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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 2 de mayo de 2017

7ª de feria en Sevilla. Tarde feliz de los hermanos Rivera Ordóñez en la despedida de Francisco / por J.A. del Moral.



Ambos cortaron una oreja de sus dos segundos toros. Los mejores de una floja corrida de Daniel Ruiz. La que cortó Francisco del cuarto fue, digamos, “cariñosa”. La conseguida por Cayetano del sexto supo a poco porque la presidencia se negó a darle otra pese a pedirla el público mayoritariamente. El Juli medió la tarde con mala suerte aunque le faltó poco para que cortara la oreja del huidizo segundo. La plaza se llenó al completo.



Tarde feliz de los hermanos Rivera Ordóñez
 en la despedida de Francisco

J.A. del Moral · 02/05/2017
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. Lunes 1 de mayo de 2017. Tarde de radiante primavera con lleno.

Seis toros de Daniel Ruiz Yagüe, discretamente presentados con desigual cornamenta. En general débiles aunque nobles en distintos grados. Tardón y sin gas el que abrió plaza. Muy huidizo el segundo. Cuasi inválido el tercero que debió ser devuelto. Más fuerte que los anteriores y muy noble el cuarto. Muy flojo y con medios viajes el quinto. Y excelente para la muleta el sexto.

Francisco Rivera Ordóñez (añil y oro): Buena estocada, silencio. Buena estocada, oreja.
El Juli (corinto y oro): Estocada corta y descabello, gran ovación. Pinchazo y estocada, silencio.
Cayetano (nazareno y oro): Sartenazo, silencio. Buena estocada, oreja y fuerte petición de otra.

El picador Luciano Briceño fue ovacionado tras picar al sexto toro. En banderillas destacaron Iván García y Alberto Zayas que fueron ovacionados tras parear al sexto toro.

Finalizado el paseíllo y sin deshacerse el desfile de cuadrillas, se guardó un minuto de silencio en memoria de Manuel Montoliú, muerto al poner un par de banderillas en esta plaza hace 25 años.


El tiempo pasa para todos a velocidad de vértigo. Y más para cuantos nos dedicamos de una manera u otra a esta Fiesta que llena nuestras vidas con tantos recuerdos acumulados que nos da la impresión de haber vivido muchos más años de los muchísimos que tenemos. Un milagro: muy larga y muy corta vida al mismo tiempo…

Ayer se despidió de la plaza de Sevilla Francisco Rivera Ordóñez a quien conozco desde que nació, nieto e hijo de dos grandes toreros con los que tuve una gran amistad, Antonio Ordóñez y Paquirri. Francisco tuvo un éxito desbordante en los primeros años como matador de toros. En las dos corridas que toreó en la feria de Sevilla el año de su alternativa se destapó con un valor fuera de lo común. Tanto valor, tapó sus carencias artísticas al punto de lograr auparse en la primera fila del toreo junto a los más grandes. Tras su triunfal confirmación de alternativa en Madrid formando cartel con Joselito y Enrique Ponce, los tres pasearon España con tanto éxito que a alguien se le ocurrió llamarlos los “Tres Tenores”, remedando los conciertos que, a su vez, protagonizaron Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Cartel estrella del bel canto y cartel supremo en lo taurino que mantuvo su fuerza hasta que dos de los “cantantes” fueron perdiendo la voz y Ponce se quedó solo con la copla a la espera de los muchos competidores que le fueron saliendo al paso. Todavía sigue “cantando” el valenciano…

Francisco también se mantuvo en el candelero más por su fama mediática que por lo que fue logrando en los ruedos. En su larga carrera ya hubo un primer adiós y una reaparición en la que por poco pierde la vida al padecer una terrible cornada en Huesca que recordó la mortal del su padre. Mucho ha abusado Francisco de la suerte y ya era hora de que decidiera irse definitivamente. Ayer cumplió en Sevilla su primer adiós hasta que llegue el definitivo en la Goyesca de Ronda.

En esta despedida sevillana, le amparó el mucho cariño que Francisco goza de los sevillanos porque le tienen como propio aunque nació en Madrid. Y tuvo suerte de encontrarse con uno de los dos mejores toros de la corrida de Daniel Ruíz. Fue el cuarto. Antes, con el primero, se salvó por su largo oficio tras homenajear a su padre, recibiendo a porta gayola al toro que abrió plaza que también le dio lugar a que banderilleara en solitario con facilidad. Luego, en la muleta, este toro apenas valió para dejarse matar, muy bien por cierto. Llegado a sus manos el buen cuarto, Francisco pudo y supo sacarle partido con la muleta en una faena enteriza y limpia que compensó el fiasco anterior hasta matar de otra buena estocada. Le fue concedida una oreja por ser vos quien sois, dada la especial situación que disfrutó. Se le vio emocionado en la vuelta al ruedo y no fue para menos.


Pero le esperaba vivir una emoción más grande cuando su hermano Cayetano le brindó la muerte del sexto toro de la tarde. Cayetano había recibido al tercer toro con otra larga cambiada a porta gayola. Pero este toro no le dio para más por su extrema debilidad y tuvo que esperar al postrero que fue, por cierto, el mejor con mucho del envío. Su quite por largas ordoñistas y gaoneras anunció lo que vendría después. La faena de Cayetano fue la mejor que le hemos visto en Sevilla. La empezó de rodillas con mucho valor y la redondeó en pie fiel al estilo rondeño que ha heredado de su abuelo. Empaque, elegancia, enjundia, temple y una estocada hasta las cintas de la que el toro rodó sin puntilla. La presidencia, no sé por qué, se emperró en no darle la segunda oreja. La había merecido Cayetano tras diferenciarse con creces de la faena ya premiada de su hermano.


El Juli les hizo el favor a los dos hermanos de compartir el cartel con ambos. Y mira por donde, tuvo que irse de vacío. En las apuestas por los resultados del festejo, hubiéramos perdido muchos. ¿Quién iba a pensar que el todopoderoso Juli no lograría triunfar en esta corrida? La imprevisibilidad del toreo jugó en la partida. El Juli estuvo muy por encima de su primer toro que no cesó de querer irse desde que salió hasta que murió. La muleta imán de Julián lo sujetó a su mando una y otra vez de manera que pudo redondear una labor realmente meritoria. Una faena de maestro consumado. Lastimosamente, perdió una oreja bien ganada tras matar de una estocada corta que necesitó del descabello. Luego, con el blandísimo quinto, no hubo lugar a casi nada.