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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 5 de julio de 2016

JULIO PEREZ "VITO", EL ARTE SIN CAPOTE NI MULETA / por EL HOMBRE TRANQUILO

Julio Pérez "Vito"

Para Jaime Ostos, en el dolor de la pérdida de su amigo "Vito", con un fuerte abrazo desde Córdoba. .


JULIO PEREZ "VITO", EL ARTE SIN CAPOTE NI MULETA

EL HOMBRE TRANQUILO
Córdoba, 05/07/2016.-
La mejor definición de "El Vito" es decir que era un espectáculo aparte dentro del espectáculo general de la corrida de toros. Cuando cogía las banderillas parecía como si se parara el desarrollo del festejo para ver otro espectáculo: su tercio de banderillas.

Para desarrollar todo su potencial como torero, "El Vito" contó con dos matadores hechos de casta torera y humana, pues sabían que con él y Luis González llevaban en la cuadrilla un peligro añadido al de la competencia de los otros dos espadas. "Litri" y, sobre todo, Jaime Ostos fueron los dos matadores que ayudaron a forjar la leyenda de "El Vito".

Sus hechuras perfectas de banderillero, su manera de andar que concitaba el silencio, una forma de citar que producía expectación, y después, iniciada la galopada del toro entre la emoción del público, ver a "El Vito" cuartear templando la arrancada con el cuerpo, avanzando con pasos cortos para acoplar las trayectorias de toro y torero, y en el embroque, detenerse en la cara, juntar los pies, alzarse de puntillas sin perder el contacto con la arena, elevar los codos tan sólo hasta la altura de la montera, unir los palos arriba y, finalmente, antes del estallido del olé, clavar en los medios, donde quedaba el toro fijo, con las banderillas enhiestas formando una "uve" - "como pidiendo palmas", decía el mismo "Vito" -, viendo asombrado cómo el banderillero se iba hacia tablas, ya con una carrerita torerísima, similar a la del cuarteo, ya con pasos asentados, braceando "como subiendo por una escalera", según explicaba el propio "Vito". Los tendidos se caían de la ovación, pero en seguida se oía decir: "A callar, que viene Luis González".

¿Qué porqué recuerdo con tanto detalle el banderillear de "El Vito"? Pues porque, aparte de su fortísima personalidad y de que yendo con el maestro Jaime Ostos le vi actuar muchas veces, cuando yo tenia una edad muy juvenil, ésa en la que se quedan los recuerdos, en una ocasión le vi colocar en una misma tarde nueve pares de banderillas y en otra, otros cinco. 

La primera tarde tuvo lugar en Córdoba, en el 59, en lo que se anunció como "festival pro afición", actuando en él - vaya tres nombres de torero - Jaime Solera, Enrique Vega y Rafael de Paula. ¿Qué cómo fue que "El Vito" y Luis González se anunciaron para banderillear los seis novillos en un festejo de los que se llamaban "económicos"? Pues vaya usted a saber, pero el caso es que fue así. El toreo en aquella época no sólo era un arte, sino un arte bohemio, que es una categoría superior. 

Además del espectáculo de los tercios de banderillas, hubo otro espectáculo de ese día: el toreo de un jovencísimo Rafael de Paula, que conquistó las dos orejas de un novillo brindado a doña Soledad, su maestra de los tiempos en que el jerezano vivió en la cordobesa finca de Moratalla, sede de la Yeguada Militar para la que trabajaba su padre como domador de enganches. Y ya en el sexto intervino el tercer banderillero de la cuadrilla de Jaime Ostos, "Blanquito", quien partió los rehiletes contra la barrera, se protegió las manos con pañuelos y colocó un par de cortas al quiebro. Una tarde inolvidable en un festival sin picadores.

La segunda tarde, esa en la que "El Vito" puso cinco pares de banderillas, la vio toda España. Fue a principios de los 60, en un festival televisado desde Las Ventas, en el que actuaron mano a mano con novillos de Osborne Julio Aparicio y "Litri", que obtuvieron una y dos orejas. Pero lo mejor llegó en el tercio de banderillas del sexto novillo. "Vito" y Luis González, ante la sorpresa general, se dirigieron sonrientes al palco presidencial: iban a brindar a doña Carmen Polo de Franco, que asistía al festejo. Dejaron sus gorras camperas colocadas en los pilares del burladero situado debajo del palco y se fueron al toro entre la mayor expectación. Ya he dicho que aquellos banderilleros eran un espectáculo dentro del espectáculo. Los cuatro pares fueron sensacionales, pero "El Vito"... 

"El Vito" se adelantó cincuenta años a las actuales fantasías banderilleras. Arrancó a parear por un lado, se detuvo en mitad del cuarteo con el novillo ya a los alcances, se cambió de pitón variando la trayectoria del astado, realizó el otro medio cuarteo por ése nuevo pitón, reunió y clavó un par apretadísimo, del que se estuvo hablando temporadas. La destinataria del brindis no paraba de aplaudir. 

Aún tengo otro recuerdo especial de Julio Pérez "Vito": le vi torear como matador en La Maestranza a mediados de los 60. Fue en otro festival (la imagen de "El Vito" que mejor conservo es con traje corto), llamado "el de los banderilleros", compuesto por seis rehileteros sevillanos que, junto con la labor del periodista Juan Palma, pusieron la plaza hasta la bandera. "El Vito" cortó una oreja al primero, cárdeno y nada menos que de Concha y Sierra, aunque sólo se lució en banderillas. Y es que la tarde fue de Luis González, quien desde la larga cambiada y las verónicas seguidas de rogerinas (que acababa de estrenar Victoriano Valencia), hasta la estocada final, formó tal lío que le concedieron las dos orejas y el rabo de un novillo de Diego Puerta al que se dio la vuelta al ruedo, el primero que estoqueaba, ya que Luis no había sido novillero, sino sólo banderillero. Los otros espadas - todos sensacionales con capote y banderillas - fueron Manuel Carmona - dos orejas a un bravísimo Guardiola -, "Almensilla", Galisteo y "Tito de San Bernardo", una oreja cada uno. Entonces la fiesta de los toros no te dejaba respirar. 

Pero quien quiera conocer a "El Vito", que lea "Las orejas y el rabo", el extraordinario libro de Jean Cau (ex secretario de Sartre, premio Goncourt y, para mí, mucho mejor escritor y hasta más rojo que Hemingway, aunque ahora se le niegue), relato de un verano viajando en el coche de cuadrillas de Jaime Ostos, dentro del cual la asignatura de filosofía y letras la impartía Julio Pérez "Vito".


Camero, sevillano y torero, "El Vito" dirá alegremente de mí mientras lee esto que escribo: "Ojú, mi alma, me cao en la má, a éste lo teníamos que haber llevao en la cuadrilla pa que siguiera contando cosas..."

Y yo hubiera ido encantado con ustedes, maestro.