil. Toros de tres varas arrancándose de largo. Pero "El Hencho", inspirado, podía con todo.

La última vez que vi a Florencio fue con motivo del homenaje que la Tertulia "El Castoreño", presidida entonces por Miguel Molina, rindió a los matadores de toros cordobeses retirados. Asistieron Rafaelito Lagartijo, "Chiquilín", José María Montilla, "Zurito", "El Pireo", "El Puri", Fernando Tortosa, Manuel Rodríguez, "El Barquillero" y el propio Florencio, reunidos en un acto brillantísimo comenzado en el Salón Liceo del Real Círculo de la Amistad y concluido en la sede de la Tertulia. En esa larga jornada, Florencio tuvo ocasión de contar sus vivencias a los asistentes en el magno salón y después, en la sede de la Tertulia, convivir con todos y sentirse feliz y realizado junto a sus compañeros. Porque "El Hencho" fue siempre torero. Torero de arte fatalista, de luces y sombras, de serie negra si se quiere, pero torero de las zapatillas a la montera.