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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 31 de enero de 2017

Otro que se ha ido... / Por Paco Mora



Rafael Pedrosa era un tipo serio, educado e inteligente y como torero se la jugaba cada día, y además tenía un buen trazo con capote y muleta. Descanse en paz el buen torero burgalés.

Otro que se ha ido... 

Cada día me acuerdo más de aquel verso del poeta que decía: “Dios mío, que solos se quedan los muertos”. Aunque yo lo entiendo al revés, pues somos los que sobrevivimos quienes nos quedamos cada día más solos. Conocí a Rafael Pedrosa en sus tiempos triunfales de La Monumental de Barcelona donde tenía un bien ganado cartel. Solíamos tomar café casi cada día –él pasaba mucho tiempo en Barcelona-, en el establecimiento de aquel gran aficionado que se llamaba Joaquín Carrasco, buen amigo de Jaime Ostos que también solía recalar a menudo por aquel templo taurino que era el Café Atlántico situado en el comienzo de Las Ramblas, una arteria viva y radiante por aquellos días.

Si tendría Pedrosa cartel en Barcelona que llegó a la Monumental cuando ya se habían lidiado tres o cuatro novillos en el festival que se celebraba a beneficio de los damnificados por la riada del Valles del año 1962, lo vio en el tendido Don Pedro Balañá, y, pese a la largura del espectáculo en el que se anunciaban seis toreros por la mañana y otros seis por la tarde, ordenó que se echara un séptimo toro en la ya casi tarde-noche, para que el torero de Burgos cerrara el acontecimiento taurino. Tuvieron que prestarle a Pedrosa un traje corto y los trastos de torear. Así es que a lo que comenzó con Domingo Ortega, Rovira, Manolo “El Andaluz” y Carlos Arruza, él le puso el The End.

Por aquel tiempo yo dibujaba historietas infantiles para Bruguera y Toray, y Rafael pasaba muchos ratos haciéndome compañía en mi estudio, ubicado también en Las Ramblas. Hablábamos de toros mientras yo dibujaba y él permanecía sentado en una butaca frente a mí. A veces hasta hacia sus pinitos lapicero en ristre. Era un tipo serio, educado e inteligente y como torero se la jugaba cada día, y además tenía un buen trazo con capote y muleta. Descanse en paz el buen torero burgalés. Y lo dicho, ¡qué poquitos vamos quedando! Aunque algunos podrían contestarnos; “¡Pero qué mala leche tenéis!” Y no es eso, lo que ocurre es que más sabe el Diablo por viejo que por Diablo...