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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 27 de agosto de 2016

7ª de las Corridas Generales en Bilbao. José Garrido vencedor absoluto en un mano a mano tan incomprensible como escandaloso / por J.A. del Moral.


En resultados, lo de Garrido fue bastante más que haber podido salir a hombros de la plaza que un estúpido presidente le robó inexplicablemente.

El paseíllo transcurrió en medio de las protestas – pitos, gritos y palmas de tango – del púbico por disconformidad con la solución adoptada por los organizadores para recomponer el cartel, dada la obligada ausencia del anunciado Andrés Roca Rey.

José Garrido vencedor absoluto en un mano a mano tan incomprensible como escandaloso

J.A. del Moral· 27/08/2016
Bilbao. Plaza de Vista Alegre. Séptima de feria. Tarde medio nublada con algo más de media entrada muy repartida.
Seis toros de Torrestrella, magníficamente presentados en variedad de pelajes. Dieron juego desigual en distintos grados de bravura y de nobleza. Así el encastado que abrió plaza. También el estupendo por el lado izquierdo segundo. Asimismo más noble por el izquierdo que por el lado derecho el tercero que murió prácticamente inédito por el bajón que padeció su matador. Blando aunque finalmente noble por el lado derecho el cuarto gracias a la pericia de quien lo mató. El quinto también acabó rompiendo por el lado izquierdo por lo mismo. De espectacular estampa el ensabanado capirote sexto que dio brillante juego en su salida aunque luego se vino muy abajo. 

Alberto López Simón (pizarra y plata): Pinchazo hondo saliendo desarmado, lo mismo tras atizar un bajonazo y dos descabellos saltando el estoque hasta alcanzar a un espectador del tendido bajo de sol. Luego de morir el animal, el matador se disculpó. Estocada baja pasando a la enfermería tras mostrarse impotente al parecer por sufrir una lipotimia en plena faena donde fue atendido por los médicos. No volvió s salir al ruedo por ser trasladado a un hospital aquejado de molestias descritas en el siguiente parte facultativo:“Durante la lidia del tercer toro fue atendido de una alcalosis respiratoria con cuadro vasovagal. Necesitó de asistencia ventilatoria y ansiolítica que le impidió continuar la lidia.Pronóstico leve que le impide continuar la lidia. Firmado: José Luis Martínez Bourio”.
José Garrido (obispo y oro): Pinchazo hondo y buena estocada, gran ovación. Estoconazo contrario, fuerte petición de oreja, injustamente denegada por el palco y vuelta al ruedo clamorosa, con posterior bronca a la presidencia. Gran estocada, oreja y fortísima petición de la segunda asimismo denegada cerrilmente por la presidencia que volvió a ser abroncada. Pinchazo y dos descabellos, aviso y gran ovación que le acompañó hasta abandonar el ruedo.

El paseíllo transcurrió en medio de las protestas – pitos, gritos y palmas de tango – del púbico por disconformidad con la solución adoptada por los organizadores para recomponer el cartel, dada la obligada ausencia del anunciado Andrés Roca Rey. Estas protestas continuaron hasta la salida del primer toro de la tarde.


Y estás protestas debieron ser la causa del desfondamiento anímico que sufrió Alberto López Simón antes de la salida del tercer toro de la tarde. Algo verdaderamente grave debió pesar en su cabeza porque, si yo mismo, llegué a la plaza a sabiendas de lo que había sucedido para que la corrida hubiera quedado en un mano a mano entre los dos toreros actuantes y que nadie lo haría sustituyendo a Roca Rey, se debió a las presiones del sempiterno acompañante, apoderado, apuntador o lo que sea el señor que en todas sus actuaciones persigue por los callejones a su pupilo dándole consejos y directrices a voz en grito – inadmisible se mire por donde se mire como vengo denunciando repetidamente -, lo que también nos hace suponer que el culpable de que nadie hubiera sido el sustituto del peruano y menos que nadie, Ginés Marín. Al parecer vetado continuamente por el ínclito sujeto como también fue barajado el nombre del recientemente triunfador en Madrid, Jiménez. Una guerra realmente sucia y bochornosa que indica la poca confianza que el tal caballero tiene en su torero. Porque, si la tuviera, no osaría cerrar el paso a nadie. Cuestión harto complicada para López Simón quien durante el festejo hizo unas declaraciones mostrándose totalmente ajeno a los tejemanejes de su mentor. Justificación ciertamente mosqueante
¿Entonces? Pues que me atrevo a sugerir al joven aspirante a figura que así, con estos procedimientos pseudomafiosos, nunca lo será. Y que una de dos: o López Simón acaba con el impenitente o el impenitente será quien acabe con él.
Y, para colmo de los colmos, lo peor de todo: la increíblemente y asombrosa aquiescencia de los responsables de la organización – La Junta Administrativa de la plaza de Vista Alegre y la empresa Chopera – a los muy turbios deseos y caprichos del ya famoso mentor de marras con sus intolerables imposiciones. Una bajada de pantalones que jamás hubiera protagonizado el padre de sus hijos, el inolvidable Manuel Chopera que Dios tenga en su Gloria. ¿O no?

Pues por lo visto la cosa no quedó en Bilbao porque en la misma plaza nos enteramos de que López Simón – o sea, su director espiritual – se había ofrecido a sustituir a Roca Rey en Colmenar Viejo anunciando que sus honorarios serían destinados a la Fundación Víctor Barrio, recientemente creada. Es decir, que se atreven hasta presumir de ser benefactores con el solo objeto que nadie más que López Simón fuera el sustituto del joven fenómeno limeño. ¿Ustedes se imaginan a Roca Rey haciendo lo mismo? Hombre, por Dios, ni de coña. ¿Verdad, tocayo Campuzano? ¿Verdad Ramón Valencia?…

En fin…, perdonen que me haya extendido en estas consideraciones previas que, a la postre, fueron el motivo del esperrengue sufrido por López Simón. Una pena de chico… Hoy almuerzo con los médicos de la plaza de Vista Alegre y seguro que me enteraré del real “ataque de ansiedad” del torero de Barajas porque hasta hubo a mi lado gente que durante la corrida, así como varios WhastApp que recibí, en los que me hablaron hasta de comedia…


Así está ahora mismo el ambiente que tiene que sufrir y respirar Alberto López Simón. Que tiene que soportar y respirar el que se pone delante, el que se juega la vida para que unos deslamados ejerzan su poder a costa del torero. López Simón fue ayer la gran, la única víctima de las prepotentes intenciones de quienes supuestamente dirigen sus primeros pasos. Y así no se puede seguir. No se puede seguir de ninguna de las maneras, so pena de caer para siempre en el intento. Pasemos ahora a lo acontecido en el gran escenario de la corrida.

Porque en las crónicas taurinas, de cada corrida hay que contar los argumentos dramáticos además de los técnicos. En la de ayer, como en otras tardes anteriores, parte del drama fue protagonizado por un sujeto que se está convirtiendo en odioso y hasta en despreciable. Me refiero al presidente de la plaza de Vista Alegre. Este señor, está cada año más y más y más… poseído de sí mismo. Se ha convertido en un dictador cuasi facioso. Dirige la “orquesta” como le viene en gana y premia o castiga con una clamorosa arbitrariedad. Ayer, la china le tocó al segundo contendiente, José Garrido. Le robó vilmente dos orejas. Una del cuarto toro y la segunda del quinto, imagino que tratando de que al niño de sus ojos, Diego Urdiales, nadie le quitara el premio al triunfador de la feria. Pero, oigan, este tío, ¿quien se ha creído que es? El robo de ayer a Garrido fue manifiestamente intolerable, de juzgado de guardia. Y esto sí que fue un drama.


La clamorosa actuación de Garrido


Salió a por todas y no es un tópico lo que digo. A por todas y a demostrar que el gran triunfo conseguido en aquella mañana que mató seis novillos en solitario del que dijimos que este niño va para gran figura, tuvo real razón de ser. El caso de Garrido es que o estaba tapado o lo tenían tapado. Me inclino por pensar más en esto último.


Soberbio a la verónica en su saludo al segundo toro de la tarde. Un imponente animal, bravo, encastado y claramente noble al que toreó con la derecha – menos por el otro peor lado – con tanta grandeza y autenticidad como con definitorio temple. Ganando un paso a cada muletazo a medida que el burel fue perdiendo fuelle con un valor impresionante. Tenia su primera oreja en la mano. Pero pinchó antes de agarrar una gran estocada. La ovación que recibió fue de campeonato.
Su faena frente al enorme cuarto fue de las que definen el porvenir de una gran figura. El toro tenía muy escondidas sus posibilidades por el pitón derecho y Garrido supo y pudo descubrirlas con ciencia y paciencia. Llegado este momento, su toreo volvió a ser pluscuamperfecto además de muy arriesgado. Impresionante la imponencia y la capacidad del torero. Y la plaza loca de entusiasmo. 
Cerró su labor por arriesgadísimas giraldilla tomando la muleta sin la ayuda del palo y en tres ocasiones cogido y no herido de puro milagro. Bullían los tendidos antes de entrar a matar y de lograr un estoconazo contrario de tanto atracarse. ¿Fue esta colocación de la espada la razón a la que se agarro el presidente para negar una imponente y mayoritaria petición de oreja? Lo ignoro. En cualquier otra plaza del mundo se la hubieran concedido de antemano y en muchas las dos. El enfado del público con el palco fue atronador. Y la vuelta al ruedo que dio Garrido como si llevara un rabo en las manos.

Garrido tuvo que matar los dos últimos toros por el desfondamiento físico y mental de su contendiente. Se cambiaron los turnos en la creencia de que López Simón saldría para matar el sexto. Con el que hubiera sido el último toro de la tarde, Garrido estuvo hecho un coloso porque el animal no se lo puso fácil sino todo lo contrario. Como en el cuarto toro, el extremeño se fue haciendo con el difícil animal poquito a poco hasta conseguir que embistiera para bien por el pitón derecho, y hecho un indestructible león torero. Breve al natural porque por eso pitón fue realmente imposible, volvió a la diestra mano regodeándose en cada muletazo y poner la plaza boca abajo. Y aun más hasta el delirio de los espectadores cuando repitió con la izquierda logrando maravillosos naturales. El milagro fue patente y todos pensamos en que el funesto presidente tendría que recompensar su dislate anterior en cuanto Garrido matara pronto y bien. Lo que hizo en medio de un desbordante clamor. Pues, increíblemente, solo le concedió la primera. Se negó en redondo en dar la segunda. El alocadamente soberbio don Matías no quería que Garrido pudiera salir a hombros de ninguna manera porque ya se sabía que a López Simón le habían llevado en una camilla y todavía vestido de luces hasta la ambulancia que le trasladó a un hospital. Y es que faltaba por salir el que hubiera sido quinto, no fuera a ser que a este no le cupiera más que darle las dos… 

Esta mentalidad contable de trofeos desde el palco para evitar que un torero salga a hombros es literalmente enfermiza. Una canallada. Y la gente bramando de indignación.


El torazo, de pelo jabonero capirote en cárdeno, fue una hermosa pintura. Pero lo que llevaba dentro, no. Más bien un chafarrinón cuando Garrido tuvo que torearlo con la muleta. Corto de viajes e inmisericorde derrotón por las alturas. El fiasco fue grande porque en el recibo, Garrido se había ido a porta gayola y el burel saltó por encima del torero que tuvo que tumbarse en la arena para librarse del tifón.


Lejos de amilanarse, Garrido repitió por dos veces seguidas un par de limpias largas de rodillas en el tercio, continuando por estupendas verónicas que remató con media sensacional, mas un posterior y bellamente oportuno quite. Por eso, cuando el toro se puso imposible para la mulata, el público se vino abajo y el presidente arriba respirando de canallesca satisfacción. Por tres veces falló Garrido con los aceros, sonó un aviso y el torerazo tuvo conformarse con una despedida mientras, andando, abandonó la plaza…


El finalmente ausente desde su marcha a la enfermería, salvo en un buen recibo por verónicas con el toro que abrió plaza, llevó a cabo una larga y templadamente decreciente faena tras el quite por estupendas chicuelinas de Garrido y una vez cubierto el tercio de banderillas. Y lo que empezó entre palmas terminó en pitos de menor a mayor intensidad cuando Garrido mató de pinchazo hondo con desarme, un sartenazo ignominioso y dos descabellos, volando el estoque en el primero hasta el tendido y alcanzando a un espectador en medio de sustazo de quienes le rodeaban.

Por entonces ya andaba López Simón atolondrado. Como por cierto le vimos frente al tercer toro hasta que cortó la faena repentinamente yéndose al callejón en un mar de lágrimas cuando se fue a cambiar la espada y una vez pegar un bajonazo. Fue un desastre comprobar a donde le habían conducido los tejemanejes de sus mentores. Que Dios te ayude y te libre de estas gentes, Alberto.