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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 5 de marzo de 2026

UN SINDICATO QUE MERECE LA PENA (CEP): Homenaje al Col. Pérez de los Cobos


'la CEP es un sindicato policial realmente independiente basado en la defensa jurídica pura que se ha distanciado del ruido mediático para centrarse en lo que ellos mismos llaman «sindicalismo de resultados»'

UN SINDICATO QUE MERECE LA PENA

Forma parte de la insólita valentía de la CEP que haya honrado nada menos que al coronel más perseguido y denostado por el ministro del Interior.

La Confederación Española de Policía (CEP) ha distinguido al coronel de la Guardia Civil, Diego Pérez de los Cobos, con el galardón que lleva por nombre el de una víctima de ETAMaría José García Sánchez. 

La CEP es la excepción en una Policía Nacional cuyo espectro sindical es un arco iris de colores desteñidos por los intereses políticos y de clase. El SUP (Sindicato Unificado de Policía), es orgánico cuando el PSOE ocupa el poder y actúa como disolvente de los conflictos en lugar de como punta de lanza. 

En el otro extremo está Jupol, el fenómeno populista de derecha: basa su estrategia en la confrontación total pero carece de finura jurídica y por lo tanto de la eficacia técnica que se requiere en el Consejo de la Policía. Otro que también mira sólo para sus intereses concretos es el SPP (Sindicato Profesional de Policía). Es el sindicato elitista, el de la «aristocracia» del cuerpo. Representa a las escalas Ejecutiva y Superior y sólo se preocupa de mantener los privilegios de los mandos.

En claro contraste, la CEP es un sindicato realmente independiente basado en la defensa jurídica pura que se ha distanciado del ruido mediático para centrarse en lo que ellos mismos llaman «sindicalismo de resultados». Es el sindicato que ha consolidado más derechos estructurales (en materia de turnicidad, riesgos laborales y defensa jurídica ante imputaciones injustas). Su valentía es la coherencia: han sabido ser críticos con el Ministerio, sin caer en el servilismo, pero tampoco en la confrontación estéril y la estridencia innecesaria del otro lado. Son profesionales defendiendo a profesionales.

Forma parte de la insólita valentía de la CEP que haya honrado nada menos que al coronel más perseguido y denostado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. El coronel, que fue el encargado de dirigir el operativo del Guardia Civil y Policía Nacional para evitar que se celebrara el referendo ilegal de 2017 en Cataluña, sufrió el acoso del ministro, que intentó en vano forzarlo para que saltara la Ley y le informara sobre una investigación reservada relacionada con el desastre humanitario del 8-M.

Marlaska, en su rabia e impotencia, llegó a cesarlo por no desobedecer al juez, y por priorizar su deber constitucional sobre el afán partidista de un ministro y de un Ministerio que en demasiadas ocasiones parecen haber olvidado que la Policía y la Guardia Civil sirven a la Nación y no al Gobierno.

Para el coronel Pérez de los Cobos, con sus tantos años de lucha antiterrorista a sus espaldas, ha significado el más alto honor recibir un premio con el nombre de alguien que dio su vida frente al terrorismo. Para la CEP es una demostración de integridad y coherencia desafiar la zafiedad de un ministro con un reconocimiento tan claro e inequívoco, y manda un mensaje de afecto y esperanza a tantos y tantos policías y guardias civiles que cada día se juegan la vida para mantener el orden, la paz y la convivencia. Mientras el Gobierno insiste en la purga y aislamiento profesional de los íntegros, la CEP los protege y los reconoce.

'La CEP es realmente un sindicato independiente basado en la defensa jurídica pura que se ha distanciado del ruido mediático para centrarse en lo que ellos mismos llaman  «sindicalismo de resultados»'

Muchas veces vemos a los policías como seres fuertes e inaccesibles, que tienen un poder de control sobre nuestras vidas. Es lógico que transmitan esta sensación, porque ellos son la autoridad y tienen la legitimidad en el uso de la fuerza.

Pero a la vez, y como todos, son personas con sus necesidades y sus angustias, y particularmente ellos -sobre todo los guardias civiles y los policías nacionales- cuentan con muchos menos recursos de los que requieren para el correcto ejercicio de su misión. Muchas veces les faltan chalecos de seguridad, instalaciones decentes para su descanso cuando tienen que hacer guardia, materiales fundamentales para organizar sus operativos y ya no digamos una retribución que esté a la altura, ni que sea remotamente, del peligro que asumen en el ejercicio de su labor. Todo se les racanea a nuestros policías, y hasta a los perros de nuestros policías, imprescindibles en la lucha antidroga y blanqueo de capitales y luego tienen unos habitáculos que se parecen mucho más a una jaula que al espacio de tranquilidad y mínimo confort que necesitan unos
animales de los que tanto dependemos y los que tanto exigimos. Esto es importante saberlo. Es importante saber que detrás de la fortaleza que aparentan los agentes de policía, con sus uniformes y su prestancia, hay una precariedad que tienen que superar cada día porque el Estado no destina suficiente dinero ni para los equipamientos ni para la tecnología; ni mucho menos para la seguridad de las personas que están al cargo de protegernos contra el mal, que por desgracia existe, y también contra los accidentes y las fatalidades. La policía vista por dentro, los policías vistos desde su humanidad y sus dependencias, y el sufrimiento de sus familias, son personas vulnerables, abandonadas a su suerte, a su sentido del honor y a su fuerza de voluntad. Tal vez porque en una época de tantos derechos y de tan poco sentido del deber cuesta mucho entender que la primera condición de la libertad es el orden y el cumplimiento de la Ley, hay poca consideración social, poca preocupación por nuestros policías.

Que la CEP sea un sindicato independiente y centrado en la defensa real de los policías, es de vital importancia porque muchas veces son el único apoyo con el que pueden contar estas personas tan fundamentales para el correcto funcionamiento de nuestra democracia y que tan poco
reconocimiento obtienen de los ciudadanos y del Gobierno.

En tiempos tan inciertos sería dramático que nuestros policías cayeran en el desánimo, en las bajas por cualquier tontería, como se permiten hacer tantos y tantos que luego dan lecciones de todo, y en general, en la sensación de que hay que reducir la jornada laboral o que el trabajo no lo es todo en la vida. No tenemos una relación sólida, adulta, con nuestros policías, y muchas veces los vemos como enemigos, y son nuestros principales, silenciosos aliados para que nosotros y nuestras familias podamos llegar vivos y tranquilos al final del día.

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