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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 8 de julio de 2016

No sean ustedes tan maravillosos / Por Paco Mora



"...Hay que ver cómo ha cambiado esto del toreo. Cuando yo era un joven aficionado, los toreros marcaban distancias entre ellos y el público porque el suyo era un mundo distinto. Eran hombres recios, reflexivos y modestos y ahora no se besan porque no se alcanzan. Les ponen un micrófono delante y se echan a sí mismos más flores que la Belén Esteban..."

No sean ustedes tan maravillosos

Aprovechen la ocasión y comiencen a cambiar de léxico en estos “sanfermines” que ahora se inician. Seguro que ganarán en respeto y seriedad. Que no son cupleteras, sino hombres hechos y derechos que se juegan la vida ¡coño!

Hay que ver cómo ha cambiado esto del toreo. Cuando yo era un joven aficionado, los toreros marcaban distancias entre ellos y el público porque el suyo era un mundo distinto. Eran hombres recios, reflexivos y modestos y ahora no se besan porque no se alcanzan. Les ponen un micrófono delante y se echan a sí mismos más flores que la Belén Esteban, sin darse cuenta de que esa manera de hablar les distancia cada vez más de la consideración de héroes populares de que gozaban todavía hace cuarenta o cincuenta años.

No escribo esto con ánimo de criticar por el gusto de hacerlo sino para intentar que cuando comienza la feria de San Fermín de Pamplona, una de las más serias e importantes del ciclo veraniego, se percaten de esos excesos y se midan un poco en su exultante autoenamoramiento, cuando los entrevistan en el callejón al final de sus actuaciones. Ya comprendo que son momentos en los que todavía están bajo los efectos de la gran carga de adrenalina que lleva consigo la lucha con un toro bueno, malo o regular, que en cualquier caso puede darles un serio disgusto. Pero... no deben perder de vista que en la seriedad con que afrontan su compromiso radica la admiración que los espectadores sienten hacia ellos.

Es bueno que el matador explique los porqués de su actuación, pero siempre bajo el punto de vista del análisis serio y profesional de las condiciones del toro. Dejen de quejarse de si en vez de una oreja su faena merecía dos, o de que el público no los ha comprendido, porque ellos han estado muy bien y han sentido “sensaciones” maravillosas a lo largo de la tarde. Todo eso son zarandajas que le quitan valor a la reciedumbre con que un torero se debe producir cuando está vestido de luces en una plaza de toros. Aprovechen la ocasión y comiencen a cambiar de léxico en estos “sanfermines” que ahora se inician. Seguro que ganarán en respeto y seriedad. Que no son cupleteras, sino hombres hechos y derechos que se juegan la vida ¡coño!

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