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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 27 de julio de 2016

Santander: Ponce puso boca abajo a toda la historia del toreo / por J.A. del Moral


 "...El altísimo grado artístico que la logrado Ponce en estas inacabables postrimerías de su carrera no lo ha conseguido ningún otro torero de cuantos hayan existido. No hay ni hubo ni quizá habrá nadie que puede igualarle...."


¿No les parece una tristísima miseria que en Valladolid se haya prescindido de su presencia por el capricho maligno de otro torero tenido por genio que apenas torea dentro de una organización cuasi mafiosa y ayudado por un descomunal marketing?… Meditemos…

Lo que vi por televisión: Ponce puso boca abajo a toda la historia del toreo

J.A. del Moral · 27/07/2016
No es lo mismo ver una corrida de toros en la plaza que verla por televisión. No es lo mismo y maldigo mi destino por no haber podido estar este año en Santander. Pero a través de la pequeña pantalla se descubren matices que no pueden percibirse in situ.


La tarde de ayer, 26 de julio de 2016, pasó a la historia del toreo no porque Enrique Ponce nos ofreció una memorable actuación como tantas y tantas acumuladas en su larguísima carrera profesional, sino porque con su grandiosa faena al extraordinario cuarto toro de Miranda y Moreno llamado “Bendecidito” puso boca abajo a toda la historia del toreo. Y no exagero. He visto mucho en mi mida y ayer vi algo que trasciende al toreo como una de las más señeras obras de arte.


La conclusión que sacamos de tamaña obra llegó por varias razones: Solamente un torero que acumula tantísimos años consecutivos como máxima figura puede conseguir semejante maravilla. La seguridad en sí mismo en el caso de Ponce es inaudita, inigualable e inalcanzable. Su poderío tantas veces demostrado con reses de toda clase y condición se ha decantado hasta tal punto que resulta absolutamente lógico que, si con los toros complicados ha venido logrando convertir el agua más amarga en vino de altísima gama, cuando le cae en sus manos un toro como este “Bedecidito” logre sublimarse a sí mismo hasta grados de inigualable perfección y belleza. 
Por esto mismo, Enrique se puede permitir el lujo de convertir el toreo en un ballet digno de los escenarios más prestigiosos que enmarcan la historia de la danza. Tanto es así, que a nadie le chocó ni le molestó sino todo lo contrario que la imperecedera obra maestra fuera amenizada musicalmente por la banda sonora de la película “La Misión” que compuso el grandísimo Ennio Morricone. Magníficamente interpretada por la banda de música de la plaza de Santander, si torear al compás es privilegio de muy pocos, logarlo cual lo hizo ayer Ponce al compás de esta música es como torear en el mismísimo Cielo con Dios como principal espectador. Y es que, ese compás, lo adecuó perfectamente a una melodía tan romántica como rumorosa. El altísimo grado artístico que la logrado Ponce en estas inacabables postrimerías de su carrera no lo ha conseguido ningún otro torero de cuantos hayan existido. No hay ni hubo ni quizá habrá nadie que puede igualarle.


Pero hay que añadir un importantísimo matiz que explica la clamorosa síntesis profesional de Enrique Ponce. Su natural bondad personal. Su equilibrio vital. Su armoniosa sencillez. En definitiva, su ser humanamente un hombre realmente tan excepcional como poco común. Para llegar a ser y a hacer lo que hizo ayer tarde Enrique, hay que ser un santo. Y Enrique Ponce lo es en vida.


Sin embargo a lo dicho, los que vimos la corrida por televisión no solo gozamos hasta el llanto, también sufrimos durante los mejores momentos porque los comentaristas no cesaron de hablar parloteando durante la faena en vez de permanecer callados para que el mágico momento no resultara ensuciado. Parece mentira que un arista como lo fue Emilio Muñoz no se diera cuenta de este matiz. Imperdonable.

Pero volvamos al elogio porque, además, ayer se dio la circunstancia que, con este toro, Ponce superó el record de Lagartijo en número de toros matados. Una efeméride que por sí misma merecería un antológico libro.

Por suerte y gracias a la avanzadísima modernidad de las técnicas, esta faena podremos volver a gozarla cuantas veces queramos. Será disponer de un acontecimiento tan grandioso como inolvidable.


La corrida de Miranda y Moreo fue buena en su conjunto aunque desigual por lo que la suerte también se repartió desigualmente. Que Enrique Ponce resultara el único triunfador de la tarde actuando junto a dos jóvenes toreros, uno de ellos, máxima novedad del momento como es este año el arrollador limeño Andrés Roca Rey, es también motivo del comentario que voy a hacer.

Ayer vivimos palpablemente lo mismo que en otras ocasiones hemos podido percibir cada vez que un gran torero en su máxima sazón profesional ha logrado uno de sus cenits artísticos en presente compañía de otros toreros menos avezados aunque también estupendos. Ese “y ahora qué hacemos” después de lo hecho por Enrique Ponce en el cuarto toro, tomó ayer carta de naturaleza porque la histórica faena del gran maestro valenciano cayó como una losa una vez concluida la apoteosis a la vez que los tendidos continuaban felizmente afectados por el inagotable éxtasis que habían gozado y, por qué no decirlo, también gratamente sufrido.

No es cuestión de infravalorar lo conseguido por el siempre valentísimo Roca Rey frente a un lote que no fue el que su toreo requiere aunque tampoco él anduvo tan atinado como acostumbra y, menos aún, el ayer desdibujado y hasta pesado Juan del Álamo que, para su desgracia, desaprovechó la calidad de sus dos oponentes.

Y dicho esto, vayamos con lo que para el toreo en estos momentos supone esta maravillosa eclosión poncista y el obligado respeto que merece tan admirable artista. ¿No les parecen a ustedes, ahora más que nunca, injustísimas las groseras chanzas que se hicieron cuando Ponce toreó vestido de smoking dos toros de los seis que mató en su por todo memorable jornada en la plaza francesa de Istres? ¿No les parece una tristísima miseria que en Valladolid se haya prescindido de su presencia por el capricho maligno de otro torero tenido por genio que apenas torea dentro de una organización cuasi mafiosa y ayudado por un descomunal marketing?… Meditemos…