la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 23 de marzo de 2026

Madrid abre con Cuadri. "Eso le pasó a Noé". Márquez & Moore


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Arranque de la temporada en Madrid en la recién estrenada primavera. Lo primero, el tradicional minuto de silencio, anunciado por las tradicionales cacofonías, que esta vez tuvo el formato de una especie de Paracuellos en el que quedaron englobados todos los fallecidos desde el último minuto de silencio que se dio, hermanados todos ellos por el hecho de su fallecimiento. El paseíllo lo dieron los matadores de toros Pepe Moral, Damián Castaño y Gómez del Pilar, bien conocidos todos ellos de la afición madrileña, y el ganado al que habrían de enfrentarse se vino a los madriles desde Trigueros, lo cual sólo puede significar que los toros eran de Cuadri. Cualquiera que sea un poco observador se percatará de manera inmediata, viendo esa combinación de toros y toreros, de cómo, una vez más, se vuelve a cumplir el primer principio de la termodinámica taurina, aquél que reza: “a toro grande, billete pequeño”.

Cuadri venía de lidiar seis toros el día anterior en Villaseca de la Sagra, que junto a los seis de Madrid le suponen doce toros de saca, para alivio de la cuenta de resultados del señor ganadero que en dos días ha retirado una docena de morlacos de la circulación, con lo que comen esos animales, y que de los de Madrid había cuatro cinqueños que llevaban ya más habas en sus cuatro estómagos que lo que las normas básicas de la economía dictan como óptimo. La presencia de la corrida ha sido un poco decepcionante, por poco pareja y desigualada. Bien es verdad que ha salido uno que era una pura definición de lo que es el tipo que se espera de la ganadería de Cuadri, el quinto, Berlinés, número 24 fue un bello ejemplar, puro trapío, y además fue el que mejor cumplió en varas de un encierro que, por lo general, tuvo un comportamiento de más a menos, descastado, áspero y complicado, lo que se suele decir que no iban dispuestos a regalar nada.

Pepe Moral nos obsequió con la primera porta gayola de la temporada -vendrán muchas más- y a punto estuvo la cosa de salirle fatal cuando el toro Curandero, número 40, de 668 kilogramos se frenó donde menos convenía, haciendo pasar un susto morrocotudo al matador y a la parroquia. Luego el descomunal toro se desfondó y acabó ofreciendo sus embestidas de una en una, siendo jaleados por el público algunos de los pases que obtuvo el sevillano, que se encenagó con los aceros y a punto estuvo de oír el tercer aviso. En su segundo dejó unas recias verónicas de tú a tú en el principio de su relación con Curtidor, número 32, y una buena estocada en el fin de su breve trato.

Damián Castaño se esforzó de lo lindo con Timonero, número 40. Le quiso lucir en varas y luego le planteó la faena con valor y decisión, robándole literalmente los muletazos al Cuadri: uno para ponerle en marcha y otro para llevarle toreado a despecho de las intenciones del toro. Sólo admitía esos dos, porque cuando trató de enhebrar el tercero, el toro le dijo a las claras que nones a base de trompicones. Se apreció el esfuerzo de Castaño y se reconoció el valor de los muletazos que sacó donde otros muchos habrían huido, aunque el pésimo y tradicional mal uso del estoque le privó de algún galardón. El segundo de su lote fue el antes citado Berlinés, toro de mucho cuajo que acudió por tres veces al cite de Cristián Romero, sin una alegría desbordante, todo hay que decirlo, pero acudió y digamos que cumplió en varas. Los primeros cites de Castaño al toro, su figura de torero añejo, el brazo izquierdo ligeramente plegado, la montera calada, fueron una golosina para estos ojos cansados de ver vulgaridad, pero cuando el toro manifestó su falta de interés por entregarse a esa bella composición, avisando por los medios de los que disponía, Castaño decidió alargar el brazo y entonces se rompió la magia del instante anterior y hasta el más ignorante de los que nos sentábamos en los tendidos comprendió que aquello tocaba a su fin. De nuevo la espada, usada de cualquier manera, no fue certera.

Gómez del Pilar había estado el día anterior con tres de Cuadri en Villaseca y, por lo que cuentan los que estuvieron, tuvo más fortuna en su actuación del sábado que en la de hoy, en la que sorteó a Bronceado, número 19, de menguadas fuerzas y de clara querencia hacia los adentros, toro soso e incómodo que veía el paraíso cuando miraba hacia tablas y que no quería saber nada del espacio exterior, el que le llevaba hacia los terrenos de afuera. Lo mató sin gloria y escuchó un aviso. En su segundo, Pantanoso, número 2, se formó la tremolina a costa del picador Sangüesa, que le pegó de lo lindo al toro, formándose un bochinche fenomenal contra el varilarguero, griterío que no cesó cuando el hombre se situó para la segunda vara, montando con buen arte. El toro se echa a por el caballo, haciendo un extraño regate al entrar en jurisdicción y partiendo la vara de detener, con lo que la enemiga contra Sangüesa crece y el griterío le acompaña ya hasta que se retira, tras una tercera entrada del toro al caballo. Luego el estado de opinión tan desabrido que se había creado acompañó a Gómez del Pilar durante el resto de su trasteo, en el que lo intentó por ambos pitones sin que diera la impresión de que la mayoría le estuviera haciendo mucho caso, e incluso fue despedido con algunos incomprensibles silbidos al retirarse del ruedo. Ya lo dijo Rubén Blades: «Eso le pasó a Noé».


ANDREW MOORE











FIN

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