la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 8 de enero de 2017

ENRIQUE SILVESTRE "SALITAS" HABLA EN BANDERILLAS NEGRAS


Enrique Silvestre "Salitas"


Hoy hablamos con uno de los picadores más grandes de la historia del toreo, Enrique Silvestre "Salitas". Un auténtico honor que ha sido posible al genio de Plasencia Juan Mora a quién jamás podremos agradecer este magnífico regalo. Un picador legendario que hizo del primer tercio un arte al lado de los más grandes. Hombre de voz ronca, modesto en sus palabras y de trato amable. Un mito, un sueño cumplido.



Hablemos de sus inicios.

Empecé en el campo. No era como hoy, era distinto. En el campo estaba y ahí empecé picando tentaderos hasta que en 1951 me saqué el carnet con Rafael Ortega.

Impresiona. El nombre del genio, impresiona. 

Era un gran hombre y un grandísimo matador, una figura.

La verdad es que impone escuchar un nombre así con tanta naturalidad como el grandísimo picador lo nombra. Para darnos cuenta  con quién estamos hablando, solo hace falta escuchar un quinteto histórico.

Tras Ortega me fui con Ordóñez. De Ordóñez a Camino, De Camino a Capea y de éste a Juan Mora y me retiré.

Con voz tranquila señala que le han aguantado, que nunca le han dejado parado. Imposible quedarse con ninguno.

Me quedo con todos, han sido extraordinario. 

¿El picador debe formarse en el campo?

Sí, los que se forman ahí suelen ser mejores. Aprecian más al caballo y en esto hay que ser muy buen caballista. Si tú no vives el campo hay cosas que ignoras.

¿Cómo ve usted el toro?

Ha cambiado a más grande, pero a más dócil. El toro de antes era más chico, más nervioso y con un temperamento distinto. El toro pesa mucho y ahora hay grandes toreros. Ahora para cortar una oreja hay que pegar cincuenta pases. Antes con quince se cortaban.

Usted fue con un genio capaz de cortar, hace poco, tres orejas con veinte pases.

Juan Mora, un torero extraordinario. Tiene un corte de torero de los que hay muy pocos. 

Si le pidiera una faena que recuerde de él

Recuerdo unas pocas. Especialmente en Madrid y en Manizales. Hubo bastantes inolvidables con él. 

Hablemos de Paco Camino

Era muy bueno, siempre cuidaba a la gente en el campo. Recuerdo un toro suyo en Granada en su primer año. Mató una de Juan Pedro, aquello era muy bravo. Al primero le cortó la oreja y al segundo se le devolvieron por falta de fuerzas. Salió un sobrero de Arranz, puff, malo y peligroso. Paco estuvo con él para comérselo y lo mató como mataba él, como El Espartero, muy despacio. Dio hasta la vuelta al ruedo, ¡cómo estuvo el tío con él!

Hablemos de Antonio Ordóñez. 

Fue un grandísimo torero. Hemingway era uña y carne con él. Le encantaba ir a Pamplona y una poquitas de copas nos hemos tomado juntos.
Era muy buena persona. En Pamplona estábamos con él su hermano Juan de la Palma, mi hermano y Hemingway. Compró Hemingway un borrico y lo subimos a la habitación del hotel. No sé lo que pasó, pero luego se lo regaló a unos gitanos que había por allí.

Usted también visitó la cárcel por algo que ahora resultaría inconcebible

Tuve una bronca con el Capitán General de Barcelona, tuvimos unas palabrillas. Estaba en Barcelona y se le iba la lengua. Del caballo me bajaron dos guardias civiles y me metieron en la cárcel en comisaría. A las 6 de la mañana me metieron en La Modelo, con todos los chorizos de Barcelona. Estuve cinco días, del domingo al jueves. Toreaba Ordóñez esa semana en Valencia y el jueves me echaron fuera. El viernes me fui para allá.

Estamos ante un mito, historia viva del toreo. 
De Ordóñez a Juan Mora, ¿cambió mucho el toreo?

Con Antonio yo empezaba y lógicamente sabía menos que en la época de Juan. Ahí conocía más la profesión. 

No hace falta decir más, se explica perfectamente con pocas palabras. 

¿Cómo ha cambiado el caballo?

Ahora hay caballos muy buenos, muy bien vestidos. Antes eran más chicos, era más difícil. Ahora tiene bastante peso y son buenos para picar, se pica bien. Los caballos antes eran muy chicos. En América ibas a Perú y salía un toro gordo y con temperamento. Tenías que picar dos toros seguidos y con ese caballo tan chico te cogían. Costaba más trabajo que con el caballo de ahora. 
A la vista está que en Madrid de 30 corridas solo hay cuatro caballos volteados en toda la feria. Antes eran cinco o seis caídas cada tarde.

¿Se ha perdido emoción?

Sí. Antes el toro bravo daba voltereta al picador y eso al público le enganchaba. Luego el matador cogía la muleta y.… sí, había más emoción. 

¿Cree que se pica mejor ahora con el caballo actual?

Sí. A los toros hay que picarles encima del caballo y si te volteaba y estabas en el suelo no le podías picar bien. ¿Me he explicado bien?

Perfectamente. 
Don Enrique señala que a los toros para picarles bien hay que hacerlo sabiendo medirles. Si un toro hay que cuidarlo, se le cuida y si hay que darle, se le da. Siempre en su sitio y midiendo la distancia. 

¿Se valora menos a los picadores ahora?

No, igual. Ahora también hay gente muy buena a caballo que está bien colocada. Los matadores buenos miran por los picadores buenos, eso es así. El picador es una herramienta que deben tener los matadores, deben tener a los que conozcan el oficio.

Hablemos de sus compañeros, ¿cómo era la unión de picadores entonces?

Como hoy. Había gente con la que te llevabas bien y otra con la que no tanto. Yo he ido con grandísimas cuadrillas. 

¿En quién se fijaba usted como espejo?

Yo me he fijado siempre en mi hermano, en mi padre y en un tío mío, primo de mi padre. También en Barroso, Juan Mari García y Paco Atienza. Ha habidos unos cuantos picadores buenos como Antonio Díaz, El Mozo Grande que iba con Luis Miguel Dominguín...

Usted está reconocido entre los dos o tres picadores más grandes.

Eso dice la gente (risas). Otro que también ha colocado muy bien a los toros ha sido El Viti siempre, era muy grande, que no se me olvide. Llevaba muy buenas cuadrillas.

¿Era grande la rivalidad con Camino?

El Viti nunca tuvo rivalidad con nadie, era un tío muy templado. 

¿Cree que los picadores deben saludar?

Sí. Si un toro es bien picado y la gente lo aprecia me da mucha alegría. Ahí debes saludar. 

Una carrera feliz

Muy feliz porque hay mucha gente que me aprecia mucho. 

Usted nunca ha sido muy amigo de las entrevistas, le agradezco la excepción

No me han gustado nunca. Me daba mucha rabia nombrar a alguien y que me quedara algún compañero sin nombrar.

Para acabar deja un recuerdo al artífice de esta entrevista


Un abrazo muy grande para Juan y su familia. Un grandísimo torero y mejor persona.