la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 22 de abril de 2016

Alioli de mantequilla y jengibre / por José Luis Rodríguez Peral


El alcalde de Valencia, Joan Ribó. (EFE)

"...Me dan ganas de mandar al señor Ribó, no a freír espárragos, que es lo que me pide el cuerpo, sino a proponer a los valencianos la conveniencia de unas mascletás sin pólvora, a base de sonidos grabados reproducidos con un volumen medio bajo para no molestar, de una nit del foc sin fuego, a base de hologramas proyectados sobre las fallas, de una paella con alubias de Tolosa en lugar de garrafós, de un alioli elaborado con mantequilla y jengibre, y tantas otras cosas que no gustan a todos los valencianos..."

Alioli de mantequilla y jengibre



Economista / Tribuna Andaluza
Si el soporte de la revista fuera multimedia, la banda sonora de este artículo sería Entre dos aguas, la magnífica rumba del genial Paco de Lucía, pero hasta que ello sea posible, me permito recomendar al lector utilizar, con tal propósito, alguna de las plataformas musicales existentes.


Recientemente, en relación con la manifestación en defensa de las corridas de toros celebrada en Valencia el pasado 13 de marzo, dos de las autoridades de la Comunidad Valenciana, el alcalde de Valencia y el Presidente de la Generalidad, han realizado declaraciones en el más puro estilo de la corrección política, tan en boga en nuestros días, que más que entre dos aguas podríamos calificar de nadar y guardar la ropa. Veamos.

El alcalde de Valencia proclama su respeto a la libertad de manifestación y de opinión, hasta ahí podíamos llegar, añadiendo que la posición (SIC) del Ayuntamiento que preside es resaltar la importancia de avanzar en el cuidado, en el respeto a la vida de los animales y en no maltratarlos.


El señor Ribó, dado que en la sociedad española hay quienes consideran que los toros son un tema importante y quienes consideran que son un tema de maltrato a los animales, propone a los que defienden los toros que consideren la posibilidad de hacer corridas a la portuguesa, en las que no se sacrifica a los animales.

Se trata de una muestra más del buenísimo, de la equidistancia a la que nos tienen acostumbrados los alcaldes del cambio, cuando han de posicionarse en temas sobre los que existe controversia, como la Semana Santa en Andalucía, las Ninfas del Carnaval de Cádiz, etc. Estoy convencido de que si en la Comunidad Valenciana no existiera el gran arraigo popular de los encierros, los bous al carrer, los correbous, los recortadores, etc., el Señor Alcalde mostraría su auténtico pensamiento, su posición contraria a las corridas de toros.

Mientras tanto hace público su desconocimiento del tema, que solo le afecta relativamente, porque como nos tienen acostumbrados en su entorno político, él no se posiciona, tan solo propone su ocurrencia a quienes saben del tema, que por saber no la pueden ni siquiera considerar.

Es casi seguro que Don Joan no sabe que en las touradas portuguesas además de no matar al toro (la suerte suprema que decimos los clásicos) tampoco se los pica, lo que no es un grave problema porque en el país vecino son muchas más las corridas a caballo que a pie. Sería imposible realizar el toreo tal y como lo entendemos hoy, ni siquiera como se practicaba hace un siglo, a un animal de quinientos kilos no picado.

Me dan ganas de mandar al señor Ribó, no a freír espárragos, que es lo que me pide el cuerpo, sino a proponer a los valencianos la conveniencia de unas mascletás sin pólvora, a base de sonidos grabados reproducidos con un volumen medio bajo para no molestar, de una nit del foc sin fuego, a base de hologramas proyectados sobre las fallas, de una paella con alubias de Tolosa en lugar de garrafós, de un alioli elaborado con mantequilla y jengibre, y tantas otras cosas que no gustan a todos los valencianos.

Pero ese pedazo de ocurrencia, que diría Chiquito de la Calzada, no termina en el alcalde Ribó. Preguntado al respecto Ximo Puig, el Presidente de la Generalidad, primero se declara partidario de la libertad de expresión y manifestación (no sé por qué me parece que dice esto quien no tiene nada que decir) para a continuación hacer un quiebro y contestar que no es un experto taurino, y por tanto no puede enjuiciar la propuesta de Ribó.

Ximo Puig es periodista. En su ámbito profesional trabajó para la Agencia EFE, Radio Popular y Antena 3 radio. Como político ha sido Diputado de Cultura en la Diputación Provincial de Castellón, Director de Relaciones Institucionales e Informativas de las Cortes Valencianas y Alcalde de Morella (población de 2.600 habitantes). Hoy es presidente de la Generalidad Valenciana (Comunidad Autónoma con más de cinco millones de habitantes). No es experto en sanidad, ni en educación, ni en urbanismo, ni en economía, ni en Hacienda, ni en..., pero no lo proclama cuando alguien le pregunta. 

Cuenta con el apoyo de expertos que le asesoran en esas y otras materias sensibles para los valencianos, y digo yo que ante una demostración cívica de gran repercusión mediática (y en eso sí que es un experto) debería haberse preocupado de elaborar una posición, y no emboscarse en lugares comunes. Una vez más el Partido Socialista elude expresar una posición institucional y se esconde tras la libertad de voto de sus parlamentarios (Cataluña), la abstención de sus concejales (Madrid), aunque es verdad que en el Parlamento autónomo de Baleares y en el Ayuntamiento de Córdoba ha dado la cara y ha presentado proposición para prohibir los toros.
Enrique Tierno Galván, intelectual socialista, catedrático de Derecho Político y uno de los alcaldes progresistas más queridos y respetados de España,escribió en 1951 (en pleno franquismo, oiga) el ensayo “ Los toros acontecimiento nacional“ publicado por Turner en 1988. Que yo sepa, y fui concejal durante su primer mandato, nunca fue a los toros, y me consta que pidió al segundo Teniente de Alcalde, el también socialista Alonso Puerta, que le representara en las corridas de postín, pero dejó escrito lo siguiente: “No hay duda de que [...] el toro, entidad definida por la agresividad y la fiereza, logra la plenitud de su ser en la lidia. El espectador [el aficionado, diría yo] supone, con mayor o menor exactitud, que el toro vive en el ruedo una gloriosa aventura coronada por la mayor concesión que el hombre puede hacer al animal: la lucha franca e igualada; al toro no se le caza, se le vence.”

A finales de los años 60 del pasado siglo, para respirar libertad, ver cine y comprar libros aquí prohibidos, todos los veranos viajaba a Francia. Me temo que al final de la primera decena del siglo XXI también habré de viajar a Francia para respirar libertad y ver corridas de toros, aquí prohibidas. Tiempo al tiempo.
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*José Luis Rodríguez Peral es autor del libro:

'ANTONIO BIENVENIDA, EL ARTE DEL TOREO'