la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 19 de marzo de 2026

Irse de pesca / por Carlos Esteban


'..uno de los cánceres políticos de nuestras sociedades es la politización de todos los aspectos de la vida, que en realidad es la tristeza de vivir en un conflicto permanente entre facciones, una guerra civil incruenta y de baja intensidad, pero continua y que nos deja a todos con cara de pocos amigos y una mecha muy corta..'

Irse de pesca

Carlos Esteban
La democracia parte de la misma base intelectual que explica el servicio militar obligatorio; igual que la organización de la polis es algo demasiado importante para dejarlo en manos de profesionales de la política, la defensa nacional es asunto demasiado crucial para confiarlo en exclusiva a una casta guerrera. El ejército debe ser el pueblo en armas, igual que se confía en que el gobierno sea el pueblo legislando.

Ahora, yo veo muchas ventajas en la vieja ‘mili’, pero también un defecto que comparte, me temo, con el sistema político: el común no tiene necesariamente vocación militar, como no la tiene para interesarse en los entresijos de la cosa pública. Y esto acaba conduciendo a que una parte en absoluto despreciable del electorado elija una vez a su partido y, a partir de ese momento, delegue en él la fastidiosa labor de desarrollar un programa.

Esto lleva a la paradoja de que la gente siga votando a partidos muchas de cuyas posturas, a menudo las más significativas, no coinciden con lo que esa misma gente desea. El caso de la inmigración masiva es una de esas posiciones políticas que, siendo extraordinariamente impopular, como indican todas las encuestas, no basta para que un número crucial de ciudadanos cambie su voto.

Pero, aunque las consecuencias puedan ser desastrosas, una parte de mí se alegra de ese desinterés generalizado, reflejo a veces de un sano escepticismo sobre la posibilidad de que nos permitan de verdad a los plebeyos cambiar cosas que los que mandan no quieren tocar.

Borges suspiraba por un futuro en que la humanidad llegue a merecer no tener gobierno, y Tolkien, tan reaccionario en casi todo, se definía a sí mismo como simpatizante del anarquismo. La desconfianza hacia el poder, la intuición de que no hay nada en la naturaleza humana que faculte a unos para obligar al resto a hacer lo que no quieren, no son en absoluto rasgos ajenos a cierta derecha, algo que no tiene nada que ver con el liberalismo al uso.

Porque uno de los cánceres políticos de nuestras sociedades es la politización de todos los aspectos de la vida, que en realidad es la tristeza de vivir en un conflicto permanente entre facciones, una guerra civil incruenta y de baja intensidad, pero continua y que nos deja a todos con cara de pocos amigos y una mecha muy corta. Es agotador y completamente antinatural que no existan apenas espacios en los que no entren las líneas divisorias de la ideología, que no haya actividad, por inocente que sea, que no te encasille en la izquierda o la derecha, que no sea censurada como fascista o ridiculizada por woke.

Porque en la vida del común, en realidad, el peso de la política es mínimo. Trae más alegría encontrar trabajo que la victoria electoral de «los tuyos»; más pena una enfermedad en la familia que una mayoría absoluta de «los otros».

Quizá no sea casual que buena parte del movimiento conservador responda a este instinto despolitizador, este hartazgo intuitivo de la obligación de mantener una presencia continua y vigilante en el foro. A veces es mejor irse a pescar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario