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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 22 de abril de 2016

La honradez por bandera / Por Rafael Comino Delgado



Cuando Padilla se pone el vestido de torear se transforma en un héroe, un ciclón, que da en la plaza todo lo que humanamente se puede dar. Da lo mismo cómo sea el toro que tiene delante. Tiene su tauromaquia y la aplica según el caso, pudiéndose contar con los dedos de la mano, y sobran, las tardes que no sale triunfante.

La honradez por bandera

Por ser como es, como torero y como persona, Padilla está donde está después de muchos sufrimientos y mucho esfuerzo. Acaba de abrir la Puerta del Príncipe y dentro de unas semanas irá a Madrid. Yo le pido a Dios que le ayude y pueda abrir también la puerta grande de Las Ventas.

Ha habido, hay y habrá toreros con gran honradez profesional, pero con más que Juan José Padilla no los encontraremos. Es un caso único, excepcional, de pundonor, de entrega, de ilusión, de honradez en la plaza, después de 22 años de alternativa.

Cuando Padilla se pone el vestido de torear se transforma en un héroe, un ciclón, que da en la plaza todo lo que humanamente se puede dar. Da lo mismo cómo sea el toro que tiene delante. Tiene su tauromaquia y la aplica según el caso, pudiéndose contar con los dedos de la mano, y sobran, las tardes que no sale triunfante.

Su toreo podrá gustar más o menos, pero él tiene sus seguidores, su público, al que jamás defrauda.

El que compra una entrada para ver al maestro Padilla sabe que le devolverá, en el ruedo, hasta el último céntimo y mucho más.

Pero no es sólo eso. Les recomiendo que le observen durante la corrida y comprobarán que, tanto si es director de lidia como si no lo es, está siempre pendiente de todos los detalles, de todos los compañeros, con su capote presto a hacer el quite oportuno para, en definitiva, ayudar a que todo transcurra normalmente.

Ahora acaba de abrir la Puerta del Príncipe, un sueño de todo el que se viste de torero, un logro que muchas figuras no han conseguido en toda su vida. Pudo salir por esa emblemática puerta en loor de multitudes, aclamado por la afición como un coloso, como un héroe; solo él sabrá lo que sintió en ese momento, pero su cara denotaba enorme emoción.

Me alegro mucho por ello, porque creo que se lo merece con creces; me alegro por todo lo bueno que le pase al maestro Padilla, porque es un hombre extraordinario y un gran torero.

Dentro de unas semanas irá a Madrid. Yo le pido a Dios que le ayude y pueda abrir también la puerta grande de Las Ventas. Con toda seguridad que por él no va a quedar; su entrega será total, como siempre, y como le ayuden los toros lo conseguirá.

Por ser como es, como torero y como persona, está donde está después de muchos sufrimientos y mucho esfuerzo.

Enhorabuena y suerte maestro.