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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 27 de marzo de 2026

Más allá de las orejas / por Paco Delgado


'..La plaza de Valencia, siempre generosa con el torero, amable y dadivosa, lleva tiempo convertida en una especie de tómbola en la que todo vale y todo cuela. La causa es fácil: la educación taurina cada día brilla más por su ausencia..'

VIENTO DE LEVANTE
Más allá de las orejas

Paco Delgado
No es la primera vez que sucede ni, lamentablemente, será la última. Las plazas cada vez acogen menos aficionados -y muchos menos de los que de verdad sepan y entiendan- y sus tendidos se pueblan mayoritariamente de un público festivo que sólo busca diversión, sin analizar ni tener en cuenta qué es lo que sucede en el ruedo. Sólo quieren orejas como prueba de que la función ha valido la pena.

El coso de Monleón volvió a ser escenario el pasado día 18 de marzo de un espectáculo que va más allá del puntual escándalo, la indignación de unos espectadores poco avisados y la rasgadura de vestiduras de profesionales que claman al cielo por lo que consideran una afrenta que no va contra la fiesta sino contra sus intereses.

Desde hace ya unos años la afición a los toros lleva una deriva ciertamente preocupante. La gente, en su mayoría, no atiende a lo que sucede entre toro y torero, sólo aplauden y piden música a voz en grito y les da igual que lo hecho haya sido, bueno, malo o regular. 

Lo que importa es que el toro caiga y no se echan cuentas ni a su condición, ni a cómo lo ha entendido su matador ni, mucho menos, a la calidad de la estocada; da igual que el estoque caiga bajo, contrario o trasero: si el toro dobla con rapidez, a pedir trofeos.

Pocas plazas quedan ya en las que haya público riguroso o entendido y en alguna, Las Ventas, un cierto sector se ha ganado el rechazo de los taurinos por su nivel de exigencia, si bien es cierto que en no pocas veces rozan, o traspasan abiertamente, los niveles de la educación o el respeto a quienes están en el ruedo. Pero mantienen un cierto tono y logran mal que bien que las cosas se tengan que hacer más o menos con arreglo al canon y no todo sea una pura pantomima y el espectáculo taurino mantenga un nivel de seriedad que lo prestigie y engrandezca.

La actuación del palco presidencial de Valencia hace unos días generó un pequeño terremoto. Pilar Bojó, presidenta en aquel penúltimo festejo del serial fallero, negó una primera oreja y luego otra del cuarto, provocando una buena escandalera. Finalmente, y con una petición menor que las dos primeras, no aguantó el envite ni la presión, y concedió una oreja del sexto, premio que supo a muy poco a su receptor que la despreció y arrojó al suelo lejos de él.

Y lo cierto, desde mi punto de vista, es que estuvo acertada en sus dos primeras decisiones. Ni las respectivas faenas habían sido tan redondas ni rematadas correctamente ni la petición fue claramente mayoritaria. Hay que recordar que la solicitud de premios se efectúa mediante la exhibición de pañuelos, no a grito pelado y en ninguno de aquellos casos la plaza se tiñó de blanco. Sí que hubo mucha bulla y mucho ruido, pero eso no computa. Tampoco se puede premiar lo que sea por que se desgañiten espectadores que no saben lo que han visto.

La plaza de Valencia, siempre generosa con el torero, amable y dadivosa, lleva tiempo convertida en una especie de tómbola en la que todo vale y todo cuela. La causa es fácil: la educación taurina cada día brilla más por su ausencia y no sería mala cosa que clubes taurinos, asociaciones, peñas, etcétera, se dedicasen a organizar cursillos, seminarios, talleres (que se dice ahora) y lo que fuera menester para instruir y aleccionar a sus afiliados y que sepan primero lo que ven y, en consecuencia, pedir trofeos y laureles con sentido, sensatez y justicia y el coliseo valenciano no sea tomado a chacota y acabe convertido, como camino lleva, en un cachondeo.

Durante la última feria se han apreciado intentos de la autoridad por subir el listón y no ceder ni fácil ni rápidamente a la concesión de trofeos sin ton ni son y recompensas que nada valen, aunque luego portales y revistas especializadas pongan el grito en el cielo y les tachen de prevaricadores y otras lindezas con las que tratan de agradar y pasar la mano por el lomo al llamado sistema.

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