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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 22 de agosto de 2016

2ª de las Corridas Generales en Bilbao. Pepe Aguado y Luís David Adame pierden salir a hombros por la dichosa espada / por J.A. del Moral



"...Los dos debutaron en la importantísima plaza de Bilbao y, aunque los que asistimos gozamos con sus labores, fue una desgracia que perdieran dos orejas cada uno y salir a hombros por la puerta grande.

 Pepe Aguado y Luís David Adame pierden salir a hombros por la dichosa espada

J.A. del Moral· 22/08/2016
Bilbao. Plaza de Vista Alegre. Domingo 21 de agosto de 2016. Segunda de feria. Tarde fresca con un escaso tercio de entrada.
Siete novillos-toros de José Cruz (procedencia Daniel Ruíz) incluido el sobrero que reemplazó al tercero, devuelto por inválido. Dieron noble juego aunque en su mayoría faltos de fuerza en distintos grados. Por mejores con notoria diferencia, destacaron sobre todo el sobrero que resultó extraordinario y el quinto con el solo defecto de tardear.
Alejandro Marcos (verde manzana y oro): Estocada, silencio. Estocada, palmas con saludos.
Pablo Aguado (teja y oro): Pinchazo hondo tendido, otro pinchazo y descabello, silencio. Estoconazo entregadísimo y seis descabellos, aviso y gran ovación.
Luis David Adame (encarnado y oro): Dos pinchazos y buena estocada algo trasera, gran ovación con intento injustamente frustrado de poder dar una vuelta al ruedo por algunos pitos absolutamente minoritarios. Dos pinchazos y estocada, ovación.
A caballo destacó Mario Benito al picar al quinto toro. Y en banderillas, Miguel Ángel Gómez en el sobrero y Miguel Martín en el sexto toro.

En la primera parte de esta novillada, toreros y espectadores sufrimos por la debilidad de las reses, no por su nobleza que fue el denominador común del envío. Hasta la salida del sobrero que reemplazó al devuelto tercer toro que resultó realmente extraordinario. Lo aprovechó salvo a la hora de matar el mexicano de Aguas Calientes – hidrocálidos llaman los de allá a sus habitantes –, Luís David Adame, que es el novillero más prometedor que nos ha enviado el gran país hermano últimamente y uno de los más nuevos futuros valores del momento.
Este hermano menor de Joselito es un torero muy completo, muy capaz, dueño de un concepto del toreo clásico muy a la española con la muleta, brillante y original con el capote y no tan regular en el éxito con la espada. También inteligente, naturalmente valiente y, como casi todos los toreros actuales, incansable en sus faenas que son excesivamente largas.

Defecto común de la actual torería pienso que por culpa del por todo ejemplar Enrique Ponce, solo que éste, siendo el que más largas faenas ha llevado a cabo en su vida, casi siempre las estructura de menos a más o de más a muy más gracias a lo bien que administra cuanto hace y al temple que prodiga cual arma casi infalible. Pues a los bravos y fuertes los ataca como es debido, pero a la mayoría de las reses de hoy en día, los torera a su favor y no a la contra. Justamente al contrario proceden muchísimos diestros de la actualidad.
Suele suceder, que cuando se alargan demasiado los trasteos muleteriles – en su mayoría prolijos en sus arranques y hasta en su corpus central – llegan a la suerte suprema descolgados de cuello. Es decir, con la cabeza caída. Precisamente por esto, cuando se entra a matar, levantan la cabeza en el embroque y llegan los pinchazos. Y al contrario, cuando en el momento de entrar a matar permanecen con la cabeza a su natural altura media, la bajan en el embroque, descubren el lugar idóneo para clavar y las estocadas resultan certeras además de efectivas.

También sucede demasiadas veces que los toreros, sobre todo los que empiezan sin que falten algunos veteranos de esos que todavía son tristemente inevitables, alargan las faenas con toros ya agotados y, cuando la gente les aplaude, creen que es pidiéndoles que sigan toreando. Pero esas palmas no suenan por esto. De ninguna manera. Suenan para agradecer la mera voluntad de los coletudos y, sobre todo, para que terminen de una vez. No saben que las gentes están hartas, hasta la coronilla, de tanto aguantar finales interminables de mediocres trasteos.

Ayer ocurrió mucho de lo que acabo de explicar, incluso al final de las dos mejores faenas de la tarde. Razón, creo, por la que tanto Pablo Aguado como Luis David Adame echaron a perder sendos grandes triunfos por fallar con los aceros. Una lástima, porque los dos debutaron en la importantísima plaza de Bilbao y, aunque los que asistimos gozamos con sus labores, fue una desgracia que perdieran dos orejas cada uno y salir a hombros por la puerta grande.


La lidia que dio Adame al magnífico sobrero que le cupo en máxima suerte fue completa. Y ello a pesar de que este animal pareció sufrir el mismo defecto se sus hermanos anteriores. La dichosa falta de fuerza. Sin embargo, tras las chicuelinas del saludo y las tafalleras del quite una vez cuidado en varas como procedía, este en principio tambaleante ejemplar, se fue arriba en la muleta, no solo por su propia condición, también por el temple con que muleteó Luis David a lo largo y a los anche de su completísima faena que arrancó con estatuarios a pies juntos ligados a un cambio al natural y al de pecho recetado en desdén, para continuar por redondos diestros en sucesivas rondas a cada cual mejor y más intensas. No faltaron los naturales, también largos y templados en dos tandas hasta culminar de nuevo con la derecha con un doble circular y una dosantina perfecta. Sobraron las giraldillas aunque la faena se cerró con sabrosos adornos. 

Par entonces ya estaba descolgado el animal y los dos pinchazos previos a una buena estocada, impidieron el triunfo orejófilo del mexicano. La gran ovación que le dedicó el público tuvo la suficiente fuerza para que Luís David hubiera dado una vuelta al ruedo. Y la empezó. Pero por los pititos de no más de tres o cuatro espectadores, Adame renunció a darla. Mal hecho. Debió darla por completo porque tras una faena tan redonda hay que darla por puro sentido del amor propio. Antes estas cosas no pasaban nunca.

Adame quiso repetir la hazaña con el sexto – casi y sin casi un toro con toda la barba – tras ejecutar un perfecto quite por zapopinas. Pero este último ejemplar aunque también propicio no fue tan enterizo como el tercero y la faena, siendo buena, no la pudo ligar como la suya anterior por lo muy abajo que se vino el animal.


De la otra importante labor de la tarde a cargo de Pablo Aguado con el también muy buen novillo quinto, cabe destacar por delante sus intervenciones con el capote. Sobre todo el recibo por faroles de rodillas pese a que el animal salió suelto de los primeros. No le importó a Pablo, se las arregló para consumar su brillante propósito al que añadió un galleo por rogerinas para llevar el novillo al caballo, por cierto estupendamente picado por Mario Benito. 
La faena, excelente, tuvo el marchamo añadido en su devenir con la clase que a Aguado le distingue. Ya se la habíamos anotado en alguna de sus actuaciones en su Sevilla. Si los redondos tuvieron empacada calidad, los naturales resultaron magníficos de principio a fin pese a que el animal terminó rajándose. La estocada fue de las de matar muriendo. Entregadísima. Pero por algo defectuosa en su colocación, necesitó el descabello. Pablo perdió las dos orejas ya ganadas con nada menos que seis golpes con el descabello. Fatalidad se llama a esta desgracia.


Del resto del festejo, bastante menos lucido, cabe anotar otra buena actuación de Aguado frente al segundo toro al que saludó con templada firmeza por verónicas, quitó por gráciles chicuelinas y muleteó con muy buenas intenciones hasta lo poco que duró su claro embestir. Venido enseguida abajo, Pablo se empeñó demasiado tiempo en prolongar un trasteo que no tuvo buen final por ponerse pesado.


Termino con el primer espada, el salmantino Alejandro Marcos, otro diestro estupendo con un gran concepto del toreo y con muy buen aire, tanto con el capote como con la muleta. Pero sus dos novillos duraron muy poco y la gente se cansó en los baldíos empeños del matador. Ya he dicho antes por qué no caben estas prórrogas muleteras por absolutamente inconvenientes e inútiles.