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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 1 de marzo de 2017

DE AQUELLOS BARROS... / Edit. Opinion y Toros



Pero de esos barros llegaron estos lodos… y ya tenemos que lamentar un muerto en Colombia. Un servidor del orden público fallecido por la explosión de un artefacto junto a la plaza de toros de Bogotá. Junto a él una treintena más de heridos, entre agentes y paisanos, fruto de la explosión del odio.

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DE AQUELLOS BARROS... 


Sí, de aquellos barros… vinieron estos lodos. 
Los barros han sido, y siguen siendo, las manifestaciones antitaurinas que se vienen produciendo por cuantos países mantienen la Tauromaquia en sus territorios. Manifestaciones que en la mayoría de las ocasiones no han sido pacíficas, más bien violentas y ofensivas para con los aficionados a los toros.

Y esa violencia ha ido a mayores y lo saben en Francia ¿verdad André Viard? y últimamente varios empresarios que recibieron sobres con cuchillas de afeitar; lo saben en España, donde hasta la tumba de Julio Robles fue profanada; lo saben en Colombia donde fueron agredidos los espectadores en la reinauguración de la Santa María. Lo saben… en tantos sitios que no es necesario enumerarlos.

No solo han sido manifestaciones pasivas en las puertas de las plazas de toros, han ido más allá aquellos que odian la Fiesta y a quienes la amamos. En nada se ve el pacifismo que se les supone a quienes dicen proteger a los animales. Los activistas van más lejos que la simple protesta o posición en contra, legítima y hasta razonable, no a todos nos van a gustar las corridas de toros.

Pero de esos barros llegaron estos lodos… y ya tenemos que lamentar un muerto en Colombia. Un servidor del orden público fallecido por la explosión de un artefacto junto a la plaza de toros de Bogotá. Junto a él una treintena más de heridos, entre agentes y paisanos, fruto de la explosión del odio.

Pudiera ser que no fueran ellos, ninguna otra organización ha reivindicado el atentado, pero cabe la certeza de que las amenazas vertidas públicamente por estos individuos se hayan hecho realidad en Bogotá. No es de extrañar que así haya sido, tenían encendida la mecha de la intolerancia desde hace tiempo y solo quedaba que hiciera explosión.

De aquellos barros… llegaron estos lodos. Descanse en Paz el inocente policía.