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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 13 de junio de 2012

MADRID 1912.-JOSELITO SE PRESENTA DE NOVILLERO / Por José Mª Sánchez Martínez-Rivero.


José Gómez Ortega "Gallito"

JOSELITO 
MADRID, 13 DE JUNIO DE 1912 
PRESENTACIÓN COMO NOVILLERO

José María Sánchez Martínez-Rivero. 
13 de junio de 2012, en El Escorial.

El día 13 de este mes de junio se cumplen cien años de la presentación de Joselito en Madrid. El Titanic se había hundido, pero nacía un titán del toreo. 

En esta presentación destaca un hecho insólito en nuestros días al que nos referiremos, más adelante, en este pequeño recordatorio. El hecho puede parecer mitológico o fabuloso pero, fue real y debiera servir de ejemplo a los matadores de toros de nuestro tiempo por el pundonor que representa. 

La presentación en la plaza de toros de Madrid de un torero nuevo adquiría, en aquellos tiempos, caracteres memorables y de gran responsabilidad porque se presentaba en la universidad del toreo y, concretamente, en su aula magna. 

Madrid, pesaba y pesa mucho en los toreros de entonces y en los de hoy. 

La presentación debía hacerse con seguridad plena en sí mismo y creyendo el matador y su entorno en la capacidad del neófito, pues se trata de la primera plaza del mundo. 

Pedro Romero, dijo: “En la plaza de Madrid a los hombres les tiembla la barba al entrar en ella”. Joselito, decía al respecto: “En Madrid, no es cómodo torear; pero es necesario sostener el puesto que se tiene en el toreo”. 

Gallito, fue uno de los seres humanos, ha habido otros, que vino al mundo para ser torero. Pensaba en torero, vivía en torero. A este respecto comentaba su hermano Rafael: “José, en el Corpus de Sevilla, cerraba las puertas de las distracciones y los placeres y ya no las volvía a abrir hasta que terminaba en la feria del Pilar la temporada. Entonces, al llegar al hotel, después de despachar la última corrida del año, le decía al mozo de espadas: “Guarda todo eso y... ¡a Madrid!” 

En 1909 cuando José tenía catorce años, lidiaba una becerra en un tentadero. Un pariente suyo, se permitió indicarle, en plena faena: “Con la derecha José”. Y Joselito, mirándole fijamente le dijo: “Usted hace el favor de callarse que yo sé bien lo que tengo que hacer”. Personalidad y sapiencia desde la cuna. 

Pasemos a Madrid. En 1912 regentaba la plaza, don Indalecio Mosquera. Su representante era el señor Retana que fue quien negoció con el apoderado de Joselito, Pineda, la presentación en la villa y corte. Gallito tenía especial preocupación por este acontecimiento. 

Llegado a Madrid, lo primero que hizo fue ir a la plaza para ver la novillada en los corrales. Eran novillos del Duque de Tovar que presentaban el trapío necesario para la primera plaza del mundo y para una novillada. Cuando los vio, Joselito, exclamó malhumorado: “Yo no toreo esos novillos”. El representante de don Indalecio le soltó rápido: “Por qué”; “Porque son chicos y yo no me presento en Madrid con eso”. El conflicto estaba planteado, pues no había más novillos. En otro de los corrales, tenía la empresa una corrida de toros de don Eduardo Olea. Joselito lo sabía y pidió verla. Vistos los toros y considerando que con ellos su presentación no defraudaría, José dio su aprobación. 

Conflicto resuelto. Habría presentación con toros, en lugar de novillos, con cinco años y 550 kilos de media. Esto no tiene precedente en la historia del toreo. Hay que estar muy seguro y firme para adoptar esa decisión. Así era José Gómez Ortega, Gallito. ¡Como hoy! 

El toro, de su presentación se llamaba “Escopeta” pesando 345 kilos en canal. José lidió con arte y sabiduría. Lo recibió con un cambio de rodillas, continuando por verónicas. Hizo dos quites magistrales. Puso tres pares de banderillas magníficos. Con la espada estuvo breve, pinchando en el primer intento. 

El público, entusiasmado, ovacionó a Gallito reconociéndole el gesto de presentarse en Madrid con toros, sin haber tomado la alternativa. Fue el triunfo de un maestro de 17 años que andando el tiempo escribiría páginas de gloria en la historia del toreo. Su rival y amigo Juan Belmonte le esperaba.