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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 23 de abril de 2016

Ante las corridas de San Isidro: nos esperan montones de toreros que solo saben hacer lo suyo doblados y/o agachados / por J.A. del Moral


Ante las corridas de San Isidro: nos esperan montones de toreros que solo saben hacer lo suyo doblados y/o agachados


El máximo ejemplo de entre la actualidad torera que siempre torea derecho, además de con su naturalísima naturalidad y absoluta sencillez, es Enrique Ponce. ¿Por qué entonces no le imitan tanto como a El Juli?. Sencillamente dicho, porque torear derecho es mucho más difícil.


J.A. del Moral -  22/04/2016
Son tan pocos, poquísimos, los que torean derechos y con naturalidad, que aterra pensar en lo que nos espera en Madrid a lo largo de las treinta corridas, excluyendo las de rejones.
Uno está ya más que arto de ver faenas en las que, salvo en algún remate o desdén muletero al final de las series de derechazos, de naturales, con los pases de pecho que es la suerte que casi todos ejecutan correctamente porque no tienen otro remedio so pena de resultar ensuciada con enganchones, como igualmente en la gama de pases que llamamos contrarios como los ayudados y los de trinchera, la mayor parte de los muletazos los dan como si sus cuerpos se convirtieran en obligadas cuando no retorcidas arcayatas.

De entre la inmensa mayoría de los que parecen incapaces de torear sin doblarse por la cintura y/o sin agacharse, no dudo que en su propósito de hacerlo con máxima largura y hondura aunque con maneras inevitablemente exageradas, los que más me llaman la atención negativa son las grandes figuras que torean con el defecto del que trata este artículo. A la cabeza de los cuales figura Julián López El Juli, con lo que este gran torero supone como modelo de la mayor parte de los que empiezan sus carreras.


Siempre ocurrió salvo honrosas excepciones que los más tiernos pretendientes procuraron y procuran hacer el toreo como el de los que están arriba y cuanto más tiempo permanezcan en este lugar de privilegio, con mayor ahínco imitativo.

“Yo quiero torear igual que el que gana más dinero e igual que los que mandan más”, piensan casi toros los novilleros en los primeros pasos de sus carreras y, debido a ello, los que torean doblados por la cintura o agachados exageradamente no cesan de salir como exactos productos de una fábrica de churros.

Son muy pocos los que se fijan en los poquísimos que torean derechos. Otra cosa es lograrlo hacer con añadida naturalidad porque esta cualidad no se puede aprender. Se tiene naturalidad o no se tiene como todos los dones que da Dios.

El máximo ejemplo de entre la actualidad torera que siempre torea derecho, además de con su naturalísima naturalidad y absoluta sencillez, es Enrique Ponce. ¿Por qué entonces no le imitan tanto como a El Juli?. Sencillamente dicho, porque torear derecho es mucho más difícil.

Y es más difícil porque, hacerlo así, es la señal más inequívoca del valor en el sentido más profundo y extenso del término. Y es que este valor-valor es el de los que torean sin aparente esfuerzo. Así de simple y así de fácil parece que torean que sus esfuerzos tampoco se notan. Por todo ello es tan difícil imitarles.



También son inimitables los llamados grandes artistas. Claro que nos referimos a las escasas veces que están verdaderamente bien aparte sus más frecuentes momentos y detalles tanto con el capote como con la muleta. El caso de Morante es paradigmático al respecto aunque en mi parecer personal me gustó mucho más el Morante de sus primeros años cuando toreaba con más frescura y mayor naturalidad que el más reciente porque hace el toreo más recompuesto o como si se imitara a sí mismo. Estos artistas se retuercen muchas veces pero lo hacen con belleza. El torero que se retorció más bellamente de los que he visto en mi vida fue Emilio Muñoz. Su toreo con la muleta en sus mejores faenas lo asemejé en una de mis crónicas con las columnas salomónicas del Baldaquino que cubre el altar mayor de la grandiosa Basílica de San Pedro en Roma…


Hay muchos aficionados que, por no comprender o no haber pensado nunca en todo esto, suelen despreciar a los toreros que dan la impresión de no correr ningún riesgo mientras torean. Y no es verdad. En absoluto. Corren tanto o más riesgo que los que torean esforzados.

Termino por donde empecé. En el Madrid isidril de los próximos mayo y parte de junio nos esperan muchos ejemplos de cuantos torean como si fueran arcayatas y poquísimos que lo harán derechos y con naturalidad. Además, Morante no toreará en Las Ventas y Muñoz está retirado aunque activo como comentarista en televisión. Fíjense bien en todo lo que vean y ya hablaremos…