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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 30 de julio de 2016

20 años sin Curro Valencia / por Paco Delgado




 20 años sin Curro Valencia

Se cumplen estos días, el 27, dos décadas de la muerte de Curro Valencia en el coso de Monleón una tarde de toros. No estaba prevista su actuación aquel día, pero el destino así lo quiso.
Las cosas se torcieron desde el primer momento. Ya en el reconocimiento previo de los toros surgieron problemas y los veterinarios desecharon varios de los ejemplares de la corrida de Giménez Indarte anunciados para el que iba a ser el octavo festejo de aquella feria de julio. El ganadero trajo más toros desde su finca de Jaén hasta completar un total de más de veinte animales contando con los que la empresa trajo de Carlos Núñez en previsión de que no se aceptasen los titulares y algunos sobreros de Ortega Sánchez que seguían viviendo tan tranquilos en la Venta del Saler. Pero los facultativos siguieron en sus trece y en el reconocimiento previo al sorteo, desecharon el encierro inicial de Giménez Indarte aún cuando repescaron cuatro y completaron el encierro con dos toros de Carlos Núñez. Sin embargo los toreros, o al menos sus representantes, no estaban dispuestos a aceptar la decisión de la autoridad.

Tras más de tres horas de tira y afloja, de conversaciones y discusiones más o menos airadas y a veces crispadas, no se llegó a un acuerdo. Los toreros solicitaron, como última postura, el que se repescara otro toro más de la ganadería titular. Algo que los veterinarios no estaban dispuestos a admitir y a lo que se negaron en redondo. Ya les parecía mucho haber repescado esos cuatro como para tragar con otro más. Las posturas eran ya definitivamente encontradas y los tres diestros, José María Manzanares, que se iba a despedir de la afición valenciana en esa función, Enrique Ponce y Vicente Barrera, acogiéndose a su derecho reglamentario, se cayeron del cartel.

Eran casi las tres de la tarde y dada la expectación que había creado esa corrida -era la única en la que se acariciaba el lleno- la suspensión no entraba en los planes de la empresa -que, admitiendo que ya no tenía remedio el haber comprado en encierro de Giménez Indarte, había hecho todo lo que estuvo en su mano para arreglar el contencioso-, por lo que, deprisa y corriendo, se montó otro cartel con los toreros que más a mano se tenía y cuya inclusión estaría más que justificada.

Así pues, se llamó a Juan Carlos Vera, Víctor Manuel Blázquez, que estaba en Denia, en la playa y no llegó a Valencia hasta casi la hora de hacer el paseíllo, y Javier Rodríguez. Tres toreros que se habían quedado fuera de las combinaciones feriales y que ahora iban a tener la oportunidad de torear en el abono, aunque fuese por la vía de la sustitución.

Pero el festejo había nacido con mal fario y no se iba a enderezar así como así. Muy al contrario, los momentos previos al paseíllo fueron de tensión y nerviosismo ya que la gran mayoría de la gente, que no sabía nada de lo sucedido por la mañana en los corrales, se enteró de los cambios habidos en el cartel una vez sentados en sus localidades, cuando ya no cabía el derecho a la devolución del importe de las entradas.

El mal humor del público -que no valoró el esfuerzo de Juan Carlos Vera ni la capacidad de Víctor Manuel Blázquez, que cortó la única oreja de la tarde, ni el arrojo de un Javier Rodríguez que fue arrastrado por el ruedo enganchado a un pitón de su enemigo- fue la nota general del festejo hasta que tocaron a banderillas en el cuarto. Curro Valencia, al que habían avisado un rato antes de la corrida para que se vistiese de torero, trastabilló ante la cara del toro y cayó delante de éste. El animal, de nombre “Ramillete”, marcado con el número 66 y 510 kilos de peso, hizo por él y le empitonó varias veces, dejándole desmadejado en la arena. Llevado apresuradamente a la enfermería poco se pudo hacer allí por él y tras unos minutos en los que un silencio denso y agobiante se adueñó de la plaza, por megafonía se anunció la muerte de este honrado torero que entraba así en la gloria de la tauromaquia.

Esta muerte fue un durísimo golpe para la feria que ya no levantó cabeza y ni en la corrida de rejones, en la que Hermoso de Mendoza volvió a estar sensacional, ni en la descolgada novillada final, en la que Domingo Triana volvió a evidenciar su clase, la gente estuvo para otra cosa que para llorar la irreparable pérdida de Curro Valencia en una tarde desgraciada y en la que confluyeron muy especiales circunstancias para que la tragedia se consumase.