
'..No habría suicidio asistido si no hubiera médicos para asistirlo. Me sorprende que no se haya hecho notar la grave responsabilidad del equipo médico que ha facilitado la muerte de una joven que fundamentalmente quería irse de este mundo porque no encontraba motivos para seguir viviendo..'
La carta de un médico sobre el suicido de Noelia: «No en nombre de la Medicina»
Pablo Barreiro García
No habría suicidio asistido si no hubiera médicos para asistirlo. Me sorprende que no se haya hecho notar la grave responsabilidad del equipo médico que ha facilitado la muerte de una joven que fundamentalmente quería irse de este mundo porque no encontraba motivos para seguir viviendo; en todo caso padecía una grave depresión que probablemente le afectaba su capacidad de juicio. Y en este contexto se puede entender que esta joven solicitase ayuda a morir, y que la sociedad bendiga tal demanda, y que haya leyes que intenten regular cómo practicar la eutanasia.
Pero que haya médicos que estén dispuestos a facilitar la muerte de una paciente deprimida conlleva una grave responsabilidad en un triple sentido:
I) porque un médico sabe lo que significa tener mermada la capacidad de juicio. II) porque el código deontológico sigue recordando que un médico no debe colaborar ni facilitar la muerte de su paciente; y lo que es más grave, III) porque con su aquiescencia el médico bendice y fomenta una demanda social que compromete la esencia de la Medicina, la promoción de la salud y la protección de la vida humana. Vienen muy al caso las palabras de E. Pellegrino:
«Los médicos nazis no perdieron su sentido del bien y del mal. Su percepción del bien estuvo bien impregnada, absorbida, por la sociedad, las costumbres, su propio oficio y sus estándares científicos en aquellos momentos... Solo una ética médica críticamente reflexiva y unos individuos autocríticos pueden ofrecer alguna esperanza de que la historia no se repita».
Y con este caso creo que la comunidad médica demuestra ser responsable, al menos en parte, de la degradación moral de la sociedad, desde el momento en que el Código Deontológico que nos hemos dado queda supeditado a la legalidad vigente, y no es posible censurar, a lo que parece casi ni de palabra, a aquellos médicos que van en contra de los principios básicos e irrenunciables de nuestra milenaria profesión.
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