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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 15 de agosto de 2016

2ª de la Semana Grande de San Sebastián. José Tomás se sumergió en la bañera de El Juli / por J.A. del Moral ·



...también nos trajo la para muchos mala sorpresa de ser testigos del grave pinchazo que sufrió el inmenso globo propagandístico del señor de Galapagar. Viéndole ayer, me dio pena a la vez de comprender perfectamente por qué no quiere torear en ninguna plaza realmente seria y mucho menos que le televisen. ¡Ó témpora, ó mores…!

José Tomás se sumergió en la bañera de El Juli

J.A. del Moral · 14/08/2016 
San Sebastián. Plaza de toros de Illumbe. Domingo 14 de agosto de 2016. Segunda de feria. Tarde muy calurosa en plaza semicubierta con lleno total

Dos toros despuntados para rejones de Fermín Bohórquez, muy bien presentados. Dio bastante mejor juego el que abrió plaza que el lidiado en cuarto Lugar. Cuatro de los dos hierros de Domingo Hernández, desigualmente presentados en distintos pesos y tipos. El que hizo de segundo, anovillado y noble aunque muy blando. Muy noble aunque sin fuerza el que hizo segundo. Aunque se defendió en varas, muy noble el tercero. Como asimismo el que hizo quinto. Y manejable sin clase y pronto muy a menos débil sexto.

Pablo Hermoso de Mendoza (casaquilla burdeos y oro con sombrero calañés): Tres pinchazos, silencio. Pinchazo y rejonazo, petición desatendida y saludos desde el tercio.
José Tomás (cobalto y oro): Dos pinchazos, estocada y tres descabellos, ovación. Pinchazo y estocada trasera caída, ovación.
El Juli (avellana y oro): Gran estocada, dos orejas. Estocada baja, ovación. Salió de la plaza en hombros.


Asistió a la corrida S.M. El Rey Emérito Don Juan Carlos I, acompañado de su hija, la Infanta Elena, y de sus nietos que ocuparon lugar en uno de los palquillos contiguos al callejón, siendo largamente ovacionado al aparecer en la plaza y tras los brindis de Hermoso de Mendoza y de El Juli. 


Pues, miren por donde, hoy podemos empezar esta crónica diciendo aquello de que la avaricia suele romper los sacos. Imagino los dinerales que José Tomás ganó por torear ayer en la plaza de Illumbe. Vaya por delante el agradecimiento, sobre todo el de la empresa y el de la afición donostiarra. Dicho sea en honor a la verdad, gracias a la presencia de Tomás, la venta del abono está siendo un bombazo atómico contra los que pretenden que en San Sebastián no haya toros.

Pero tanta y mutua ayuda multimillonaria, también nos trajo la para muchos mala sorpresa de ser testigos del grave pinchazo que sufrió el inmenso globo propagandístico del señor de Galapagar. Viéndole ayer, me dio pena a la vez de comprender perfectamente por qué no quiere torear en ninguna plaza realmente seria y mucho menos que le televisen. ¡Ó témpora, ó mores…!

Para empezar, una corrida fatalmente presentada en escalera con un torito, el primero de Tomás, absolutamente impresentable e intolerable. ¿Cómo fue posible que lo aprobaran en el reconocimiento? Algunos protestaron. Y con razón sobrada. Pero lo peor no fue esto. Lo peor fue que José Tomás con este animalucho que no fue bueno aunque tampoco imposible, pareció un cualquiera de esos desconocidos toreros que pululan en busca de contratos. Vamos, que le cambian la cara y le anuncian con otro nombre y hay que salir corriendo. Sus fieles irredentos se quedaron con las ganas de que le regalaran una oreja porque, con la espada, Tomás anduvo fatal. 

Pero llegó el estupendo y más aparente quinto de Domingo Hernández y, salvo en el muy buen recibo de capa y en el emocionante quite que, por cierto, quedó en nada al lado de las zapopinas de El Juli en su turno, Tomás no se halló consigo mismo en su mejor versión al natural hasta después de ser cogido al rematar una serie regularcita con el de pecho. Todo lo anterior sobre ambas manos, que fue la mayor parte del largo trasteo, fue absolutamente vulgar y sucedió con muletazos muy desigualmente templados. La cosa se puso así muy caliente pero el llamado “Dios de Piedra de Galapagar” perdió su divinidad otra vez con la espada. Pinchazo y erza entre nutridas aunque tibias palmas.


Capítulo aparte merece comentar el nuevo desaire que José Tomás cometió al no brindar al Rey ninguno de sus dos toros. Que yo sepa, jamás lo hizo. Este ineducado, irrespetuoso además de pertinaz comportamiento del torero de Galapagar con quien trajo la democracia, la libertad y el periodo más fecundo de la historia de España, es absolutamente inaceptable porque no solamente ofende al Soberano, ofende a los españoles y ofende a la Patria común. Se solidarizó Tomás así con los poquísimos pitos que fueron acallados por la inmensa mayoría de los asistentes. No chocaron los que le dedicaron los proetarras a mismo Juli durante su faena al sexto por todo lo contrario.

Así quedó José Tomás: en ridículo como español y sumergido en la bañera de El Juli que ayer, con su primer toro, anduvo a gorrazos además de dueño y señor de la tarde.


Muy entregado Julián, poderoso, visiblemente feliz y hasta creativo improvisador. Fue una faena larga y ancha con algunas imperfecciones sin importancia que no empañaron el conjunto de la obra muletera que cerró con una gran estocada de efectos inmediatos.



Le fueron concedidas dos orejas absolutamente legítimas y salió a hombros por la Puerta Grande al final de la corrida que terminó dividida ambientalmente. Felices los aficionados digamos normales y cariacontecidos los miles de tomasistas irredentos, visiblemente disgustados al ver a su torero abandonar el ruedo a pie.


La corrida empezó con una actuación tan redonda como magistral y perfecta de principio a fin a cago de de Pablo Hermoso de Mendoza que perdió trofeos por fallar demasiado con el rejón de muerte. Una pena porque fue faena de dobles trofeos. Y medió con otra vez Mendoza en tono menor con un animal – el cuarto – de Fermín Bohórquez que se vino abajo por lo que Hermoso, de nuevo en maestro por lo que se refiere a la monta, no tanto al clavar, no logró las altas cotas alcanzadas sobradamente con su anterior enemigo.