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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 30 de enero de 2017

Estadio Bernabéu: qué buen vasallo si hubiera gran señor.../ por Juan Manuel Rodríguez



Anoche, y en un partido que cualquiera con un poquito de sentido común habría detectado como fundamental para el devenir liguero, el público del Bernabéu, la afición del vigente campeón continental, salió a pitar a Danilo y también a Benzema y, a las primeras de cambio, acabó pitando a su máximo goleador histórico, que terminó regalándole el primer gol a Kovacic y marcando el segundo, que cerraba el partido contra la Real Sociedad.

Estadio Bernabéu: qué buen vasallo 
si hubiera gran señor...

Cuando el otro día Dieter Brandau apeló en Fútbol esRadio al público del Bernabéu, yo no pude por menos que esbozar una sonrisa, que él, que forma parte del mobiliario móvil del estadio desde tiempos inmemoriales, me recriminó: "¿Tienes que decir algo de la afición del Madrid?"... De la afición del Real Madrid, que es la mejor y más fiel del mundo, no tengo que decir nada, pero del público del Bernabéu sí tengo que decir. Al público del Bernabéu (y generalizar acarrea injusticia) le gusta que le digan lo que es: exigente, crítico, vitriólico, a veces cínico... Hay un amplísimo sector del estadio que se ufana cuando lo defines así, que saca pecho y que lo resume todo en los años y más años que lleva viendo a los mejores jugadores del mundo ganándolo todo; pero lo que repele a ese mismo público es la cara B del long play: no le gusta que le digan que no anima, que pita con un guión en la mano y antes de que los jugadores salten al campo; al público del Bernabéu no le gusta que le digan la verdad, no le gusta que le digan que no es, ni de lejos, el mejor público del mundo.

Del partido de anoche en el Bernabéu salió el líder, a la sazón campeón y supercampeón europeo y campeón mundial, más líder aún tras los empates del Barça y del Atleti y la derrota del Sevilla. Cuatro puntos de distancia mete por medio el equipo de Zidane con respecto a sus inmediatos perseguidores, y eso sin contar aún el partido contra el Valencia en Mestalla, que podría dejar la renta donde está o, por el contrario, incrementarla a los 5 ó 7 puntos. Pero eso al público del Bernabéu, que sólo se calienta en semifinales europeas y cuando el equipo viene de perder por 2-0 en el partido de ida, le da igual. El público del Bernabéu, que es más frío que Catherine Deneuve en Belle de Jour, antepone siempre su orgullo, ese sacrosanto nivel de exigencia nunca igualable por nadie, a la necesidad del Real Madrid, el teórico equipo de sus amores. E insisto, sale a pitar de casa con un guión: "hoy le toca a éste".

Dice Jorge Valdano que estamos exagerando, que lo peor no son los pitos sino el silencio sepulcral que te cae sobre la cabeza como si te estuvieran arrojando una losa de mármol, que en el Bernabéu siempre ha pasado lo mismo. Yo no lo creo. Anoche, y en un partido que cualquiera con un poquito de sentido común habría detectado como fundamental para el devenir liguero, el público del Bernabéu, la afición del vigente campeón continental, salió a pitar a Danilo y también a Benzema y, a las primeras de cambio, acabó pitando a su máximo goleador histórico, que terminó regalándole el primer gol a Kovacic y marcando el segundo, que cerraba el partido contra la Real Sociedad, un equipo que tuvo al Madrid contra las cuerdas durante media hora larga. En la víspera, Zidane se sentó con las manos en cuenco en la puerta de la Parroquia de los Sagrados Corazones para mendigar un poquito de cariño y Ramos hizo incluso un vídeo... pero como si nada. El cariño para quien se lo trabaje. Por ejemplo para Maradona. O para Ronaldinho. Qué buen vasallo si hubiera gran señor...