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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 15 de abril de 2016

12ª de feria en Sevilla. Con dos orejas, Manzanares salva la tarde y su feria / por J.A. del Moral



"...Manzanares quería salir otra vez más por esa Puerta del Príncipe que ya ha atravesado varias veces. Pero el quinto toro de Cuvillo no fue ni de lejos como el segundo y la faena tampoco..."


 Con dos orejas, Manzanares salva la tarde y su feria

Sevilla,15/04/2016Plaza de la Real Maestranza. Jueves, 14 de abril de 2016. Decimosegunda de feria. Tarde soleada con casi lleno.
Seis toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados y de juego muy desigual con predominio de los deslucidos. Justito de fuerza y manejable sin clase el que abrió plaza. Blando y muy noble el segundo. Manejables sin clase tercero, cuarto y quinto. Con creciente peligro el sexto.

Sebastián Castella (añil y azabache): Media estocada tendida y trasera, silencio. Pinchazo y estocada trasera, silencio.
José María Manzanares (corinto y oro): Gran estocada, oreja. Gran estocada, oreja.
José Garrido (negro y oro): Pinchazo resultando tropezado y zarandeado, otro hondo y estocada tendida trasera, dos avisos y palmas con saludos. Estocada caída y cinco descabellos, aviso y palmas.

De las cuadrillas destacaron el picador José Antonio Barroso y los peones Isaac Mesa, Chacón, Suso, Luís Blázquez y José María Amores. 

La tarde más clamada en la climatología más o menos adversa que está dominando en esta feria, nos trajo la faena más calmada y admirable de cuantas lleva hechas José María Manzanares que venía atravesando uno de esos baches que padecen todos los toreros. Bache que estaban aprovechando los muchos enemigos que tiene el alicantico hasta el punto de afirmar que parecía no tener remedio. Pero de los baches se sale, generalmente gracias a un toro muy noble y eso es lo que ocurrió ayer en transcurso de la primera corrida que Núñez del El Cuvillo porque hoy se lidiará otra del mismo hierro. Desconfío de estos dobletes en una misma feria porque cuando se lidia una sola, suele ser mejor. La de ayer, salvo el toro que salvó a Manzanares, segundo de la tarde que nos ocupa en esta crónica, no fue precisamente una buena corrida en su integridad. La suerte, pues, favoreció al todavía joven gran torero que supo y pudo aprovecharla pese a los avatares que el animal padeció en su lidia como fueron el golpetazo que se pegó contra un burladero por las malas mañas del peón que le llamó detrás de las tablas y el accidental capotazo con el que lo tiró a la arena el primer espada, Sebastián Castella, ayer por cierto distraído y como ajeno a su misión durante casi todo el festejo. Pero, a Dios gracias, el toro no acusó estos inconvenientes y conservó intactas sus excelentes condiciones. 

Ya había anunciado y demostrado Manzanares en el recibo con su aterciopelado capote que su actuación podría llegar a ser la prueba de su repentina mejora y así ocurrió con su precisa, medida y sedosa faena de muleta que consiguió plasmar sobre el albero de la Maestranza. Una faena de la mejor marca manzanarista que fue literalmente cantada por el público con arrastrados oles mientras la banda de música acompañó y acompasó el precioso trasteo con el atinado pasodoble “Suspiros de España”. Y como Manzanares es de los poquísimos toreros que en sus tardes más felices sabe andar y torear divinamente acompasado a la música, la faena fue cobrando paso a paso y pase a pase la excelente compostura que le caracteriza. Los muletazos se sucedieron encadenados como si fueran uno solo en cada tanda. Las pausas que midieron perfectamente cada espacio y los suaves requiebros que intercaló en su ir y venir mientras el toro se le venía y se le iba tan acompasado como los que le fue marcando el matador, la plaza estalló en sucesivas ovaciones hasta culminar la obra con una gran estocada. Suerte suprema que Manzanares casi nunca abandona desde ese trono que ocupa y le distingue como uno de los matadores más certeros de la historia. Es cierto que la espectacular frecuencia con la que suele plasmar su magnífico estilo con la espada, tanto en la suerte del volapié como en la de recibir, viene siendo tomada en su caso como algo natural y hasta poco meritorio. Pero, señores, si esta suerte es la más importante y la más fundamental por decisiva de la lidia, hay que reconocer y celebrar que el matador Manzanares es uno de los más grandes de la historia. 

La reconciliación del alicantino con su público fue maravillosa aunque en mi opinión no suficientemente premiada. Como tantas veces ocurre en las corridas de toros, el orden de factores suele altear los productos. Y así volvió a ocurrir ayer porque si esta gran faena de Manzanares la hubiera hecho en quinto lugar en vez de en el segundo, los dobles trofeos hubieran caído.

Manzanares quería salir otra vez más por esa Puerta del Príncipe que ya ha atravesado varias veces. Pero el quinto toro de Cuvillo no fue ni de lejos como el segundo y la faena tampoco. Fue esta segunda vez cuando Manzanares volvió a recetar otra estocada de campeonato para remediar una labor que no pasó de discreta y por casi nada parecida a la anterior. Pero los tendidos volvieron a estallar a favor del joven maestro gracias a otra estocada de la suyas, le pidieron otra oreja que, por evidente mayoría, la presidencia concedió. Fue por ello que en esta corrida José María Manzanares pudo volver a ser el favorito de la Maestranza y casi todos tan contentos. Digo casi porque con mis propios ojos vi como sus detractores de entre el público y los periodistas que no cesan de perseguirle y de anunciar que se está hundiendo, que se está acabando, torcieron el gesto con ese amargor que delata las contrariedades. Vaya por Dios, este nos ha escapado otra vez… Lo siento y a seguir sufriendo.

El resto de la corrida careció de mayor interés. Parece que Sebastián Catella anda otra vez en plan de pasta. No tuvo suerte con sus toros. Pero al francés tampoco le vimos como anduvo el año pasado. Otra vez la sosa endivia sin roquefort. Inaguantable este Castella mecánico, sin una sola idea luminosa, aburrido e inaguantable cubridor de expedientes cual oficinista con manguitos y visera de charol delante de una mesa llena de papeles sucios y abandonados… En fin…

Había mucho interés por ver qué haría José Garrido, otro ilusionante componente de la baraja de nuevos grandes valores con los que este año contamos todos con enorme ilusión. Pero como Castella, tampoco tuvo toros propicios al lucimiento y tuvo que tirar de valor sin orden, sin medida y sin concierto. Y tener que recurrir a los arrimones, a la exposición gratuita e incluso a recibir el castigo de las cogidas. Ayer sufrió una tremenda al entrar a matar al tercer toro. Una vez liquidado tras varias agresiones con la espada – estuvo a punto de escuchar los tres avisos – pasó a la enfermería. Salió para matar al sexto y se repitieron las escenas de valor y de impotencia. De valor sin aportar ninguna situación. Ya veremos lo que ocurra con aquel Garrido que nos entusiasmó una mañana en Bilbao cuando mató seis novillos en solitario…

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