la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 29 de octubre de 2014

Mucho tiempo para seguir a Manzanares / por Ricardo Díaz-Manresa



Enrique Ponce saca en hombros, en Sevilla, a José María Manzanares


Ejemplo para imitar durante mucho tiempo. Los toreros deben fijarse en él y en sus muchas cualidades. Madrid, al que no temió, le pegó duramente -quizá como a nadie- pero terminó doblegándolo. Fue su infierno y Sevilla su cielo.


Mucho tiempo para seguir a Manzanares


Ricardo Díaz-Manresa
Cuando muere alguien con el que has vivido o convivido durante toda su existencia, en una definición ancha del término, lo sientes más. Si es de tu edad, muchísimo. Y si es más joven, el sentimiento es bastante profundo. No digo nada si ha sido un personaje admirado tantas veces durante tanto tiempo, si ha llenado tardes y tardes de tu afición. Todo eso -y a la vez- me pasa con José María Manzanares, que fue personaje además en la parte profesional periodística más activa y esperanzada de mi vida. Y no añado nada porque habrán comprendido mi sentimiento.

Dueño de una vida muy peculiar, José María Dols Abellán, murió el día de San Judas Tadeo, el patrón de los casos difíciles o desesperados, delante del que tanta gente hace cosas larguísimas cada miércoles para pedirle imposibles. Una pirueta o casualidad –si es que existen- de la vida. Mi petición al santo apóstol es que le hubiera dejado con nosotros mucho tiempo más. Algo ni difícil, ni desesperado ni imposible.

La avalancha de alabanzas -que le ha venido, le viene y le vendrá tras conocer la trágica noticia- se la merece por sus cualidades toreras. Su vida particular paralela al toreo la conozco de oídas, leídas o escuchadas, como la de la mayoría de los toreros, y lo que interesa es definirlo por lo que hizo en y por el toreo, que fue bastante.

Sus amigos han resaltado su arte y su torería, ciertas, y me interesaría escribir de su voluntad, de cosas que quizá no se han dicho. Voluntad para estar tanto tiempo en las principales ferias, quizá el primero, antes de Ponce, que lo hizo. Pocas ausencias se le contabilizaron estuviera en mejor o peor forma, con más o menos ganas. Y sin querer hacer comparaciones, pensemos en cómo son hoy muchos toreros : no siguen su ejemplo de responsabilidad de estar en muchos carteles y presentarse en todas las ferias con los otros mejores del momento. 

Tenemos mucho tiempo para seguir e imitar a Manzanares pero podríamos empezar ya cuando se acabe el río de bonitas palabras. Ese es su gran patrimonio.Y no olvidarlo, aunque esto sé que será dificilísimo.

Y su voluntad para venir año tras año a Madrid sin miedo a que lo trataran duramente pero asumiendo su responsabilidad de figura. ¿Cuántos le han seguido y le seguirán en esto?. Madrid fue su infierno y Sevilla su cielo, a la que paladeó como ninguno. Madrid le dio muy fuerte hasta que la doblegó. 

Y ¿qué decir de su intuición para fijarse y admirar a los grandes toreros como Antonio Ordóñez y metérselos en su alma de artista?. De Ordóñez y otras grandes figuras cuando él lo fue. Ya he escrito varias veces que para mí figura es aquel que está en todas las ferias al menos diez años con una valoración muy alta tanto artística como comercial. Uno de estos, poquísimos, fue José María Manzanares.

Tampoco he visto que se destacara su control de la situación. Una tarde en el último año del Chofre, ¡tiempo ha!, liado ya para hacer el paseíllo, me vió en el patio, lo saludé y me preguntó que qué me echaba en el pelo que no tenía grasa. No sé lo que le dije pero me quedé asombrado de esta pequeña preocupación suya cuando le esperaban ya dos toros en una feria como San Sebastián.

Y cuando crucificaron al Cordobés por la muerte de un espontáneo durante la feria de Albacete e hicimos un acto en el Wellington, con el vídeo de la tarde que entonces apenas había y sólo lo teníamos nosotros, le pedí ayuda por su relación con los Lozano y Palomo y lo hizo muy pronto y sin poner pegas.

La vida le dio mucho, pero mucho, como su hijo Jose Mari, al que algunos dicen que lo puede superar y otros que ya lo ha hecho. Y fíjense porque es el único heredero de una larguísima serie de compañeros con hijos aspirantes a toreros que lo ha conseguido de verdad. En parte, Julio Aparicio; un poquitín, Francisco Rivera, hijo de Paquirri, y también Litri, el simpático Miguel. Pero se han quedado sin el triunfo los de Camino, El Cordobés, Dámaso González, Ángel Teruel, Palomo, Chamaco, Luis Francisco Esplá, Pepe Luis Vázquez, Silveti, Armillita, Niño de la Capea, Juan Posada…Y un largo etc en el que faltarán muchos y sólo pongo los que me vienen a la memoria, aunque queda algún nieto que puede valer. Ni la saga de los Bienvenida alumbró ninguno, ni la de los Lozano (ejemplo de Pablo y su vástago Fernando) ni el hijo de Victorino. ¡Tantos!

Pues Manzanares hijo sí y con creces. Lo hizo figura la vida a él y a su José Mari del alma: un milagro. Y sigue luchando con el caballo su otro hijo varón Manuel, de la Escuela de Hermoso.

He leído algo del Productor Casas que dice que le pedía tanto a la vida que era un ser torturado, que siempre quería más. No lo sé pero en estos momentos lo que se puede decir es que fue un torerazo que se ha ido demasiado pronto.

De las tres generaciones, dos han desaparecido en muy poco tiempo. Descanse en paz José María junto a su padre Pepe Manzanares. Y brille ahora Jose Mari Dols Samper como nunca.

Y sabed que tendremos mucho tiempo para seguirlo e imitarlo. Especialmente y sobre todo los toreros.

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