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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 24 de julio de 2016

Raquel Sanz y la raza de víboras / por Ricardo Díaz-Manresa



"...Estos grandes hijos de puta –en expresión exacta y justa de Carlos Herrera en su Cope, que yo añadiría hijos también de cabrón, que no debe llevarse todas las culpas siempre la mujer-- deseando la muerte a un semejante no merecen convivir con nosotros, que se los lleven a la selva o que les pongan un toro delante tan agradecidos que están a los astados ante esta barbarie..."

Raquel Sanz y la raza de víboras

Los hay malos de verdad. Animalistas peor que animales. Antitaurinos peores que las bestias salvajes. Son componentes de la raza de víboras, expresión de Jesús contra los enemigos hipócritas, cobardes, resentidos, hijos de Satanás, que al final acabaron matándolo.

Raza de víboras, la expresión más fuerte y dura que –quizá-empleó Jesucristo en la tierra.

Raza de víboras taurina que han volcado tanto odio, rencor, deshumanidad, bestialidad, brutalidad, babas, bilis, y todo lo peor del ser humano –suponiendo que estas ratas venenosas lo sean- que ya ves, Raquel Sanz, ejemplar viuda y gran mujer de de los pies a la cabeza, las personas normales, horrorizadas, han reaccionado y han parado tanto terror y hasta los desalmados reculan y dicen que no son ellos…Estos grandes hijos de puta –en expresión exacta y justa de Carlos Herrera en su Cope, que yo añadiría hijos también de cabrón, que no debe llevarse todas las culpas siempre la mujer-- deseando la muerte a un semejante no merecen convivir con nosotros, que se los lleven a la selva o que les pongan un toro delante tan agradecidos que están a los astados ante esta barbarie.

Raza de víboras que festejan el mal ajeno y que no tienen que ver con los antitaurinos que en su derecho y su libertad rechazan este espectáculo.

Raquel Sanz: la raza de víboras, echando veneno sin parar, queriendo morder e inocularlo a inocentes, felicísimos por sesgar vidas inocentes, no han podido. Como dijiste en tus fantásticas declaraciones a Movistar Plus durante las corridas sanfermineras somos muchos más los que hemos estado, estamos y estaremos a tu lado que la jauría desatada de anormales, turbas de la crucifixión no sólo de toreros sino de padres, mujeres y familias de toreros. Deben ir al psiquiatra aunque su caso no tiene solución, supongo.

No se puede ser más indigno deseando la muerte de tantos e insultando con lo peor de la barriga podrida y diciendo que van a hacer sobre la tumba increíbles atrocidades.
Somos más, muchísimos más, los que sentimos el dolor de un semejante, el sufrimiento de uno como nosotros, las adversidades de la vida, sobre todo si culminan en tanta mala suerte.

La muerte de Paquirri sirvió para revolucionar las enfermerías y mejorar los cuidados médicos que no existían. Incluso para construir hospitales en zonas olvidadas y, con el paso de los años, a hacer buenas carreteras para los traslados necesarios.
Esta, querida Raquel Sanz y también admirada, y muchísimo, va a servir para aplastar a los reptiles de las redes sociales, para que paguen su inmensa e irracional culpa, para que sufran un poquito frente a los momentos desgarradores que han provocado.

El bien dentro del gran mal que nos ha venido es que Víctor Barrio ha reivindicado al toreo, por su juventud, su vocación, su ambición, su tesón, su discurso –qué bien lo hemos visto explicarse en la tele en la recopilación de sus mejores momentos reflejados en entrevistas- y también por su afán de superación y de querer alcanzar la gloria. Y también por convertirse en muro de justicia y trabajo en las redes sociales ante estos seres repugnantes que son pura pus.

La afición y el toreo en general siguen tristes y así estarán mucho tiempo. Es que se ha muerto alguien que era como uno de los nuestros. Coño, ¿qué digo?. ¿Como uno de los nuestros?... Exactamente más : era uno de la familia. Y lo he sentido así. Mi mujer dice que soy muy duro para llorar. Pues sería antes porque ante lo de Víctor Barrio he dejado escapar las lágrimas. Más de una vez. Ya lo creo.

Una de ellas escuchándote a ti, Raquel Sanz, que has conseguido hacer frente a la raza de víboras, plantarles cara, convencer a la sociedad que lo haga e intentar vencerles. Difícil sí, pero que así sea. De momento, la buena reacción de la sociedad con alma los ha parado.