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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 11 de julio de 2016

Víctor Barrio o la inmortalidad con tv. en directo / por Ricardo Díaz-Manresa



"...En la muerte en directo de Víctor Barrio resurgen las dos Españas, siempre enfrentadas. Las del odio de los políticos que siempre sufrimos, a diario sí, y el enfrentamientos de los españoles..."

Víctor Barrio o la inmortalidad con tv. en directo

En una tarde de verano, de calor intenso, de emoción, de sanfermines, de feria del Ángel, de vida y de amor muere un torero en Teruel, en su ruedo, sin dar tiempo a nada más que a llorarle.

De amor sí. Una vida entregada por amor, la de Víctor Barrio, a su profesión, a su afán de superación, a querer llegar al pódium de los elegidos, a sacrificarse para ello cada mañana en los entrenamientos, cada tarde de toreo, cada día, cada semana, cada año y, sin desánimo, esperar que llegara su sueño.

Y sabiendo además, él y todos, todos los que se visten y salen al ruedo, que esto podía pasar. Que puede pasar y ha pasado. Y él ha sido la víctima inmolada.

La primera del siglo XXI, que le lleva a la inmortalidad como un número uno, lo que no consiguió en vida. Un héroe de esta época que pasa a la página de los eternos. Repetí otra vez en la presentación en Madrid de la feria de Bilbao, en la sede de la Fundación Diario Madrid, que tanto se ocupa en estos tiempos de defender y difundir los toros siendo una entidad privada, que los toreros son los grandes héroes de nuestro tiempo. Sin discusión. Y alguno me apuntó después que incluyera a corredores de Fórmula Uno y Ciclistas.

Pues los toreros, siempre por delante. Como dije en ese acto a los presentes Roca Rey, Paco Ureña, Urdiales, José Garrido, Alejandro Marcos y Victorino Martín García.

Y por ser héroe y sin suerte que le acompañara se ha ido Víctor Barrio ante uno de Los Maños. Todo aragonés : público, plaza, feria y toro.
Sin suerte porque todas estas cornada mortales son la suma de la mala suerte.

Y cumpliéndose además todo lo escrito para estas tragedias: nunca plaza de primera ni de relumbrón, como Paquirri, Yiyo, Pana…salvo la de los dos subalternos en Sevilla, Montolíu, Soto Vargas, y otro en Valencia, Curro Valencia.
Pero esta vez con una nota especial que la hace tan diferente : muerte en directo, con dos televisiones -Castilla La Mancha y Telemadrid- en directo en ese ruedo. Muerte disparada al mundo desde el flamante y modesto coso de Teruel en una plaza apenas mediada de público. El triunfo de la información que nunca, nunca, nunca podíamos desear.

Y torero sin suerte, pero que –tan joven- todavía estaba en trance de subirse al carro. Con 29 años tenía la vida por delante para el triunfo. Lo tocó muy de cerca con una brillantísima carrera de novillero. Parecía lanzado y Madrid le dijo que sí, pero después, con la alternativa, vino el parón y el no y comenzó la lucha de verdad. Hace dos años, en Valdemorillo, pareció resurgir porque era un torero elegante que realzaba su buena estatura y su figura, toreaba erguido y lo hacía bien. Lo de Valdemorillo no se consolidó ni en su repetición en la feria siguiente y la última vez, en San Isidro, este año, el 29 de mayo, con Iván Vicente y Alberto Aguilar, y los de Baltasar Ibán…no pasó nada. Por no tocarle, ni los toros buenos ibanes, que los hubo y alguno buenísimo como Camarín. El destino le dijo que tenía que seguir luchando.

Siempre me pregunté por qué no toreaba más y, por ejemplo, ya mediada la temporada, esta era su tercera tarde en tiempos en que los contratos están tan difíciles.

En la muerte en directo de Víctor Barrio resurgen las dos Españas, siempre enfrentadas. Las del odio de los políticos que siempre sufrimos, a diario sí, y el enfrentamientos de los españoles.

Con Víctor Barrio será así entre los hombres de mala voluntad y los de buena. Los unos empezarán a lanzar espumarajos por boca llena de bilis y babas y los hombres de buena voluntad, reconocidos por los ángeles de la Nochebuena, pondrán a Víctor Barrio como un joven que lleno de sacrificio y de superación –dos formas de vivir tan poco habituales ya en esta sociedad- quería alcanzar la gloria.

Y alcanzó entrar en la historia entre los inmortales a los que recordaremos siempre, ahora llenos de lágrimas y siempre plenos de orgullo de ver a jóvenes jugarse la vida por alcanzar un ideal y llenar una afición que los atrapa desde siempre. Y se les ve convencidos, contentos, satisfechos.
Hasta Castella, que tiene una enorme facilidad para escribir como vimos el pasado año en su carta modélica defendiendo el espectáculo frente a la pasividad de los taurinos de España, ha dejado su pésame con un emocionantísimo y brillante “Un torero para el cielo”.
Un cielo guardado para los que se ponen y defienden el traje de luces.
Como Víctor Barrio.

Todas nuestras oraciones para él, su familia y para todos los que lo han sentido en el alma.