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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 26 de agosto de 2016

Manolete en Calipuerto / Por Jorge Arturo Díaz Reyes


Arruza, Gitanillo y Manolete, Medellín (Col) 1946

"...El domingo Manuel Rodríguez Sánchez cumplirá sesenta y ocho años de muerto, y acá en la ribera del Cauca, donde nunca se abrió de capa le seguimos recordando con tanta emoción como si lo hubiese hecho. No nos importa. En Bogotá y en Medellín le recuerdan igual..."


Manolete en Calipuerto

Cali, 23 de agosto 2016
Jamás toreó en Cali, ni en sus alrededores. Mejor dicho, en Colombia solo vistió de luces en las plazas de Bogotá y Medellín; la una cerrada y la otra reemplazada por un Centro de Espectáculos. Fue en el año de 1946, agotó boletería y dejó historia. Más por su presencia que por lo que hizo en el ruedo. “Vimos a Manolete”, para qué más, eso pagó todo.

Bueno, los caleños también podríamos decir algo parecido. Lo vimos, que toreara o no, es aleatorio. Fue otra de sus revoluciones. De él en adelante las figuras de moda no necesitan torear para poner patas arriba las ciudades y boca abajo las plazas. Y sin necesidad de ser Manolete, ni siquiera de parecérsele, algunas con solo presumir de ser su caricatura lo consiguen.

“El Monstruo” estuvo por aquí unos minutos, en el viejo aereropuerto “Calipuerto”. También extinto. Estaba ubicado en las afueras de la ciudad, donde ahora queda el gran mercado mayorista de alimentos Cavasa. Allí aterrizó, haciendo escala, en su viaje de Lima hacia Bogotá. Venía con su séquito, sus famosas gafas de sol y camisa liviana de manga corta.

Para qué fue eso. Todo el que pudo, mi padre incluido, se desplazó a verle bajar y subir al avión. Yo no. Estaba recién nacido, pero es como si hubiese ido pues la historia la escuché muchas veces desde que tengo memoria. Además hay fotos.

Ese fugaz paso le inscribió en la historia taurina de la ciudad, jamás lo olvidamos. Dieciocho años después otro torero, también cordobés, sin haber toreado, aunque luego si lo hiciera con gran éxito, causó un impacto similar. Entonces la revolución ya no era revolución, era lo establecido.

El domingo Manuel Rodríguez Sánchez cumplirá sesenta y ocho años de muerto, y acá en la ribera del Cauca, donde nunca se abrió de capa le seguimos recordando con tanta emoción como si lo hubiese hecho. No nos importa. En Bogotá y en Medellín le recuerdan igual.