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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 23 de junio de 2012

MORANTE SE EQUIVOCÓ / Por Plá Ventura


Gafas se necesitan para ver los toros que suele lidiar el de la Puebla
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"...Morante se equivocó porque sobraba el numerito de las gafas que le ofreció al presidente por aquello de no haberle dado las dos orejas. Siempre dije que, Morante es el único torero en el mundo que puede tapar un becerro con su magia y con su arte. Y le dieron una oreja acorde con el toro que tenía enfrente..." 

MORANTE SE EQUIVOCÓ
Por Plá Ventura
Qué triste debe ser vivir o tratar de sobrevivir en el mundo del periodismo, al albur del taurinismo. Eso de tener un amo al que servir para mentirles a los lectores, sinceramente, me parece la más cruel forma de ganarse uno la vida.

Y digo esto porque para mi sorpresa, he leído por ahí, no recuerdo el medio –y si lo recordara no lo diría porque yo no le hago propaganda a los acólitos del taurinismo- que ayer, en Alicante, no es que le pidieran la segunda oreja a Morante, según esta persona a la que aludo, decía, por su cuenta y riesgo que la faena de Morante era de dos orejas de Madrid. Hace muchísimos años que yo no leía semejante barrabasada; hay que ser memo para llegar a ese nivel. Aunque uno viva de las miserias del taurinismo, en el peor de los casos hay que tener una poquita de decencia y no hacer el ridículo de este modo. ¡Dos orejas de Madrid!

Por esta y mil razones más, qué dicha la mía, como la de todos nuestros compañeros por aquello de poder decir la verdad, sencillamente, porque entendemos el periodismo como una afición que nos permite defender como nadie al lector, al aficionado, puesto que jamás le contaremos milongas. Es cierto que, nosotros, en OyT somos ricos, esa es nuestra suerte. Nuestra riqueza nos impide mendigar, por tanto, la verdad es nuestra bandera.


Morante se equivocó porque sobraba el numerito de las gafas que le ofreció al presidente por aquello de no haberle dado las dos orejas. Siempre dije que, Morante es el único torero en el mundo que puede tapar un becerro con su magia y con su arte. Y le dieron una oreja acorde con el toro que tenía enfrente que, dicho sea de paso, menudo baile de corrales se produjo para tratar de que pasaran los seis animalitos que pasaron. Y en vez de las gafas, Morante debería de haberle contado por megafonía al personal lo que previamente había ocurrido en los corrales. Ellos, los taurinos, fuera de Madrid, son los amos en todos los sentidos, nos tratan a todos de retrasados mentales y, encima nos piden que les aplaudamos.

Y lo del baile de corrales ocurre todos los días; vayamos tomando nota. Si lo que se ha lidiado nos ha parecido, -y así eran- auténticos novillos, ¿cómo serían los toros previos que nos querían colar?

De que toreó como los ángeles, eso lo sabe todo el mundo; en Morante, el arte no es nuevo, ni la magia, ni tampoco el arrebato; pero sí nos resultó muy nuevo que él ejerciera de protagonista ante un hecho lamentable; las gafas debió ponérselas él para ver qué tipo de toro está lidiando. Si las llevara puestas, con toda seguridad, al ver el trapío del animalito que tenía en frente, seguro que, honradamente, se hubiera conformado con una oreja.

A Morante no le hace falta polémica alguna, su arte sobrepasa todo. Por cierto, como Morante no llevaba gafas no se percató de que, media plaza, en Alicante, es una entrada muy pobre; y eso que le acompañaba Talavante, un diestro en alza. Póngase las gafas usted, Morante y, de tal manera comprobará el estado de los pitones de los toros que usted lidia, el trapío y las ideas asesinas que tienen los animalitos con los que usted se enfrenta.

Soportar a César Jiménez ya es tener mérito y, Talavante, como pudimos ver, en los toretes que le correspondieron, no pudimos ver su mejor versión.
***Opinión y Toros

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