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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 20 de septiembre de 2016

Murcia. En memoria de Andrés Salas / por Ernesto Salas Moreno



“Este hombre bueno era Andrés Salas, mi padre, la memoria del toreo en Murcia desde 1940″ 

Ernesto Salas 


Ernesto Salas Moreno 
Doctor en Biología
TorosNoticiasMurcia.- Fotografías  por Conrado Abellán y la especial colaboración de Mari Paz Salas Herrero, hija de D. Andrés.

ERNESTO SALAS HERRERO.- “Si se cumpliera nuestro sueño,
apreciado lector, nos liaríamos el capote de paseo, nos situaríamos en la puerta de cuadrillas, desearíamos suerte a los compañeros, y tras encomendarnos al Padre, iniciaríamos el paseíllo buscando, con paso cadencioso, la presidencia para saludar. Llegando a nuestro destino, miraríamos a nuestra izquierda. Allí hay un burladero, cerca de la barrera que se engalana con el cártel del Club Taurino, que guarda celoso la memoria de la tauromaquia de los últimos setenta años. Hoy está huérfano, pero no hace tanto lo habitaba un hombre con cara redonda, gafas, pelo muy blanco y mirada limpia con un habano que prendió al abrir la puerta de cuadrillas.


Este inquilino pisó esta plaza con dos años por primera vez, con ocho recién cumplidos asistió al debut de Manolete, (declarándose Manoletista acérrimo desde ese día), guardó en su memoria cada una de las actuaciones del monstruo y asistió a setenta ferias seguidas, sí, setenta, hasta que hace dos dejó solo a su burladero y en Las Nieves de este agosto, decidió ocupar otro, junto a tantos amigos que se fueron antes que él: hace pocos años, El Choni, por san Pedro, El Vito, y hace nada Canito.

Si hoy ocupara su sitio, lo notaría, amigo lector, ensimismado, recordando, gracias a su memoria prodigiosa la etapa más gloriosa de la historia del toreo. Profundo conocedor de la fiesta, con una cultura vastísima habría que considerarlo un erudito en esta materia, tanto que podíamos pensar que era un profesional de la tauromaquia; nada más lejos. Era médico, un clásico en el elenco de magníficos doctores de la Murcia anterior al Hospital Virgen de la Arrixaca, cuando aún esta profesión tenía mucho de arte, aunque en este hospital terminara su carrera profesional. Muchos de ustedes confiaron en él para que les analizará la sangre en su consulta de la calle de Riquelme, próxima a la plaza de las Flores, lugar habitual de sus aperitivos, costumbre de la que era fiel devoto.


Su vocación médica lo llevó a estudiar a Valencia. Y fue en Valencia donde se realizó como taurino gracias a la amistad de quién sería el mayor de sus amigos, su hermano Luis Alegre, hijo de don José Alegre, empresario junto a Puchades y Barceló de las plazas de toros de Valencia y Murcia así como del teatro Apolo. De la mano de su compadre, Luisito Alegre, conocerá a los amigos de su vida, todos relacionados con el toro y el teatro, pasión heredada también de su padre, Don Ernesto, viviendo en primera persona la historia del toreo de los años cincuenta. Es la historia de Ostos, de Aparicio y Litri, de los Girón, de Pepe Luis, de Chenel, de Camino, es la historia de Ordoñez, que ocuparía un lugar de honor junto a Manolete en su corazón taurino, de Rafael Ortega, de Los Bienvenida, de Curro, y de las siete novilladas seguidas que los Alegre le dieron a aquel Cascales que podía haber sido la máxima figura del toreo. Sería Luis Alegre el responsable de que completará su trilogía de toreros con José María Manzanares, del que era apoderado, y con el que le unió una profunda amistad hasta su trágica muerte. Manolete, Ordoñez y Manzanares, ¿no estaría usted también nostálgico?

En su bagaje taurino le quedaba la Maestranza, y los astros se alinearon para que allí anidara una parte de su familia. En Sevilla gozó de la amistad de “el Vito”, de Andresito Luque Gago o de Alfonso Ordoñez, todos historia viva del toreo. Y cumplió su sueño, ser abonado a la misma durante muchos años.
“Este hombre bueno era Andrés Salas, mi padre, la memoria del toreo en Murcia desde 1940″
  • Pepe Castillo Abreu: Mi emocionada gratitud a todos los que nos han permitido el honor de hacer llegar a nuestros lectores un artículo tan especialmente entrañable dedicado a nuestro respetado, admirado y querido amigo D. ANDRÉS SALAS MORENO, firmado por su hijo Ernesto Salas Herrero, con extensiva gratitud a su hermana Mari Paz Salas Herrero por su estimable colaboración.