
Así era la embestida de 'Artista', la bravura consumada de Jandilla / Eduardo Ripoll
El cuarto toro de la tarde, que mereció la vuelta al ruedo, tuvo un extraordinario comportamiento en la muleta de Sebastián Castella, quien no lo cuajó ni tampoco coronó su obra con la espada.
Feria de Fallas
'Artista', la bravura consumada de Jandilla
Jaime Roch
El cuarto de la tarde fue un toro de muy singular bravura, con su carga de dinamita, con tremenda exigencia, pero sin fiereza ni contaminarse en su sentido a lo largo de la faena porque mantuvo la promulgación de su ritmo.
La magnificación de su embestida se mantenía frente a la desolación de una de las llamadas figuras del momento: Sebastián Castella que, sin remedio, no lo cuajó. Pero eso sí, fue un toro mayúsculo, de bravo temperamento, pero agradecido, con la entrega por bandera.
Este ejemplar se llamaba ‘Artista’, número 110, de 550 kilos, y mereció la vuelta al ruedo póstuma en su arrastre, hecho que no contempló la presidenta Pilar D. porque, entre otras cosas, el torero no había sido premiado con ningún trofeo tras liarse con la espada.
Pero es que esta vez el toro, en orden de importancia, quedó por encima del torero, apático, y que malogró la gloria de la bravura consumada de este ‘Artista’ con una faena sin ideas donde apenas le cogió el aire al animal, ese tempo de la embestida que hay que saber encauzar y reducir.

Baile en los corrales
Era el toro que habría los únicos tres sorteados de Jandilla para lidiarse en Valencia, tras un baile en los corrales de hasta dieciséis toros de la ganadería titular y del Puerto de San Lorenzo, que también envió ejemplares que estaban reseñados para la Feria de Julio para completar el encierro.
De salida, ‘Artista’ mantuvo la propia tensión de su embestida ya. Es lo que transmitía su presencia. De pomposa hechura, alto de agujas, ni pobre ni rico de cara, estrecho de sienes, era precioso, con una expresión muy torera y de los que caben en la muleta, que eso gusta el doble si se sabe torear.
Cumplió en el caballo y también mostró, de nuevo, su transmisión en el tercio de banderillas antes de romper en la muleta con una embestida tremendamente codiciosa hasta el final de la faena, lo que definió a la perfección su bravura, de una viveza muy particular.
Traía también consigo otras virtudes de la bravura fundamental: la humillación, la fijeza y la prontitud. Hubo en su embestida esa belleza singular, profusa en su marcada condición, volcando el pitón de afuera cada vez que metía la cara en la muleta.
Esa manera semicircular en la que embestía el Jandilla, tan cómodamente alojado ahí en cada arrancada, le otorgaba una profundidad admirable, extraordinaria. En otras palabras, el toro se rebozaba al final del muletazo.
Castella no dejó ni una sola tanda redonda, todas intermitentes y que, al no ser fácil el toro, un torero de su tiempo no tiene ninguna justificación para ocupar el sitio de privilegio que tenía en esta Feria de Fallas.

El gran momento de Pablo Aguado se ha visto en València / Eduardo Ripoll
El momento de Aguado
Además de ‘Artista’, el otro argumento de la tarde fue todo lo bien y mejor que hizo Pablo Aguado. Todo menos la suerte suprema, claro. Ahí se le fue un triunfo bien ganado de innegables excelencias estilísticas.
Las verónicas fueron sedosas, las chicuelinas lentas y preciosas y los remates poderosos. Estuvo sencillamente perfecto frente a ese toro del Puerto de San Lorenzo, con cierta nobleza y calidad durante todo lo que duró, que no fue mucho. Muy técnico, muy inspirado, muy templado, estupendo de dulzura, de conocimientos, de torería, muy torero también, marcó las diferencias con sus compañeros de cartel.
La faena tuvo mucho relajo, majestuosidad por momentos. Es el toreo más despacioso que se ha visto en esta feria, rematado con unos pases de pecho de cartel. La importancia de torear con las muñecas y los vuelos. Esa es la verdadera importancia.
Igual que el pinturero final de faena al sexto de Jandilla, acariciando un pitón, con la muletita en la mano y el cuerpo por delante... como los naturales a pies juntos, con aires tan sevillanos de San Bernardo. “Sevillano tienes que ser”, le gritaban desde el tendido. No les faltaba razón. Porque a Aguado sí da gusto verlo.
Lo de José María Manzanares, tal y como le pasa también a Castella, es un exceso para el aficionado que se sigan anunciando en las ferias y en los carteles de tanta categoría en los que después ya no responden.
Su lote, que no fue extraordinario, sí que tuvo posibilidades de triunfo, especialmente el quinto, también de Jandilla... Con la cantidad de jóvenes toreros, con mimbres brillantes, que hay hoy en día, deberían velar más por el futuro del toreo y apartarse para dejar paso. Mirar por el futuro de la tauromaquia también es ser figura del toreo. O, por lo menos, intentarlo. Veremos.

Samuel Navalón regreso a la plaza de València tras su triunfo junto a Vicente Mompó y el alcalde de Ayora, José Vicente Anaya / Levante-EMV
Valéncia15 MAR 2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario