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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 25 de junio de 2012

Madrid.-Gonzalo Caballero sube al Cotillo. ¿Y ahora qué? / José Ramón Márquez


Gonzalo Caballero, que fue quien nos llevó a la plaza 
(por lo que insinuara en San Isidro)

Gonzalo Caballero sube al Cotillo. ¿Y ahora qué?

José Ramón Márquez

Hoy, tarde del retorno a Las Ventas tras el maratón de la feria o de las ferias y el paréntesis bilbaino. Corrida interesante la que había programada, con el mano a mano entre Gómez del Pilar y Gonzalo Caballero; aunque luego llega el toro y lo descompone y aparecen en el horizonte Adrián de Torres, que viene desde Linares, y Sergio Flores, que es de Tlaxcala y que este año ya le hemos visto un puñado de veces.


La verdad es que no se puede decir que se haya ganado con el cambio. El cartel original prometía una interesante pugna entre la frescura de Gómez del Pilar y el frescor de Gonzalo Caballero, oponiendo un novillero de muchas novilladas frente a otro de muy pocas. La verdad es que ahí había un argumento muy bien trazado, bastante impropio de esta empresa que padecemos, tan poco dada a la creatividad en sus planteamientos de cara al modernamente denominado ‘reventador’, antes llamado ‘aficionado’.


También es verdad, y no es que uno quiera con esto otra cosa que señalar la falta de mando de la susodicha Empresa, que debió costar Dios y ayuda recomponer el cartel, pues al parecer no hubo novillero que desease entrar en él con el planteamiento de un mano a mano, que unos cuantos a los que se tocó expresaron con nitidez su firme deseo de ‘que en Madrid atoree san Isidro’, y que incluso se barajó la posibilidad de montar un festejo mixto con un matador de toros y Caballero. 

Al final se consiguió montar el cartel que antes se dijo y para la parte puramente taurómaca se eligió (¿quién y por qué?) la ganadería de El Cotillo, un nuevo –illo que añadir a esta horda que nos invade de ganaderías que incluyen en su nombre este sufijo que siempre parece que da cierto carácter afectivo al sustantivo que lo porta. Vamos, que no suena lo mismo decir que vas a matar una corrida de doña Celsa FonfredeViuda de la Concha y Sierra, a decir que te vas a despachar unos bicornes de El Cotillo, que suena a La Vieja del Visillo. Para completar la eufonía, estos cotillos son de procedencia Jandilla, con lo que ya tenemos el –illo con la –illa, pero bueno, para no perdernos por las ramillas, resumamos diciendo que son juampedrillos. Hoy, malhadadamente, fue el día señalado para que los cotillos tomaran antigüedad, y lo mismo que el día 8 de abril de 1888 El Buñoleroabrió el chiquero para que saliese por primera vez en Madrid un toro con la divisa celeste y blanca de Pablo Romero, el toroRemendao, berrendo en cárdeno, ensabanado, botinero, capirote y bien puesto de cuerna, hoy don Juan José Pérez franqueó la puerta del toril para que hollase la blancuzca arena de Las Ventas el novillo Gabriel, número 22, castaño, de pocas libras y pobre de cuerna, degolladito y raquítico, con su divisa azul y blanca. Y lo mismo que a su tocayo el Arcángel le tocó la Anunciación a Santa María y la Revelación del Corán a Mahoma, al novillo Gabriel le tocó anunciar la auténtica porquería ganadera que venía tras él, todos ellos marcados con una T dentro de una C grabadas a fuego en el anca y con una escarapela azul y blanca en la espalda, que por lo visto son signos de descaste, y de debilidad, de mansedumbre y de bobería.
 Torillos contemporáneos sin más, lo de todos los días.


De las dos actuaciones de Adrián de Torres apenas queda ya nada en la memoria, a estas horas. En su primero alargó hasta la náusea su trasteo, al que resulta imposible poderle dar el carácter de faena. En su segundo dio dos vueltas completas la ruedo en pos del malnacido de Repique, número 47, que el pobre buey no se había visto en una más gorda en toda su vida y no veía forma de expresar lo incómodo que estaba y lo poco que le importaba el asunto que allí se ventilaba.


Sergio Flores volvió a traernos lo de siempre, su amagar y no dar que ya va siendo el signo distintivo de su estilo. Otra vez se le vio empeñado en torear por fuera, a la moderna, en pegar pases sin mando, orden ni concierto, sin tener nada que decir y, lo que es peor, sin querer decirlo, sus faenas se fueron enhebrando de la misma manera que siempre, sin que brotase por lado alguno la emoción, que sólo puede nacer cuando el torero asume los  riesgos, transformando el toreo en una sucesión de pases en los que el toro va de mejor o peor grado de acá para allá, pero con una total ausencia de tensión, como quien ve a un albañil enfoscar un tabique. Nos trajo Flores recuerdos de July al matar a su segundo, porque hasta la suya de hoy a su segundo no veíamos una estocada más pésima desde la que el Importancias de Velilla le atizó a aquel cochinete en la Beneficencia 2011.


En lo que va de temporada y si no recuerdo mal ya hemos visto a Sergio Flores con ocho novillos distintos y al parecer ninguno le ha servido para decir rotundamente ‘¡Aquí estoy yo!’ y para justificar su existencia como torero. Creo que hay torero, pero el tlaxcalteca debería reconsiderar completamente sus formas, visto que éstas no le llevan a ningún sitio. Merecería la pena que un día presentase otra cara, aunque se pase más miedo.


Puede decirse que fue Gonzalo Caballero  quien hoy nos llevó a la Plaza. Su actuación en san Isidro fue un aldabonazo como para no perderse a este chico hoy, más por lo que prometía que por lo que trajo. Hoy nos puso la miel en los labios con unas ceñidas gaoneras en las que toreó hacia adelante, tocando el pìtón contrario con firmeza y decisión, fue en un quite al primer toro de Sergio Flores; luego, en su primero, Caballero ha enfriado el entusiasmo al mostrar una cara anodina de neotoreo, puro conservadurismo ad hoc que no le diferencia en lo sustancial de cualquier otro. Tremenda opción la suya en esta calurosa tarde de Madrid, la de echar por el desagüe lo que ha hecho que su nombre suene para ponerse a hacer lo que hacen todos y que, a la mayoría, no les sirve de nada, echar el toro para afuera, citar con el pico, perder pasos... el agobiante mantra de cada día. En su segundo, un buey llamado Cardo, número 35, planteó un inspirado inicio de faena por naturales y ya no pudo haber más porque el novillo fue con muchísimo el peor de la corrida. Apetece volver a verle, con la mosca detrás de la oreja.


En cada cuadrilla hubo hoy alguien que se significó. En la de Sergio Flores, Óscar Bernal agarró un estupendo puyazo y aguantó las oleadas del novillo de manera muy emocionante, con el novillo levantando las manos del caballo y Bernal resistiendo los envites con un puyazo muy bien agarrado. En la de Gonzalo Caballero,Curro Robles bregó con suficiencia al primero regalándonos un tremebundo capotazo de esos que sirven para mejorar a los toros y banderilleó con eficacia y torería al segundo. En la de Adrián de Torres, Morenito de Jaén tomó el olivo en el cuarto por dos veces con dotes atléticas dignas de mejor causa-

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