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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 22 de julio de 2016

Valencia: Que julio no se agoste / por Paco Delgado



"...Cuenta Vicente Sobrino, en su imprescindible obra Memoria de luces, que la feria de julio nació en 1871, si bien su origen es anterior y se remonta a las corridas que organizaba el Hospital de Valencia, propietario entonces de la plaza, en torno a la festividad de Santiago y Santa Ana..."

 Que julio no se agoste

Un año más, la feria de julio de Valencia marca el cenit de la temporada en la Comunidad Valenciana. Cinco festejos -tres corridas de toros, una de ellas mixta, una novillada picada y la desencajonada que abre el serial- componen este ciclo que busca mantener su sitio en el calendario taurino pese a que mucho ha sido lo que ha cambiado en torno suyo.

Esta es la dimensión que ahora la actual empresa gestora del coso de Monleón cree que admite la feria. Concentrar en unos pocos días varios carteles de supuesto gran contenido e interés. “No tiene sentido hacerla más extensa a costa de programar festejos en los que no pueda haber nombres que llamen la atención no ya del aficionado, sino del público en general, que es, en definitiva, quien llena la plaza”, explica el gerente de la firma arrendataria, Nacho Lloret. Hay que darse cuenta también de que estamos hablando de una feria de similar corte, por ser la segunda que se celebra en la ciudad, por su extensión, a la de otoño de Madrid y es más amplia que la de San Miguel en Sevilla.

Pero, si apelamos a la tradición, tal como se hace para reivindicar la propia existencia del espectáculo taurino, no hay que olvidar que la de Julio ha sido la gran feria no sólo de Valencia y que sobre su modelo y ejemplo surgieron prácticamente todas las que ahora dan contenido a la temporada.

Cuenta Vicente Sobrino, en su imprescindible obra Memoria de luces, que la feria de julio nació en 1871, si bien su origen es anterior y se remonta a las corridas que organizaba el Hospital de Valencia, propietario entonces de la plaza, en torno a la festividad de Santiago y Santa Ana.

El tren, motor de progreso y modernidad a todos los niveles, también contribuyó de manera notable a la creación de este serial, y la inauguración de la vía férrea Almansa-Tarragona y la línea que unía la capital con Játiva hicieron que fuera muchísimo el público que llegaba a la ciudad del Turia en esas fechas, por lo que el entonces alcalde de la ciudad, Vicente Urgellés, a propuesta de los concejales Pedro Vidal, José Saura y Enrique Ortiz, a fin de mantener ese aluvión de visitantes que llegaban a presenciar aquellas corridas, aprobó crear, coincidiendo con el el final de las tareas de recolección, una feria anual y una exposición de productos y ganado de la tierra y que sería así mismo eje de la vida social valenciana hasta bien adelantado el siglo XX.

Félix Bleu escribió que “las corridas de la feria de julio tenían renombre excepcional y estaban consideradas como las mejor organizadas de España”, figurando en sus carteles los principales espadas del momento y los toros de las ganaderías cuyas reses mejor juego habían dado en la campaña anterior. Pero bien sabido es que nada es y nada permanece, y las modas fueron cambiando, como el estilo de vida de los valencianos, que, con el desarrollo de los años sesenta del pasado siglo comenzaron a tener más gusto por la playa que por la plaza, y los fastos de julio pasaron a mejor vida: ahora, por ejemplo, ya ni hay fiesta en la ciudad con motivo de la feria de julio, si bien el apartado taurino mantuvo su vigor y su pujanza hasta que al taurinismo comenzó a molestarle.

Y ahí está la clave. Con el auge de las fallas, a cuyo reclamo la gente viene sola, ya es más trabajoso componer en la misma plaza y en la misma ciudad otro serial en verano, teniendo que doblar el lomo a base de bien para atraer clientela. Tampoco es lo mismo actuar en una plaza de primera que en otra de menor categoría y responsabilidad, por lo que -al estar prácticamente todo el circuito de las grandes ferias en las mismas manos- es más interesante y productivo pensar en otras plazas que tratar de montar aquí otro evento de postín a costa de un trabajo que a lo mejor se evitan en otro sitio, alegando que ahora hace mucho calor, que a la gente no le apetece ir a la plaza, que a los toreros menos…

Y tampoco es que se busquen soluciones alternativas. Reducir la extensión, montar un único cartel atractivo y dos de relleno y así. A este paso, la que fuera primera feria del mundo quedará en un festejo méramente testimonial y, en poco tiempo, en un bello recuerdo del pasado.

Y a ver quién la recupera después.