
'..La fuerza de las Fallas es tan enorme que no la paran ni las huelgas, ni los conflictos entre las autoridades valencianas y el gobierno central, ni los independentistas catalanes, que intentan apropiárselas, como todo lo bueno...'
Triunfal reaparición de Samuel Navalón en la Feria de Fallas
Cartel de «No hay billetes» y un festejo interminable
Andrés Amorós
El Debate / Valencia, 14 Marzo 2026
La fuerza de las Fallas es tan enorme que no la paran ni las huelgas, ni los conflictos entre las autoridades valencianas y el gobierno central, ni los independentistas catalanes, que intentan apropiárselas, como todo lo bueno. A la vez, el riesgo es evidente: enfermar de éxito, de convocar masas de público muy difíciles de manejar.
Además de los que acuden a las Fallas por otros mil motivos, también son importantes los aficionados de toda España que vienen a las corridas de toros. En el tren en el que yo vine, escuchaba conversaciones sobre pases naturales y sobre los nuevos toreros… El sábado anterior a San José parece ser el día ideal para que acuda mucho público a la Plaza; más, incluso, que el día de San José, en el que, para muchos valencianos, pesan las obligaciones familiares. Por eso, en el cartel de hoy se anuncian dos primeras figuras, Talavante y Roca Rey, junto a una joven promesa, Samuel Navalón. Da alegría ver el cartel de «No hay billetes» y la Plaza, llena; eso sí, con un público festero, deseoso de que se concedan trofeos.
No está bien que, una vez que el Presidente ha sacado el pañuelo, los alguacilillos esperen a que los diestros comparezcan: la puntualidad significa buena educación, respeto al público y es norma de la Tauromaquia. De hecho, pasan casi quince minutos antes de que salte a la arena el primer toro. Antes, eso hubiera provocado una bronca y con razón.
Los toros son de Victoriano del Río y Cortés, una de las ganaderías actuales que posee mayor prestigio: cercanos, todos a los 600 kilos; cuatro, burracos (excepto el primero y el último). Dos de ellos, cuarto y quinto, de ilustre reata. En general, resultan manejables pero justos de fuerzas; algunos, también, de casta. Los mejores, el tercero, premiado con una exagerada vuelta al ruedo, y el sexto.
Con veinte años de alternativa, apoderado por Simón Casas, Alejandro Talavante vive ahora una etapa feliz: el público ha aceptado su peculiar toreo, se aparte o no del clasicismo, en nombre de la imaginación y de la magia… Así, Talavante sigue cómodamente su camino, haciendo «sus cosas», buenas o menos buenas, que el público aplaude por igual.
Abre Plaza un toro colorado, que sale algo suelto pero embiste con nobleza al capote; acude al caballo al relance y sale huyendo hacia el otro caballo. El toro va a su aire, en todos los terrenos; nadie impone su ley. Dos buenos pares de Ambel. En tablas, donde se ha refugiado el animal, Talavante traza con facilidad naturales, que la res toma con cierta nobleza. No lo ha fijado ni ha corregido su querencia. Pincha mal dos veces antes de dejar un espadazo caído y perpendicular, que muchos aplauden. Para empezar, muy poca cosa.
El cuarto se llama Dulce, igual que el que propició el triunfo, en Las Ventas, de Borja Jiménez, y fue declarado mejor toro de San Isidro. El ganadero alabó entonces su «galope armonioso y rítmico». Lo recibe Talavante con un farol de pie, como suele, y verónicas: el toro embiste con suavidad y con las fuerzas justas. Un vecino de localidad cae en la tentación del chiste fácil: «de dulce». El picador se limita a sujetarlo pero la rea flaquea y sale huyendo hacia el segundo caballo, embiste a oleadas. Comienza Talavante de rodillas, el toro va a su aire y también flaquea. Ya de pie, el toro repite, engancha varias veces la muleta; una arrucina provoca el entusiasmo. La faena es muy desigual, más larga que lucida, y el toro acaba rajado. Pincha antes de la estocada y tarda en caer: dos avisos. Llevamos dos horas de festejo y solamente cuatro toros. La gente, encantada, lo celebra acordándose de cierto político.
No lo tuvo fácil Roca Rey el año pasado: Morante le arrebató el cetro por su calidad. Y hasta lo más sorprendente: por gancho en la taquilla, algo insólito en un diestro de su línea artística, ya en su madurez. Así fue la conmoción social que suscitó un Morante que, en la actualidad, sólo es comparable a él mismo. Además, Roca empezó a sentir el desapego de algunos públicos exigentes, en Sevilla y en Madrid. Tampoco le ayudaron los rumores de su veto a Luque…
Esta temporada, creo que ha acertado Roca al elegir como apoderados a unos profesionales tan expertos como los Lozano, en vez de llevar él mismo su carrera (por medio de su hermano). Retirado Morante, parecía que tenía a su alcance recuperar ese «número uno» que, como su admirado Luis Miguel, tanto ambiciona. Pero resulta que el imprevisible Morante vuelve a torear en unas cuantas Plazas… En todo caso, a Roca Rey le quedan fuertes bazas: el tirón taquillero, el valor, la regularidad en el triunfo…
Lógicamente, Morante no torea en Fallas porque reaparece (junto a Roca) el Domingo de Resurrección, en Sevilla. Por el momento, es mérito de Roca Rey que se llene esta tarde la Plaza de Valencia, que siempre le ha sido propicia. (Aquí le vi yo por primera vez, en una novillada en la que nos deslumbró).
El segundo toro, el primer burraco de la tarde, flaquea de salida: Roca ha de cuidarlo con suaves delantales pero derriba con facilidad al caballo. Lo pican poco y protesta. Quita Navalón por chicuelinas.

Roca Rey, con la muleta ante el primero de su loteEFE
Lo recibe Andrés por alto, con los pies juntos: el toro flaquea y queda corto pero al público le encanta que el diestro remate la suerte con algo tan feo como mirar al tendido. Bajándole la mano, impone su mando en muletazos por los dos lados aunque el toro protesta un poco. Sube la emoción en los naturales, llevándolo prendido en los vuelos de la muleta. Con el toro agotado y rajadito, recurre al efectismo de los circulares invertidos y el arrimón, acogido con clamor. Suena un aviso mientras sigue con las bernadinas. La gente ha aplaudido más lo menos bueno, como ahora es habitual. Se ha pasado Roca de faena y pincha mal dos veces antes de la estocada: suena el segundo aviso.
El quinto se llama Jaceno («jácena» es una viga maestra), igual que sus hermanos, con los que triunfaron Manuel Escribano, en Málaga, y Roca Rey, en Las Ventas. Se aplaude –¡por fin!– a un picador, Sergio Molina. En banderillas, el toro pega arreones. Aunque flaquea y se desentiende, el peruano lo va metiendo en la muleta, con más oficio que brillo. El largo trasteo acaba impacientando hasta a este público, que ya es difícil… La estocada caída es acogida con clamor.
Junto a las dos figuras, no torean esta tarde Luque o Borja Jiménez, que habrían podido apretarles. Vuelve a los ruedos el valenciano de Ayora Samuel Navalón, de 21 años, después del gravísimo percance en el cuello que sufrió en un festival, en Algemesí. Es una oportunidad que todos aplaudimos. Ha de demostrar que lo merece y lo demuestra, con su entrega, la suerte de un buen lote y la ayuda del público, volcado a favor del más débil.
Recibe Navalón con dos largas de rodillas, en los medios, al toro de su reaparición, que también flaquea de salida y acude al segundo picador. No le pican absolutamente nada pero vuelve a caer, en banderillas. Brinda Samuel a los médicos, mientras El Soro toca la diana floreada. El toro va y viene, muy justo de fuerzas pero muy manejable: Navalón se lo saca por delante y por detrás, liga muletazos de mano baja entre el clamor de los paisanos. Aprovecha la bondad del toro en una buena serie final, por la derecha, pero prolonga sin necesidad, con el toro ya rajado. El desplante final, a cuerpo limpio, pone de pie al público. Pincha antes de una buena estocada y corta una oreja. Sorprendentemente, conceden la vuelta al ruedo a un toro noble pero flojo, apenas picado.

Navalón desafía al primero de su lote, este sábado en ValenciaEFE

El joven torero recibió a porta gayola al segundoEFE
Acude a porta gayola en el último, que sale con pies y empuja en el caballo. Miden mucho el castigo, Se luce en un quite variado. Saluda en banderillas Curro Javier. Con el público volcado a favor, lo recibe con siete muletazos de rodillas. El toro embiste con clase y el diestro logra muletazos lentos, ligados, que entusiasman al público. Ha tenido Navalón fortuna en el lote pero lo ha aprovechado bien. Tenía las orejas en el bolsillo pero pincha antes de la estocada y se queda en una: no importa, los paisanos lo sacan a hombros y deja muy buena impresión.
A Talavante y a Roca los veremos en muchas Plazas, esta temporada. Esta tarde, se van los dos sin trofeos y habiendo escuchado dos avisos. Samuel Navalón también merece que podamos verlo en más Ferias.
Disculpe el lector mi insistencia. El festejo ha durado dos horas y tres cuartos: es demasiado, sin la menor duda. Los tres toreros deben recordar que el sentido de la medida es básico, en la Tauromaquia y en todas las demás artes.
- FICHA
Feria de Fallas. Valencia. Sábado, 14 de marzo de 2026. No hay billetes.
Toros de Victoriano del Río y Cortés, manejables, en general, justos de fuerza. Vuelta al ruedo generosa al tercero.
ALEJANDRO TALAVANTE, de gris plomo y oro, con cabos negros, dos pinchazos y estocada caída y perpendicular (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada desprendida (dos avisos, silencio).
ROCA REY, de aguamarina y oro, dos pinchazos, estocada y descabello (dos avisos, saludos). En el quinto, estocada caída y descabello (silencio).
SAMUEL NAVALÓN, de blanco y oro, pinchazo y estocada : oreja. En el sexto, pinchazo y estocada (oreja y petición de la segunda). Sale en hombros.
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