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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 20 de marzo de 2026

VALENCIA FALLAS 10ª.- Injusto, De Justo / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Emilio de Justo cita para una arrrucina al 5º

Entre la espada y el palco, Emilio de Justo pierde la Puerta grande. Un Talavante fácil, ovacionado, y un Juan Ortega bregando a contraestilo, silenciado. Casta y blandura diversa en los ligeros cuvillos...

VALENCIA FALLAS 10ª
Injusto, De Justo

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, III 19 2026
Los cuatreños de Núñez del Cuvillo trajeron 75 kilos menos promedio que los de ayer, y con menos fuerza. Claudicaron, algunos más de la cuenta, y eso que se les picó poco y nada. En compensación, si se puede decir, muy astifinos y algo más encastados.

Con casi lleno, en tarde fría y nubosa, la vieja plaza tuvo de nuevo en el palco casi tanto protagonismo como en el ruedo. Ahora con nuevo elenco, presidido por su señoría don Luis Maicas y asesorado por don Gabriel González. La misma doctrina. El palco no juzga, solo cuenta pañuelos. Palabras, gritos, clamores, súplicas no le valen. Lo sucedido durante la faena, mucho menos. Solo el riguroso pañuelómetro. Hágame el favor. Pedónenme, pero creo que una plaza de la categoría mundial de Valencia requiere ser dirigida por aficionados de élite con criterio propio.

A Emilio de Justo, le negaron la primera, y quizá le segunda oreja del segundo toro, tras una faena redonda, meritísima, rematada con la quizá estocada de la feria, porque en las cuentas de Usía y de sus justificadores, faltó un pañuelo. No puede ser. Y otra vez bronca. Y para colmo, en el sexto, tras la faena, esa sí la de la feria, pero emborronada con un bajonazo, le regalaron las negadas y bien ganadas por él y por otros en estas Fallas. ¿Ah?

Bueno, en fin. El valiente de Torrejoncillo, con una costilla rota, llegó, y desde su primer lance, del quite al que abrió plaza, hasta el volapié frentero al quinto, puso su honor muy en alto. Supremo con este, “Cordelero”, dijimos. Seis verónicas, tres chicuelinas y media, tan enjundiosas como estéticas fueron preámbulo de una lidia de dominio y consonancia. Poderosos derechazos por bajo, rodilla en tierra, costado, cambio de mano y pecho, plenos de temple y cadencia. Seguidos por dos tandas igualmente notables por el mismo lado pusieron la gente y la banda en modo intenso.

Los naturales, hasta cinco, matizados con una arrucina, la más nítida que he visto, ligado todo con más izquierda, molinete y un fenomenal obligado, llevaron las cosas al extremo. Dueño del toro dejó fluir los naturales hasta la tanda final de cuatro, y cuatro señores ayudados, y otro más y el de pecho y el desplante pertinente. Y más y más a pie junto. Faena de trofeo. La gente a ful. El volapié a la cuna, a pecho descubierto, y la espada…, baja, y el aviso, y dobló, y el puntillero lo levantó tres veces, y de arriba cayó la oreja que desmintió la doctrina contable de la presidencia, este año.

La faena del segundo, considerando, el viento y el talante del toro no fue menos válida, y sobre todo el estocadón con que la firmó merecía por sí solo un trofeo. O quizá dos, la oreja y el de la feria. Pero no. Al final cuando ha debido irse a hombros hubo de salir con una oreja inopinada. Injusto con De Justo.

Alejandro Talavante, con la facilidad, eficacia y falta de pasión de un buen empleado público tramitó sus dos lidias. Finalizando una, ovacionado por una espada desprendida, y otra con tres pinchazos, un aviso y una estocada pasada.

Juan Ortega, con lo menos propicio del encierro. El tercero, que cayó, y cayó, y cayó, y el sexto un defensivo al que plantó cara. Estuvo lejos de su Triana, su lirismo y su sentimiento. Tuvo que hacer de tripas corazón y bregar a brazo partido, no sin dejar matices de su bella torería.
  • FICHA DEL FESTEJO
Jueves 19 de marzo 2026. Valencia. Nubes y frío. Casi lleno. Seis toros de Núñez del Cuvillo, astifinos, cuatreños y de juego diverso.
Alejandro Talavante, saludo y silencio tras aviso.
Emilio de Justo, vuelta tras petición denegada y bronca al palco, y oreja tras aviso.
Juan Ortega, silencio y silencio

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