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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 26 de julio de 2018

Iniesta con las botas puestas / por Juan Manuel Rodríguez




Andrés Iniesta tendría que haberse posicionado cuando pudo y cuando tocó hacerlo del lado del estado de Derecho y de la Constitución, pero no lo hizo. ¿Esto quiere decir que no se sienta español?... En absoluto. Pero, antes que español, se siente futbolista y también hombre de negocios. Los suyos los sigue teniendo en la Cataluña ocupada, de ahí que llamara tanto (o tan poco) la atención que esperara hasta ponerse a salvo en Japón para mostrar una banderita de España en el talón.

Iniesta con las botas puestas

El día de la presentación de Luis Enrique como nuevo seleccionador nacional ya dije todo lo que tenía que decir sobre la postura (que fue la fetal, por cierto) que el asturiano adoptó con respecto al golpe de Estado que se está perpetrando en Cataluña; y ese día dije, además, que era una posición de encogimiento, de sometimiento o de simple desaparación muy similar a la de Andrés Iniesta. Con todo hecho en el mundo del fútbol, convertido en el héroe de Sudáfrica, protegido mediáticamente y elevado a los altares por la afición, Iniesta podría haberse significado perfectamente a favor de la Constitución y la legalidad vigentes, pero no lo hizo. Andrés se puso de perfil, desapareció del conflicto y pensó en sus vinos más que en la tierra en que los cultiva; en definitiva... fue cobarde. Luis Enrique apeló al comodín de don Pelayo, Iniesta ni siquiera eso. En mi opinión, su actitud dejó mucho que desear.

Viene esto a colación por el detalle que captó el otro día un canal de televisión, en este caso Cuatro, y que mostraba una bandera española en las botas de Iniesta. La página web del canal, que no yo, hizo de eso algo noticiable y relacionó la ausencia de Iniesta de todo aquello que tuviera que ver con la defensa de España mientras estuvo en Barcelona con esa presencia testimonial, sí, pero valiosa, aunque también a destiempo, nada más aterrizar en Japón, a 10.000 kilómetros de distancia. Indignado, Iniesta respondió a Cuatro, al que acusó de buscar polémica donde no la había, y yo escribí ayer un artículo para Marca sobre este mismo asunto porque, como al canal de televisión, y en vista de que no podía esperar a que Andrés me diera su consentimiento, a mí también me pareció llamativo. Lo más sorprendente de todo es que un periodista, David Bernabéu, respondió vía Twitter a mi artículo, añadiendo más o menos lo siguiente: "Son las botas que empleó en el Mundial, documéntate". Y digo que la respuesta de Bernabéu me resultó muy sorprendente puesto que David trabaja... ¡en Cuatro!

En este asunto hay por parte del periobarcelonismo muchas ganas de añadir confusión, de extender tinta de calamar, y muy poco interés por ir al grano. Quieren debatir sobre lo accesorio y eluden lo fundamental. Yo no dije en ningún momento que no fueran las botas del Mundial de Rusia, pero sí me pareció llamativo que Iniesta aprovechara hasta llegar a Japón para volver a calzarse unas botas con la bandera de España que fue incapaz de lucir mientras estuvo en Barcelona, que también es España. El debate que yo proponía en mi artículo de Marca era de mucho más calado que el de las botas del Mundial propuesto por mi colega de Cuatro, que fue, insisto, el canal de televisión que hizo una noticia con ese detalle, y que es, repito, la televisión para la que trabaja David Bernabéu; también pretendía ser más profundo e ir más allá de la oportunidad de una determinada marca de ropa deportiva para calzarle a Iniesta las botas en Japón. El debate serio de verdad, el único debate por tanto, tiene que ver con el miedo que algunos jugadores del Barça tienen a mostrar su españolía mientras juegan en ese equipo, y estoy pensando ahora, por ejemplo, en David Villa.

Ese es el toro que hay que agarrar por los cuernos y no el de si las botas de Iniesta eran o no eran las del Mundial. El toro que hay que agarrar por los cuernos, y que tan bien atrapó por cierto la página web de Cuatro, es por qué Iniesta y otros Iniestas como él se ven extrañamente abocados al ocultamiento de su identidad nacional, y por qué eso sucede en el seno de un equipo de fútbol que compite en la Liga española. Sobre lo que hay que debatir una, diez, cien o mil veces si ello fuera necesario es sobre esa circunstancia, y también sobre el momento histórico concreto en que en España los españoles dimos por bueno que eso fuera así, que era razonable que fuera así y que debíamos asumirlo como un mal menor. No hay males menores, hay males y hay bienes. Porque Kobe no es Cataluña, ¿verdad?... Ni Krasnodar tampoco lo es, ¿no es cierto?...

En ocasiones cometemos el error de conceder a un deportista de élite otras virtudes añadidas que no tienen nada que ver con su capacidad para la práctica de su deporte. Uno puede ser un futbolista genial y al mismo tiempo tan atronadoramente ignorante como para poner en duda que el hombre llegara a la Luna, por ejemplo. Uno puede ser un futbolista genial y, además, ser un tipo instruido y valiente, pero también puede ser un cobarde. Lo que yo digo es que porque uno sea un futbolista maravilloso, un jugador espectacular, no debemos, además, añadirle virtudes que no ha demostrado. Casillas debería leer más a Carl Sagan y Andrés Iniesta tendría que haberse posicionado cuando pudo y cuando tocó hacerlo del lado del estado de Derecho y de la Constitución, pero no lo hizo. ¿Esto quiere decir que no se sienta español?... En absoluto. Pero, antes que español, se siente futbolista y también hombre de negocios. Los suyos los sigue teniendo en la Cataluña ocupada, de ahí que llamara tanto (o tan poco) la atención que esperara hasta ponerse a salvo en Japón para mostrar una banderita de España en el talón.