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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 27 de marzo de 2026

HUGHES: Por Noelia


 '..Decía Houellebecq: «Cuando un país —una sociedad, una civilización— legaliza la eutanasia, pierde todo derecho al respeto. Entonces, resulta no solo legítimo, sino deseable, destruirlo, para que algo más —otro país, otra sociedad, otra civilización— tenga la oportunidad de surgir». Llevamos soportadas muchas razones, pero cuando pregunten por qué, diremos que Noelia..'

Por Noelia
HUGHES
Internet fulmina cualquier pretensión de originalidad. Estaba yo obnubilado todo el día por un periodista de El País, y me di cuenta, a media tarde, de que ya se había hecho famoso.

No está al alcance de todos empezar un artículo con «Noelia debería estar muerta». Falló un pequeño detalle: el padre. De qué manera hablaban los comisarietes progresistas del padre, de ese padre… Ha sido el malo de la película (por supuesto, junto a los clásicos abogados cristianos) por haber prolongado la vida de su hija impidiendo «su derecho a una muerte digna».

La idea de vida o muerte digna lleva implícita la de la vida/muerte indigna. Y esa vida indigna no se ataca, por supuesto, no se ejecuta eugenésicamente pero, de otra forma, recibe un estatuto distinto al retirarse en ella las salvaguardas habituales. Lo indigno no es asesinado, pero puede ser suicidado. Se abre por tanto la posibilidad al reconocimiento, por el Estado, de una vida B.

Con Noelia parece que hemos pasado de la ayuda a la muerte a ayudar al suicidio, de la ayuda al buen morir a evitar el mal vivir. Pero vivir es ir muriendo y eutanasia, en cierto punto de legislación, era ya suicidio. Los siniestros progresistas (casi todos somos progresistas, pero no formamos parte de esa agresiva vanguardia ‘moral’) se dibujan siempre, llevados por una especie de delirio de Ilustración, por oposición a los católicos y a la Iglesia y esto ayuda a verlos mejor. Los católicos creen en otra vida y en un Mas Allá, pero intentan alargar esta, la aprecian como algo sagrado. Los progresistas no creen que haya nada después, y tratan la Vida («la vida es una»), sin embargo, como algo que puede ser apagado.

Subleva la soberbia con la que despachan la eutanasia. En ella se dan tres absolutos: la voluntad individual en una libertad desvinculada, el comité de expertos (autonómico además) y la Ley. «Es que es legal —dicen—, se han seguido los pasos», como si la vida fuera impugnar una multa. Normal que los abogados hayan tenido que tirar por el contencioso, porque la vida de Noelia ya era solo un procedimiento administrativo. 

¿Pero cuándo les ha importado a estos salvajes la ley? ¿Qué ley han respetado estos animales de bellota?

Indigna además que nos hagan participar en esto. Yo respeto el derecho al suicidio y animo a los periodistas gubernamentales a que lo emprendan de inmediato. Pero esto es otra cosa y es un horror formar parte, por su culpa, de una gran impotencia. Ese dar por clausurada la esperanza. ¿No se podía hacer más? ¿No se le podía hacer llegar amor, cuidado, tratamientos nuevos a esa mujer?

Cualquiera siente que con Noelia se podía haber hecho más, y hasta James Rhodes ofreció su ayuda. Es un izquierdista, pero no es capaz de alcanzar los niveles de fanatismo e impiedad de sus correligionarios ibéricos. Como el mencionado periodista de El País, que hablando de Noelia escribió que su padre estaba «estirando el chicle». Difícil de superar parecía, pero Eldiario.es tituló anoche: «Noelia gana a los ultras» y «muere»; lógica sacrificial, martirio de la muchacha en el altar de la ideología ¿antifascista o simple jodetefacha?

Este caso ha revelado al extranjero y nos recuerda a nosotros el terror español, la horrorosa vida española que aparece en cuanto se rasca la capa de turismo, playas, fiesta y Real Madrid. La realidad terrorífica de lo español se muestra al exterior y la izquierda impone en nuestras conciencias otro golpe de profunda desmoralización. No es la primera cuenta atrás. No es la primera vez que miramos impotentes el reloj por una vida.

Se hace tentador recurrir a cierto tremendismo con el Estado (hacer un poquito el salto de la rana hobbesiano), pero algo cambia con la ejecución caritativa de esta muchacha: el Estado del cuidado y la solidaridad muta hacia formas de soledad. En la tupida jungla asistencial (más que nada retórica) claros de liberalismo atroz que dejan tiritando: islas de desamparo. Esto ya no es un Estado paternal que cuida, es un Estado paternal que finiquita. El Estado es Proveedor pero de otra forma: de dar empleo y vivienda pasó a dar subsidios y disculpa para la okupación y ahora da derechos a amputarse los genitales y a ser asistido en el suicidio.

Es el Estado Proveedor del feminismo, que es la compañera con la que se encama. ¡La hembra-bruja de este macho cabrío! El feminismo se ha dedicado a complicar la vida al español, pero vive perfectamente con la idea de que a las mujeres las violen y luego las suiciden. Pon buena cara, chata, que es un avance.

El Estado le permite a la mujer matar a sus hijos, matarse ella también si quiere (Él la ayuda) y llevar a sus hijas a la inyección letal jodiendo al padre, que seguro es un españolazo.

Decía Houellebecq: «Cuando un país —una sociedad, una civilización— legaliza la eutanasia, pierde todo derecho al respeto. Entonces, resulta no solo legítimo, sino deseable, destruirlo, para que algo más —otro país, otra sociedad, otra civilización— tenga la oportunidad de surgir». Llevamos soportadas muchas razones, pero cuando pregunten por qué, diremos que Noelia.
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1 comentario:

  1. Todo normal en este país de rojos, separatistas, traidores, y jerarquía eclesiástica apóstata, y todos bajo la Corona cómplice. Asco y vergüenza de esta sociedad vil e indigna que es lo que ha quedado del otrora respetable pueblo español. Descanse en paz Noelia

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