
El empresario y ganadero reflelxiona sobre la situación actual de la Fiesta: «Veo mucho futuro, aunque hace falta renovar el escalafón»
José Luis Lozano: «El premio ABC es un Do mayor, el gran referente para los taurinos»
«Han hecho ustedes lo que debían, que diría Umbral». Son palabras de José Luis Lozano al recibir la noticia de la concesión del XVII premio Taurino ABC a él y sus hermanos, «representantes de una generación histórica que ha contribuido de manera decisiva al impulso, a la preservación y al desarrollo de la tauromaquia en todas sus vertientes, como empresarios, ganaderos, apoderados y toreros». Ese fue el veredicto del jurado, que pone en valor a una de las casas taurinas clave para contar, analizar y comprender la historia del toreo desde mediados de la pasada centuria.
En una pequeña localidad toledana, Alameda de la Sagra, en una familia con hondas raíces ganaderas, crecieron las ilusiones de los Lozano: José Luis, la mente preclara en la estrategia y las contrataciones; Eduardo, la pausa y la serenidad empresarial; Pablo, sabio del toro y del toreo, fallecido en 2020 y siempre en el recuerdo. «Qué alegría le hubiese dado a nuestro hermano. Hay premios y premios, y hay algunos con una solera y una historia que solo han ganado los grandes. Es el caso de ABC, que siempre ha sido el gran referente para los taurinos, donde enterarnos de las cosas, por su seriedad y sus informaciones. No hace falta ser de un partido político ni monárquico ni de derechas; los taurinos hemos confiado siempre en el ABC. Es un premio en Do mayor», subraya José Luis Lozano, que hace un análisis de la situación de la Fiesta.
La hora de la verdad
—¿Cómo ve actualmente el sector?
—Con mucho futuro. Hay una juventud que va a los toros, aunque no sé si es afición profunda o no. El aficionado lo tiene más difícil porque ha cambiado la vida: menos tertulias de toros, menos educación de mayores a jóvenes… Pero la gente va a las plazas, y eso es muy bueno. Hay que trabajar para que no se vayan. Ahora se llenan las plazas como no se llenaban ni en las épocas grandes. Mucha gente va sin ser muy aficionada, pero va. Y eso es futuro.
—Crece el público, pero también los ataques.
—El antitaurinismo ha hecho daño, sobre todo con el cierre de Cataluña, que fue una puñalada trapera. Eso ha tenido consecuencias en América: se aprovechan diciendo que si en España no quieren los toros, menos allí. Pero se va recuperando, con más festejos otra vez en los pueblos, y eso es importantísimo, ir a la raíz. Es una pena ver Quito, Caracas, Bogotá o México cerrados. Si las cosas cambian políticamente, beneficiaría mucho.
—Este galardón se les concede como representantes de una generación única, en la que precisamente también manejaron con éxito grandes plazas americanas.
—Bueno, se ha hecho lo que se ha podido. Cuando algo te gusta tanto, el trabajo pasa inadvertido porque lo haces con gusto. Hemos disfrutado trabajando y luchando. Hemos tenido suerte y nos han salido las cosas que pensábamos. Eso es una gran satisfacción.
—¿Cuál ha sido la ‘niña bonita’ de sus plazas?
—Muchas. Los inicios en plazas pequeñas, como Úbeda y Villacarrillo, Vista Alegre compitiendo con Madrid, muchas en América, como Bogotá o Quito, que era tan buena como Sevilla. Pero Madrid era la aspiración máxima: cumplimos con un gran equipo. Ahora, Pontevedra, donde mantenemos tres corridas con mucho ambiente, con las peñas. Hay que trabajárselo y estamos también muy agradecidos.
Evolución del toro
«El toro de hoy es totalmente distintos al de antes. Embisten mucho, pero se ha perdido agresividad y nos hemos pasado en nobleza»
—¿Y el toro cómo ha evolucionado?
—Es totalmente distinto. Desde la época de Joselito y Belmonte ha habido un sacrificio de los ganaderos en buscar el toro que sirviera al torero. Se ha seleccionado tanto que ahora hay menos diferencia entre ganaderías. Ves toros de divisas casi desconocidas, con animales de más de 500 kilos, embistiendo mucho y humillando, que es lo fundamental para el toreo actual. Hay corridas estupendas, aunque tal vez nos hemos pasado en buscar la nobleza. Antes el toro era más agresivo; ahora puede perder esa agresividad por la moda. Es difícil acertar.
—¿Hace falta una regeneración en el escalafón?
—Falta gente nueva que evolucione y sustituya a los que llevan años de alternativa. Hay dos toreros que han renovado su tauromaquia ya veteranos: El Juli de la despedida y el Morante de ahora no tienen nada que ver con los de hace diez o quince años. Eso es un aliciente: si no te renuevas, caes en la rutina. Antes la vida del torero era de ocho o diez años; ahora llegan a veinte o treinta. Antes se decía que ibas a durar más que Marcial Lalanda, y estuvo veinte… Eso no ayuda a que salgan nuevas caras, un fallo empresarial tremendo por no mirar por el futuro. El empresario debe volcarse en novilleros y futuros toreros; si no, caemos en el vacío.
—Precisamente el Gobierno ha hecho un último ataque en el que pretende prohibir la entrada a los menores a las plazas y a las escuelas.
—Eso no ayuda, claro. Los toros son ejemplo de señorío y respeto: no hay problemas de seguridad como en el fútbol, donde hay peleas constantes. Aquí han encasillado los toros como de derechas, cuando toda la vida ha habido aficionados de izquierdas: Indalecio Prieto, Felipe González y sus ministros, aficionadísimos. La izquierda ha cambiado radicalmente.
—Ustedes han conocido a personajes de todo tipo, desde Gabriel García Márquez a Pablo Escobar. ¿Qué recuerda de aquella época?
—Conocíamos a todo el mundo de la farándula, del teatro, de la política. Conocimos a Botero, Obregón… La época de los cárteles en Colombia fue terrible, retrasó el país. Pero México está casi peor ahora, me da mucha pena verlo así.
—¿Qué torero le caló más como apoderado?
—Hemos apoderado a grandes figuras; algunos, como Palomo Linares, Espartaco y César Rincón, eran uno más de la familia, criados en casa. En el 66 y el 67 apoderamos en una feria de Sevilla a Palomo, Rafael Ortega, César Girón y Curro Romero. Todos los días teníamos un torero. Fue una gran satisfacción.
Pliego de Las Ventas
— ¿Ustedes se hicieron ricos. ¿Se gana dinero ahora?
—Sí, y se debe. Por ejemplo, el pliego actual de Madrid es buenísimo, con precios libres. Nosotros lo hubiésemos querido en nuestra época: no es lo mismo un Manolete que un desconocido. Cada cosa, su precio.
—Además, trajeron la televisión a la Feria de San Isidro.
—Televisar fue un acierto en su momento: los abonados copaban casi todo y gente de fuera no podía verlo ni entrar. Aunque sea bueno que estén las autonómicas, la televisión privada, Movistar, era importantísima. Perder el Plus fue una equivocación. Con matices, se podía haber mantenido. Porque de Televisión Española no esperamos nada, siempre ha sido muy cicatera.
Formalidad
«Mi abuelo siempre decía que el mejor negocio es ser formal, tener crédito. El crédito vale tanto como tener mucho dinero»
—¿La casa Lozano sigue en buenas manos con los sobrinos?
—Yo creo que sí. Tienen buena madera, conocen la profesión y saben que hay que ser rigurosos y formales. Mi abuelo siempre decía que el mejor negocio es ser formal, tener crédito. El crédito vale tanto como tener mucho dinero. Y tenía razón, sobre todo en una profesión donde las negociaciones se hacen con un abrazo y un apretón de manos. Es el único negocio donde se sigue haciendo así. He tocado otros sectores y creo que el del toro es el más serio: no hay notarios ni abogados. Todo se mueve por teléfono y de palabra, y se respeta. El que no respeta poco a poco pierde crédito y se aparta.
—¿Todavía quedan hombres de palabra en el mundo del toro?
—Sí, quedan. Si no, sería imposible negociar. No me imagino el toreo con un abogado en la chepa en cada negociación.
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