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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 27 de agosto de 2016

Recordando a Víctor Barrio: Llanto en Teruel / por Fernando S. Gª Terrel.



"...No me gustaría que la plaza de toros de Teruel se llamase, la de Víctor Barrio, basta con que cada año en sus fiestas se recuerde al matador que con tanta ilusión acudió a ella y en el empeño dejó su vida. Me consta que el pueblo turolense se volcó con él y su familia pero el dolor no ha de ser perpetuo..."

LLANTO EN TERUEL

Fernando S. Gª Terrel
Zaragoza, 19 de agosto de 2016
España estaba de fiesta pese a que nuestros políticos seguían haciendo lo imposible para que eso no sucediese, pero el pueblo soberano decidió que en este año de confusión electoral también se celebrasen, como siempre esos días festivos de quitapesares, esas fiestas como las de Teruel, llamadas del Ángel o más popularmente La Vaquilla en las que el toro se erige en protagonista por excelencia de los festejos paganos a pesar de tanto cursi y animalista.

Se caracterizan, entre otras cosas, por sus toros ensogados por las calles del centro de la ciudad, preferentemente en su plaza mayor, la del Tórico, para después de comer intentar conseguir acólitos con los que poblar los tendidos de su plaza de toros neomudéjar que para sonrojo de propios y extraños continua innominada. Yo hace tiempo que le hubiera puesto el nombre del mejor matador de toros turolense, “El Coloso de Cretas”, nada menos que Don Nicanor Villalta.

No es de recibo que esto suceda en la Ciudad del Toro en la que, según su leyenda, para fundarla reunieron a sabios y gentes principales de villa buscando señales y presagios, encontrando favorable la de que un toro mugiera desde un alto (que se correspondería con la plaza principal actual, la del Tórico) y que sobre él brillara una estrella. 

De este encuentro toma el nombre (según algunos autores) la ciudad, que provendría de juntar en una palabra el vocablo "toro" y el nombre de la estrella, "Actuel", formando de este modo la palabra "Toroel", y después "Toruel". De este fortuito encuentro procedería también el símbolo del toro y de la estrella, que se puede observar tanto en la bandera como en el escudo de la ciudad, además de en el monumento de las vaquillas (en el que se observa a un vaquillero confrontándose con un toro y a un ángel situándole la estrella al toro). Y pese a todo, su coso taurino sigue sin nombre.

Más, quiero centrarme en la feria taurina de este año, en el cartel de la corrida del 9 de julio, que la empresa de turno montó para animar a los aficionados a llenarla y que reunía los suficientes alicientes para lograrlo pues lo formaban: el jienense Curro Díaz (arte puro), el burgalés de Aranda de Duero, “Morenito de Aranda”, triunfador del pasado San Isidro matritense y no exento de calidad artística y el espigado y jovencísimo segoviano de Grajera o Sepúlveda (tanto monta), Víctor Barrio, figura en ciernes.

Se enfrentaban a toros de encaste “Santacoloma”, brevilíneos, de capas cárdenas y de no excesivas encornaduras, tres de los cuales pertenecían a la ganadería de gaditana de Ana Romero que tiene su finca en Alcalá de los Gazules, y otros tres a la zaragozana de “Los Maños” que pastan en la finca “Vistahermosa” de Luesia, en pleno prepirineo a una altitud próxima a los 800. Sobre el papel, la tarde se presentaba esperanzadora por los alicientes que reunía el cartel.

Todo transcurría con normalidad hasta que salto al ruedo el tercer toro de la ganadería aragonesa marcado con el número 26, de nombre "Lorenzo", de 529 Kg. de peso, nacido en abril de 2012, de capa negro bragado. Su lidia le correspondía a Víctor Barrio que lo recibió con gusto y toreó bien hasta que el viento produjo el descoloque de la muleta cuando el diestro iniciaba el toreo al natural. Estaba realizando una buena faena cuando el animal lo cogió con brusquedad, sacudiéndole un fuerte y seco derrote corneándole en el pecho -llegándole hasta el pulmón-. Tras caer al suelo después de ser volteado fue llevado a la enfermería por sus compañeros. Curro Díaz, se hizo cargo de la muerte del toro tras el terrible suceso. Al saberse la noticia de su muerte se suspendió la corrida

Resultó una brutal y mortal cogida que recordó a la sufrida por José Cubero "Yiyo" en Colmenar Viejo, el 30 de agosto de 1985. Es conmovedor conocer el tributo que ambas tragedias han exigido a la familia de subalternos de “los Saugar”, que casualmente han llevado en sus brazos hasta las enfermerías de ambas plazas a los diestros a cuyas órdenes toreaban con el corazón partido. En Teruel seria el hijo de “El Pali”, Pablo Saugar quien recogió entre sus brazos el cuerpo sin vida de Barrio mientras que su padre lo hizo en su día con el “Yiyo” en Colmenar.

De siempre he escuchado a los veteranos matadores y subalternos que las cogidas se producen por fallos de los propios diestros ya sea por falta de concentración, exceso de confianza y de festejos o “atoramiento”, por quedarte al descubierto, como en este caso…y sobre todo que las cornadas más certeras, las mortales, las suelen dar los toros de menor encornadura, como sucedió en Teruel.

Esas dos cornadas mortales también recuerdan a las sufridas por los banderilleros Manolo Montoliú y Ramón Soto Vargas en 1992 en La Maestranza sevillana. Durante los últimos cien años un total de 134 profesionales del toro, 33 de ellos matadores, han muerto como consecuencia de las heridas sufridas mientras toreaban en plazas, fincas o tentaderos.

El destino de Barrio dijo su descubridor y primo “Cuchareta” estaba escrito, ya que "Víctor no tuvo una buena tarde en Las Ventas el pasado San Isidro, y sabía que necesitaba el triunfo para despuntar como figura, pues además televisaban la corrida, así que la noche anterior hablé con él y me dijo: “Mañana, en Teruel, a vida o muerte'".

Que Víctor Barrio murió torero no admite dudas. Y que nació torero lo demuestra el primer disfraz que se puso a los tres años y que le había regalado su primo, “Cuchareta” quien no arrepiente de haberle inculcado el oficio, aunque los padres del torero, que regentan una panadería y un bar, trataran de disuadirlo. Querían que el chico estudiara. Y que se ganara la vida con normalidad fuera de los ruedos. Hoy se lamenta "No hay derecho, no hay derecho. Víctor Barrio era la reencarnación de Manolete. Alto, espigado, vertical. Era una fotocopia, pero nunca pensé que iban a parecerse en la muerte"

“Manolete”, efectivamente, fue uno de los ídolos de Víctor del que incluso hay quienes veían retazos del mítico maestro cordobés en su forma de torear hasta tal punto que estando iniciándose en la escuela taurina de Durrielo, llegó a grabar un vídeo con imágenes suyas toreando entremezcladas con faenas de Manolete. El diestro vallisoletano “Joselillo”, que luego sería su apoderado, al verlo se quedó prendado de su toreo “amanoletado”.

En julio de 2008, Barrio toreó su primera novillada sin picadores en las Ventas de Retamosa (Toledo) punto de partida de su meteórica carrera como novillero, que le llevó en 2011 cuatro tardes a Las Ventas convirtiéndose en la revelación de la temporada, donde también tomo la alternativa el 8 de abril de 2012

Raquel Sanz, su esposa, con la que contrajo matrimonio el 11 de octubre de 2015, especialista en redes sociales, publicitaba sus actuaciones, ya que, cámara en ristre, acudía siempre a la plaza, lo que desgraciadamente hizo que presenciara su muerte en directo en Teruel 

Su muerte la lloró todo el mundo del toro del que su viuda, familia y amigos recibieron muestras de dolor y más que nadie sus vecinos sepulvedanos. Hasta una funcionaria de la Oficina de Turismo se desmorona delante de los turistas y pide a los periodistas que asistieron a su funeral no solo respeto sino que: "Por favor, escriban que Víctor fue torero desde que nació y ha muerto torero"

Ese triste día, un capote y una fotografía de Víctor Barrio colgaban del balcón del edificio donde residía en Sepúlveda (Segovia) cuyos habitantes tratan de disimular la tragedia. A las siete de la tarde, todos los vecinos peregrinarán hacia el pabellón de deportes, donde se ha instalado la capilla ardiente. Han vestido a Víctor Barrio de luces. Los turistas preguntan qué hace un capote colgando en la torre del reloj, que quién es Víctor Barrio y por qué hay tantos periodistas en la plaza. 

A aquella cita de Teruel, a su plaza sin nombre, acudía con la misma ilusión que el propio diestro la ganadería zaragozana de “Los Maños” que se presentaba en Teruel después de unos meses de grandes éxitos, tras el indulto del novillo “Quejoso” y el premio al mejor toro en la corrida concurso de ganaderías, ambos obtenidos en el coso de Pignatelli de Zaragoza. 

Ahora la racha se ha roto tras la tragedia de Teruel. El toro del infortunio, estuvo como sobrero en Zaragoza en otoño. No tenía grandes defensas pero su bravura le empujó a atacar con saña al torero cuando hizo presa en el suelo. "Fue terrible y todo ello en menos de dos minutos", se lamentaba el ganadero, "Estamos destrozados”. La ganadería lucirá, durante un año, divisa negra en señal de luto por Víctor Barrio, torero, de 29 años, el primer fallecido en un ruedo español desde 1992, el primero del siglo XXI.

Mientras el mundo del toro enmudeció al instante y mostraba su cariño por el torero muerto y por su viuda, la tragedia servía de excusa para que surgiesen comentarios insensibles e insensatos por parte de antitaurinos que valoran más la vida de una bestia que la de un ser humano produciéndose un cruce de insultos, acusaciones y reproches en las redes sociales en los algunos dejaban comentarios a favor del toro y otros, directamente, celebraban la muerte del torero.

Parece ser que la Justicia no los ha considerado lo suficientemente injuriosos ni graves amparándolos en el derecho a la libertad de expresión. Con lo que desde luego no estoy de acuerdo por la gravedad de los vistos en los medios de comunicación. 

Al menos las figuras del toreo honrarán la memoria de Víctor Barrio el próximo 4 de septiembre en Valladolid. Juan José Padilla, José Tomás, Morante de la Puebla, Julián López «El Juli», José María Manzanares y Alejandro Talavante formaran el cartel de esta corrida en homenaje al torero fallecido y además de servir de tributo al matador, destinaran parte de los ingresos a erigir una obra de arte en su memoria. El resto de los beneficios serán para la Fundación del Toro de Lidia, organismo encargado de promocionar y defender la Tauromaquia, cosa que tanta falta nos hace.

No me gustaría que la plaza de toros de Teruel se llamase, la de Víctor Barrio, basta con que cada año en sus fiestas se recuerde al matador que con tanta ilusión acudió a ella y en el empeño dejó su vida. Me consta que el pueblo turolense se volcó con él y su familia pero el dolor no ha de ser perpetuo