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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 14 de abril de 2015

‘El futuro de la tauromaquia se juega en el derecho’ / por Antonio Lorca



  • Manuel Olivencia, catedrático de Derecho Mercantil, presentó en Sevilla el libro ‘Fundamentos y renovación de la fiesta’

‘El futuro de la tauromaquia se juega en el derecho’

El futuro de la fiesta de los toros se juega en el Derecho; cuando lo que se debate son leyes prohibitivas, el debate no solo se plantea en los parlamentos, sino que se lidia en la plaza pública. Desde la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las leyes prohibitivas hasta sus últimas consecuencias, se trata de una cuestión sobre la que los juristas debemos tomar posición’.

Así se expresaba ayer en Sevilla Manuel Olivencia, catedrático de Derecho Mercantil, en la presentación del libro ‘Fundamentos y renovación de la fiesta’, que recoge las actas de un congreso organizado en 2010 en la capital andaluza por un grupo de profesores universitarios.

La idea partió de dos aficionados, Juan Antonio Carrillo, catedrático de Derecho Administrativo, y Víctor Vázquez, profesor de Derecho Constitucional, que coinciden en la necesidad de hacer una reflexión intelectual ‘ante el momento crítico que vive la fiesta, acentuado a lo largo de la últimas décadas, tras las que, de ser un espectáculo sociocultural indiscutido, comienza a perder peso por la reunión de factores externos e internos que parecen sumirla en una cierta decrepitud y apartarla de la modernidad’, según explica el primero en el prólogo del libro.

Con este planteamiento, en la feria de San Miguel de hace casi cinco años se reunió en la capital un selecto grupo de universitarios (los catedráticos Andrés Amorós, José Esteve Pardo, Santiago Muñoz Machado, Ramón Fernández Rodríguez, entre otros) para debatir sobre la fiesta de los toros a la luz de la cultura, la creatividad, la libertad, la ecología, la filosofía, los fundamentos jurídicos, estéticos y morales, el derecho de las minorías, etc.

Ahora, al cabo del tiempo, aquellas reflexiones ven la luz, y el profesor Olivencia asegura que ‘no han envejecido porque los problemas que entonces se plantearon siguen vigentes’.

A su juicio, la fiesta de los toros padece algo más grave que una crisis, ‘un declive, una decadencia, aunque existen destellos de esperanza sobre los que este libro reflexiona’. ‘El toreo se mantiene por los artistas -continúa-, y hay que esperar el nacimiento de nuevos genios, más que de figuras; porque los genios son los creadores de belleza, que es la finalidad del arte del toreo’, subraya Olivencia.

‘La crisis exige una terapia’, concluye el catedrático; ‘la fiesta necesita un fortalecimiento social, cultural y económico, una regeneración que la renueve, vigorice y la modernice’.

Víctor Vázquez, coordinador del libro junto a Juan Antonio Carrillo, asegura que el texto ‘es una reflexión jurídica sobre los toros’, e hizo hincapié en los fundamentos jurídicos, estéticos y morales de la fiesta. ¿Qué prohibimos cuando prohibimos los toros… a alguien?, se preguntó. ‘Con la prohibición de los toros en Cataluña’, -se contesta-, ‘el Parlamento no ha intentado proteger ninguna otra libertad fundamental de las personas, sino que el fundamento de la prohibición ha residido en el juicio de una mayoría parlamentaria que considera que esta tradición atenta contra la moralidad pública al construirse sobre el sacrificio de un animal; si bien debemos aceptar que en una democracia las mayorías parlamentarias puedan limitar ciertas facetas del comportamiento humano, esto no puede impedirnos ver y denunciar cuando las mayorías parlamentarias se han manchado las manos con la libertad de los demás’.

Juan Antonio Carrillo, por su parte, añadió que, en 2010, la fiesta de los toros era cultura para unos pocos aficionados, pero no para el derecho, que lo trataba como un espectáculo de masas en el que había que preservar el orden público y su propia naturaleza. ‘Pero algunos -insistió- reconocíamos en la fiesta un mundo de valores y sentimientos en el que nos reconocemos’.

‘Somos una minoría fuertemente cuestionada y atacada, -continuó-, y se nos ve como una secta torturadora; como una minoría que carece de discurso’. ‘Debemos construir un fundamento, -terminó-, para no sentirnos avergonzados; y ese discurso de las minorías se hace desde el campo del derecho’.


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