la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 14 de enero de 2017

AURELIO GARCÍA HABLA EN BANDERILLAS NEGRAS



En Banderillas Negras recibimos a un grandísimo picador, ya leyenda. Un hombre de voz firme y educada con una trayectoria vital inseparable del toro. Una escuela salmantina que él representó como pocos con una labor eficaz y callada que le valió la gloria al lado de los más grandes del toreo. Hablamos con Aurelio García.


¿Cómo llegó al toro?

Llegué al toro porque mi padre era mayoral de la casa más grande de España, Antonio Pérez de San Fernando. Allí, siendo él mayoral, empecé a practicar en tentaderos y ahí surgió mi afición. Llevaba montando desde los cuatro años y, la verdad, nunca me dio por torear a pie.

Una escuela única.

Era una ganadería muy buena. Iba a todas las ferias y la mataban las figuras. Antes las figuras apenas iban a América y en esa casa entrenaban . Recuerdo que Manolete, siendo niño, para acá todos los años un par de figuras pasaban allí el invierno.

¿Cómo da el salto al profesionalismo?

A base de practicar en el campo decidimos debutar en una plaza de toros. No pasé ni por festivales ni por novilladas, directo al toro. En San Sebastián de los Reyes debuté hacia el año sesenta y ahí me quedé, cincuenta años. 3500 corridas con todas las figuras de este país.

Picador nacido en el campo

La base principal es saber montar a caballo. La suerte se hace con la mano izquierda y con la espuela del pie izquierdo, no es con fuerza bruta. Los que ahora funcionan, hay muy buenos picadores, proceden del campo: mayorales, hijos de mayorales...

Llega Andrés Vázquez

Pasé por un sin fin de toreros. Con Dámaso estuve catorce años, Julio Aparicio, Ortega Cano, Curro Romero... no quiero olvidarme de ninguno. Estuve con la mayoría de figuras y nunca me gustó cambiarme si estaba a gusto. No me quiero dejar ni a Viti ni a Soro tampoco.
Con Andrés matamos las más dura. La camada de Victorino caía todos los años y, fíjate, me retiré con Luis Francisco Esplá matando lo mismo.
Mi historial es bastante amplio y estoy muy orgulloso de mi profesión.

En las conversaciones que hemos mantenido con compañeros suyos vemos diferentes estilos, ¿cómo se pica a un toro?

De frente y el toro al estribo, entre el pecho y el estribo. Moviendo el caballo, levantando el palo y echándosele. Otros salen con el palo más montado, pero yo nunca he picado así. Cuando así, le cogías bien, a la gente le llegaba. 

Hablemos de la evolución del tercio de varas. Primero, el toro.

El toro es más grande, con más peso, pero se mueve menos que en los 80. Estaba más encastado, había que pegarle más. Ahora salen muchos toros, por su volumen y selección, prácticamente picados de chiqueros. Antes se movía más. 

Un gran picador como usted, junto a figuras del toreo. ¿Quién decidía cuanto había que picar?

A mí nadie me decía nada. Sabía medir la fuerza, había que mirar el encaste también. Normalmente no me tenían que decir nada. 

¿Usted es favorable al saludo de los picadores e incluso la vuelta al ruedo?

Nosotros nos debemos al matador, las ovaciones son para él. Tengo entre cincuenta y sesenta trofeos de Sevilla, Madrid, Valladolid, Santander, Zaragoza, Barcelona... Si los he conseguido ha sido por coincidir brillante y eficacia. Nunca salí a buscar premios. Hay que buscar dejar al toro lo más ahormado posible.

¿Cómo ha cambiado el caballo?

Su peso está reglamentado. Está bien domado, le tienen bien preparado. Es más cómodo picar con él que antiguamente. Ibas a América y tenías que picar con caballos del ejército, sin torear, era más difícil. Ahora hay empresas de caballos que les preparan muy bien.

El tercio de varas, ¿en la contraquerencia o en la querencia que marque el toro?

En contraquerencia, ahí buscamos que no tenga esas querencias. Es ahí donde cantan si son bravos, nunca lo pueden cantar en toriles. El toro bravo tiene que pelear frente a la puerta de chiqueros. Si pelea en chiqueros, en su ventaja, siendo manso da una impresión equivocada.

¿Cree que se valora menos el tercio de varas?

Sí, porque el toro sale más voluminoso y con otra selección. La suerte es muy bonita e imprescindible y no la dan tanta importancia. Cuando abren a un toro de lejos en un concurso la gente lo valora, pero, en general, se valora menos. 

¿Y los profesionales?

Lo valoran menos. Creo que esto va por generaciones. La que hay ahora no es la misma que la de antes. No digo que sean ni mejores ni peores pero el toro era de otra forma igual que lo son los matadores. 

¿Cómo era la Unión de Picadores en su época?

Muy fuerte, muy buena. Todos íbamos a una y así conseguimos muchas cosas. Conseguimos la Seguridad Social porque antes dependíamos del sanatorio de toreros. Logramos tener una posición en honorarios tal que cada año íbamos subiéndolos. Estábamos unidos, ahora yo creo que siguen con el sindicato, pero no es la misma unión porque hay más sindicatos, antes solo uno. 

En esa Unión había grandes picadores, ¿en cuál se fijaba usted?

Mi hermano, Juan Mari. Ha habido varios muy importantes. 

Dos hermanos con estilos diferentes.

Sí, cada uno teníamos el estilo diferente pero los dos dentro de la normalidad.

No me gustaría acabar la conversación sin preguntarle un tópico, la raya.

Hay toros a los que no hay más remedio que hacerles la carioca, si no es así al ser manso, no le picas. La gente se enfada, es lógico, pero hay que ver las condiciones del toro igual que a la hora de juzgar al matador. Si no miras al toro... A un bravo no hay que taparle la salida, pero a un manso sí. 

Un toro que nunca olvida

Tengo muchos. Uno de los más grandes que he picado fue un Miura en Zaragoza de 712 kg, con Rafaelillo. Le recuerdo al igual que a otro muy grande con Dámaso en Bilbao.

Cuando usted se retira también inicia un camino como apoderado.

Fui más amigo que apoderado profesional. Desde que empecé me ha gustado ayudar a los que empiezan y a matadores con los que he ido como Teruel, Aparicio o Samuel López. Yo a comisión o algo parecido no, no he sido un apoderado profesional.

Una carrera feliz.

Sí, si volviera a nacer volvería a hacer lo mismo. Me he tirado cincuenta años retirándome con 68 años y porque me partió un toro la pierna en Almería con Esplá. Me respetan mucho los picadores, los empresarios, los propietarios de cuadras... me siento orgulloso al respecto. 

¿No tuvo usted problemas al retirarse con esa edad?

No querían que siguiera porque estimaban que quitaba el puesto a otro, algo que no es real. Aquí si sirves te llaman, si no sirves para casa. Yo iba con un torero que no es dudoso como Esplá, Si picas bien, si no, para casa. Aquí no nos contratan para hacer el paseíllo y sí para hacer una función que si no haces te vas a casa. Yo a los mayores les respetaba, me fijaba en ellos y nunca me molestaron en mi carrera. Me fui abriendo camino porque consideraron que era válido, aquí nadie regala nada. Si estás con figuras no es por bonito o por feo, es por cumplir con tu obligación. Una obligación que debes cumplir todos los días.