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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 1 de abril de 2016

Cuesta creer tanta mitología atlética, Cuesta / por Juan Manuel Rodríguez



".. Esa constante preocupación por el otro explica, creo yo, el que los unos tengan diez Copas de Europa y los otros sigan esperando, esperando, esperando... a que llegue Godot. El madridista quiere ganar por su equipo mientras que el atlético quiere ganar para impedir que lo haga el Real Madrid..."


Cuesta creer tanta mitología atlética, Cuesta

Dice mi admirado Tomás Cuesta que él es un antimadridista acérrimo desde antes incluso de que la legión de su blog fuera atlética. De modo que en el principio colchonero no fue el verbo, no, sino el odio al Real Madrid. Como todos los buenos atléticos, Tomás recrea su elección deportiva para acabar transformándola en una cuestión mucho más grande y relevante, la eterna lucha del bien contra el mal, de la opulencia contra la castidad, de William Wallace contra los ejércitos del malvado Eduardo I de Inglaterra. A ellos, a los atléticos, les sirven todas esas vaguedades y frases hechas; esto es así hasta el punto de que han acabado por creérselas y, de padres a hijos, las van heredando los unos de los otros y los otros de los hunos: "¡A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre!"... Madre mía, menudo melodrama, que esto es sólo fútbol... Demasiada Margarita Xirgu para mi gusto.

Así, los atléticos, que a diferencia de los chulos y prepotentes madridistas serían, según la mitología, unos seres trágicos, dolientes pero orgullosos e inteligentísimos, a diferencia de los chulos, aborregados y prepotentes madridistas, elegirían ya desde niños entre una vida de sufrimientos u otra de falsa opulencia, convirtiéndose al final en una suerte de monjes ascetas tibetanos seguidores del Dalai Cholo. Ja, ja y ja. Y otro ja de postre. Lo del Atleti sería lo más parecido a una religión y lo del Madrid algo similar a una multinacional de comida rápida. ¿Y el corazón?... El atlético sí lo tiene y sabe para qué sirve, el madridista no, el madridista es una ameba, un trozo de carne con ojos. Qué risa, tía Felisa.

Dice mi amigo Tomás que su antimadridismo flaquea y que, con la vista puesta en el Barça-Madrid del sábado en Liga pero, sobre todo, en el Barça-Atleti del martes en Champions, no sabe quién quiere que gane. Porque, y esa es otra diferencia más entre el madridista y el colchonero, el atlético es culé antes que rojiblanco del mismo modo que el barcelonista es antimadridista antes que culé. No hay más que leer los comentarios de la Atlética Legión para caer en la cuenta de que, en injustísimas líneas generales, el atlético está más pendiente del mal ajeno que de la alegría propia, una religión masoca, BDSM alrededor de un balón. Esa constante preocupación por el otro explica, creo yo, el que los unos tengan diez Copas de Europa y los otros sigan esperando, esperando, esperando... a que llegue Godot. El madridista quiere ganar por su equipo mientras que el atlético quiere ganar para impedir que lo haga el Real Madrid.