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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 6 de enero de 2017

Los Reyes Magos sí existieron, Papá Noel no.



  • Y éste es el problema de la modernidad.
  • Melchor, Gaspar y Baltasar son reales. La modernidad y el progresismo, son puras entelequias.
  • Dios no tiene prisa y su justicia nunca es venganza sino el producto lógico de la libertad humana.
  • Otro mensaje de los Reyes Magos: Dios no ha creado una moralidad, ha creado al hombre… y libre.
  • La moral no es más que el libro de instrucciones de la naturaleza humana.
  • Jesucristo no es una idea, es un ser. Igualito que los señores Melchor, Gaspar y Baltasar.
Los Reyes Magos sí existieron, Papá Noel no.

Los Reyes Magos llegaron a Jerusalén preguntando por el niño que les anunciaba su ciencia          supersticiosa (se supone que eran astrólogos), es decir falsa, pero, a la vez, producto de una revelación divina, es decir, verdadera.

Les recibió Herodes el Grande, el primero de los cuatro Herodes que aparecen en el Evangelio. Se trataba de un Rey semidependiente de Roma, que gobernaba -más bien cobraba impuestos- en buena parte de Israel, sin ser judío. Un usurpador, algo así como el Rey Felipe VI en Cataluña, según la versión de Artur Mas.

La historia de Herodes el Grande (no confundir con su hijo, Herodes Antipas, el de la Pasión, ni con su nieto, Herodes Agripa II, el que mató a Santiago el Mayor, ni con su bisnieto, Herodes Agripa II, ante el que se defendió San Pablo en Cesarea) viene marcada por su vida matrimonial. Tuvo diez esposas y mostró con todas ellas una pasión de tales proporciones que a casi todas las asesinó. Probablemente, no querían comer setas. El pobre diablo hizo tantas canalladas que acabó paranoico, angustiado por la idea de que a cualquier damnificado -o damnificada- se le ocurriera vengarse. Al final, acabó destrozado por sus propios vicios y de la forma más vulgar, como un animal que se arrastra. Y es que Dios no tiene prisa y su justicia nunca es venganza, sino el producto lógico de la libertad humana.

Lo que no entiende la modernidad es que Dios no condena: es el hombre el que se condena a sí mismo. Los vicios de Herodes pergeñaron el final de Herodes, no el castigo de Dios, que jamás castiga: sólo aplica el resultado de la libérrima voluntad del hombre.

Porque este es otro mensaje de los Reyes Magos de Oriente. Dios ni tan siquiera ha creado un conjunto de normas morales. Ha creado al hombre, ha creado la naturaleza humana, racional y libre. Si el hombre elige lo depravado acabará consumido. Si el hombre elige seguir las leyes de su naturaleza creada, si elige el bien, logrará su plenitud.

Los mandamientos no son sino el libro de instrucciones de uso de esa naturaleza humana. El bien, no es otra cosa que la aplicación de la verdad.

Viene todo esto a cuento de lo más relevante en esta fiesta de la Epifanía: los Reyes Magos sí que existieron. A lo mejor no eran reyes, a lo mejor no eran magos, a lo mejor no eran tres, a lo mejor no se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar pero su existencia está recogida en el libro más documentado de toda la historia: los evangelios.

Papa Noel es un invento, con fines comerciales, del hombre. Por el contrario, Melchor, Gaspar y Baltasar sí existieron. Y así entramos directamente en el modernismo, la ideología enfermiza de nuestro tiempo, cuando todo lo que era sólido se volvió viscoso.

La fe cristiana no está montada en el aire, como piensan tantas personas buenas. Y tampoco es una metáfora ni una alegoría. No es un conjunto de principios morales para que la sociedad no se paralice. Puede ser todo eso a título de consecuencias afortunadamente inevitables de la fe.

No, la fe cristiana no es más que la realidad, la verdad, una creación que, como toda creación, adopta las normas que impone su propia naturaleza. El problema es que los personajes de una novela no se rebelan contra su autor. El hombre sí puede hacerlo porque su Autor le creó libre.

Y sí: la mentalidad moderna está construida sobre el mito modernista, la herejía de todas las herejías: considerar que los evangelios son una metáfora, una bellísima alegoría literaria, escrita en el aire para conseguir una especie de estabilidad social y política, cuando no una vida vegetativa.

Pero la Biblia no es una metáfora sino una pedestre realidad, empeñada en demostrarnos que Jesucristo no es una idea, es un ser, sólo que increado, el ser que tiene en sí mismo la existencia.

Resumiendo: los Reyes Magos son verdad, existieron hace veinte siglos. Probablemente, procedían de Persia (por sus creencias) y fueron a adorar a un niño nacido en la pequeña población de Belén, cercana a Jerusalén.

Y ese Niño era Dios.

Dicho esto, ¿qué hacemos los cristianos del siglo XXI a la defensiva, en un continuo intento por demostrar ante un mundo moderno es decir, gelatinoso, el mundo de Papa Noel, que no estamos locos y que, después de todo, nuestras convicciones están conectadas con la realidad aunque sea de forma remota?

Pero chico, si esas creencias son la realidad. Con los Magos de Oriente, el Cristianismo camina desde la realidad a la cumbre de la ética, del bien y del mal. El modernismo hace justo al revés: crea una ética en el aire y luego intenta que la realidad se acomode a ella.