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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 24 de julio de 2018

Estrategia animalista / por Rafael Comino Delgado



En resumen, empiezan por querer humanizar a los animales y terminan por querer deshumanizar a los humanos privándoles de libertad. Por el camino han conseguido  adeptos, a los que lavan el cerebro y utilizan en su propio beneficio.


Estrategia animalista

Rafael Comino Delgado
En las manifestaciones de los antitaurinos y animalistas en general, vemos que hay un reducido número de asistentes. Sin embargo, tanto en esas manifestaciones como en sus métodos de propaganda, que son muchos, actúan de forma muy meditada, empleando técnicas ampliamente experimentadas que pretenden hacer el mayor daño posible y captar el mayor número posible de seguidores. De forma resumida, su estrategia es:

1) Mentir. Mienten utilizando la imagen y la palabra. Para ello emplean imágenes, generalmente trucadas, en las que se ven animales en estado lamentable, con mucha sangre, agonizantes, lo más impactantes posible.
Por lo que se refiere a la palabra, buscan mantras muy  impactantes, con gran carga emotiva negativa, fácilmente rechazables, como "holocausto animal", "crueldad extrema", "maltrato animal", "el toreo no es cultura; es tortura", "toreros asesinos", etc.

En contraposición a esos términos, ponen otros que son los defendidos por ellos, como  "buen trato a los animales", "respetar a los animales", "evitar el sufrimiento animal".

Como es lógico, esas imágenes trucadas y esos términos, cargados de significado nefasto, no le gustan a cualquier persona normal y, por el contrario, ¿quién va a estar en contra de tratar bien a los animales y respetarles?
De esta forma enganchan a un número importante de personas, generalmente jóvenes, muy impresionables, de personalidad no muy estable, con importantes frustraciones, a los que envenenan la mente hasta conseguir disponer de su voluntad.

2) Una vez les tienen de su parte, les inculcan que los animales deben tener "los mismos derechos humanos" (pretenden humanizar a los animales) y también que deben convertirse en vegetarianos o, mejor, veganos totales.  
Estas recomendaciones no las aceptan todos los que tenían impresionados con sus mentiras, pero otros muchos sí las aceptan bajo ese estado de emotividad.

3) Entonces les dicen que los que no aceptan sus recomendaciones son asesinos, fascistas, criminales, igual que los maltratadores de animales, igual que los aficionados a los toros, etc. Es decir, todos los que no están de acuerdo con ellos. Así vuelven a estimular la emotividad de los más incautos, los de mente más fácilmente influenciable, que a su vez se vuelven en contra de los disidentes, catalogándoles de todo lo peor.

4) Hasta ahora han sido pasos hacia un final que sería hacerse veganos totales o, al menos, vegetarianos y seguirles ciegamente. 
Los dirigentes les cuentan después que, logrado todo ello, se estará en el mundo soñado, donde conviviríamos como en las películas de Walt Disney,  y el Estado se haría cargo de todo (que es el  ideal de justicia y felicidad), pues de otra forma no sería posible ese Veganismo universal, esa felicidad completa. Les hacen creer que para conseguir este fin se puede, y se debe, si es necesario, prohibir, reprimir, impedir, destruir, satanizar.  
Consecuentemente, obvio, cuando esa situación idílica llegase, el Estado sería dueño absoluto de todo y de todos; habríamos perdido, entre otras muchas cosas, la Libertad. En realidad, pretenden imponer su ética totalitaria, liberticida.

5) Pero los dirigentes animalistas saben que eso no va ocurrir, que ellos no tienen medios para conseguirlo y que no lo verán, con toda seguridad, porque es una utopía.  Pero mientras tanto, con el apoyo de un gran número de seguidores, viven muy bien,  con subvenciones, con donaciones millonarias, de orígenes no confesables muchas veces, y haciendo un enorme negocio con la buena fe de mucha gente. Pues, ¿quién no va a estar de acuerdo en que no se debe maltratar a los animales, y a quién le va a gustar ver a animales agonizantes, llenos de sangre...? Naturalmente, el concepto de maltrato animal es el suyo, no admiten discusión sobre el tema, pues habitualmente sus postulados, sus pensamientos, no se pueden someter a debate: es lo correcto y se acabó.

En resumen, empiezan por querer humanizar a los animales y terminan por querer deshumanizar a los humanos privándoles de libertad. Por el camino han conseguido  adeptos, a los que lavan el cerebro y utilizan en su propio beneficio.