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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 30 de abril de 2016

RETAZOS TAURINOS (X) / por Eduardo Soto



La inacción y blandenguería de los estamentos taurinos, profesionales y aficionados, contribuyen a la creciente audacia de las maniobras contra las corridas de toros, acciones que no hacen sino proliferar en el caldo de cultivo que facilitamos los propios taurófilos.


RETAZOS TAURINOS (X) 

Eduardo Soto
Mérida-Venezuela, 30/04/2016
Los primeros que captaron la gran fuerza visual de las corridas de toros fueron los franceses. Los hermanos Lumiere, inventores del cinematógrafo, filmaron en 1896 un breve cortometraje que mostraba la llegada de los toreros a la plaza. Sin embargo, al parecer en España ya se había realizado el primer registro cinematográfico de una corrida de toros, de un minuto de duración, el día de San Isidro del mismo año.

Hasta el siglo XVIII, el espectáculo taurino era protagonizado por nobles caballeros, castellanos y andaluces, que alanceaban toros y la gente del pueblo ayudaba a deshacerse de la res o del caballo muerto o herido. El Rey Felipe V, borbón de origen francés, en 1701, a su entrada en España, lo agasajaron con una corrida de toros, pero fue tal su repulsa y la de su séquito, que hizo abandonar esta actividad a los nobles caballeros.

A partir de entonces, los jinetes del espectáculo taurino eran simples garrochistas o varilargueros de origen campero, pero mantuvieron la primacía sobre los toreros de a pie, considerados entonces como simples subalternos. Este estado de cosas se mantuvo hasta la época de Costillares, a finales del siglo XVIII, quien exigió a la Maestranza de Sevilla equiparar los de a pie con los montados y Paquiro logró establecer definitivamente la subordinación de los montados al jefe de la cuadrilla.

En la localidad española de Bocairent, hizo estragos la fuerte crisis en el sector textil de 1843, por lo que se decidió construir una plaza de toros para dar trabajo a los desempleados. Escogieron un montículo rocoso y decidieron que era más fácil construirla excavando de arriba hacia abajo, dando forma a los tendidos, el ruedo y demás dependencias de la plaza. Todavía se celebran festejos en esta joya arquitectónica, que es la plaza de toros más antigua de la Comunidad Valenciana, a cuyas 3.700 localidades el público accede por la parte alta de los tendidos.

En la ciudad de México se encuentra su Monumental, la plaza de toros más grande del mundo, que fue inaugurada en febrero de 1946, tiene un aforo de 41.200 espectadores y es de propiedad privada. En la Monumental de México, el ruedo está veinte metros por debajo del nivel de la calle y la distancia de la arena a la parte más alta del tendido es de casi cuarenta metros, lo que significa que el público entra a la plaza por su línea ecuatorial. Es quizás la única plaza del mundo que tiene pasamanos a ambos lados de las escalinatas pues su graderío es muy empinado aunque, por supuesto, entrecortados para permitir la entrada y salida de cada fila.

La inacción y blandenguería de los estamentos taurinos, profesionales y aficionados, contribuyen a la creciente audacia de las maniobras contra las corridas de toros, acciones que no hacen sino proliferar en el caldo de cultivo que facilitamos los propios taurófilos.

Algunas operaciones de este tipo son llevadas a cabo por grupúsculos de manifestantes, que son simples peones, quienes se prestan para las fotos publicitarias a favor de su causa desatinada; pero el peligro mayor reside en individuos taimados que urden artimañas y retorcidas interpretaciones de la ley, para tratar de erradicar expresiones culturales lícitas y pisotear nuestros legítimos derechos como aficionados taurinos. 

Para ello no vacilan en rechazar y atacar, a priori y a ultranza, toda manifestación cultural que no entiendan o se niega a comprender su intelecto limitado. Para tales despropósitos echan mano a repetidas y deplorables muestras de intransigencia, muchas veces tarifada.

Tenemos que actuar de consuno y con presteza pues, de lo contrario, el porvenir de la Fiesta Brava estará cada vez más comprometido y nuestra desidia nos habrá hecho cada vez más cómplices de lo que pueda suceder. 

Hay una sentencia que viene al caso y que puede aplicarse también a materias importantes de nuestro diario acontecer: Al apuntar a alguien con el dedo, recuerda que tres señalan hacia ti. Buen proverbio ¿No les parece?