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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 16 de julio de 2018

La poca vergüenza / por Paco Delgado



El alcalde de pamplona, Asirón -que apuesta por abrir un debate social  sobre la supresión de las corridas en la ciudad que gobierna y que no  asistió a la tradicional misa en honor al patrón- tuvo empacho en  calzarse la chistera y presidir, como marca la tradición, la primera  corrida de la feria.

  • Como también es de vergüenza que las cadenas de televisión den minutos y minutos a los encierros, que aparecen en todos sus informativos con gran despliegue de medios, y no dediquen ni un segundo ni media palabra a lo que sucede por la tarde en el coso pamplonés.

La poca vergüenza

San Fermín y sus fiestas -en la que la de los toros es la más  significativa del programa-, sirve de nuevo como extraordinario  escaparate en el que la ciudad de Pamplona se deja ver en el mundo  entero.

Y todo esa venta de imagen, ese aluvión de visitantes y esa  plataforma visual y muy real para la economía no sólo de esta ciudad  que mil años antes de Cristo era ya conocida como Iruña y que con la ocupación romana, según Estrabón, pasaría a ser Pompaelo -y de ahí  Pamplona- en honor a Cneo Pompeyo Magno, guste o no guste, quieran o  no, viene de la fama adquirida por sus funciones taurinas.

Y en estas, aprovechando su momento de gloria – a ver cuándo se ve en  otra igual…- su actual alcalde, Joseba Asirón, va y suelta que no se imagina San Fermín sin encierros, pero sí sin corridas… que tiene  que existir esa evolución, dice, remarcando que le cuesta más ver la  desaparición de los encierros, a los que considera “una seña propia de identidad”, que la de las corridas de toros, sin pararse a pensar  que los encierros son consecuencia directa de las corridas de la  tarde para la que sirven la materia prima; el encierro es la fase  previa de lo que en realidad es la gran celebración de cada día, la  corrida y que sin éstas no habría aquellos…

Pero no por todo ello Asirón -que apuesta por abrir un debate social  sobre la supresión de las corridas en la ciudad que gobierna y que no  asistió a la tradicional misa en honor al patrón- tuvo empacho en  calzarse la chistera y presidir, como marca la tradición, la primera  corrida de la feria. Eso es tener poca vergüenza. Como poca, o  ninguna, tiene la ínclita Ruth Toledano, activista en defensa de los  derechos de los animales y que ha soltado en las redes sociales una  perla de muchísmos quilates: “El luto no es completo, incluso es  falaz, si no se refiere a todas las víctimas de la violencia de los  sanfermines. La mujeres violadas y los toros asesinados. Defender a  unas víctimas y olvidar a otras no es propio de un movimiento justo  como el de la liberación de las mujeres”. De premio… a la estupidez.

Como también es de vergüenza que las cadenas de televisión den minutos y minutos a los encierros, que aparecen en todos sus informativos con gran despliegue de medios, y no dediquen ni un  segundo ni media palabra a lo que sucede por la tarde en el coso  pamplonés. Vuelvo de nuevo a pedir a la Fundación del Toro de Lidia, único ente taurino que ahora parece que tenga algún interés en la defensa de la tauromaquia, que es primordial y prioritario el hablar  con las televisiones y pactar la vuelta del toreo a las pantallas, aunque haya que rascarse el bolsillo.

Tal como hacen los del fútbol, por ejemplo, que pagan fortunas porque  su deporte siga siendo el rey. Precisamente este año coinciden en el  tiempo la celebración de las corridas de San Fermín con el campeonato  mundial de balompié, en el que aparte del bochorno que, una vez más, nos han hecho pasar nuestros dirigentes, se ha podido ver la,  también, poca vergüenza de muchos astros, o supuestos astros, del balón.

Daba risa, o pena, no sé, era todo tan patético, ver como Neymar, o  Mbappè, o casi cualquiera, se retorcían de dolor sobre el césped por  un encontronazo con otro jugador o perdían casi el conocimiento por que les habían soplado en la oreja… Contrasta ese teatro, esa burla, esa falta de profesionalidad, con el carácter torero. En San Fermín sin ir más lejos, Paco Ureña aguantaba a pie firme, chorreando  sangre, a que doblase el toro para ir a la enfermería, o Castaño  pagaba con una grave cornada su ansia de triunfo. O, cuando se cumplen dos años de la muerte de Víctor Barrio en la plaza de Teruel,  en Arévalo, Juan José Padilla sufría una espeluznante cogida en la  que le arrancaron media cabellera. Y mañana a torear. Igualito que los de la poca vergüenza.